Yzoula & Louis Fontaine / Des Animaux Pires Que Moi (Broc Recordz, 2025)

La alianza entre Yzoula y Louis Fontaine no es fruto del algoritmo ni de la moda retro de TikTok. Es un proyecto que bien podría haberse descubierto por azar, entre cajas polvorientas en el Marché aux Puces de Saint-Ouen, sin código de barras ni streaming posible, con una pegatina que dijera “banda sonora de película nunca estrenada”. Pero no: Des Animaux Pires Que Moi acaba de salir y, con cierta justicia poética, parece que siempre estuvo ahí.

Yzoula, conocida por haber aportado voz y estilo a La Femme, se aleja ahora de aquel torbellino psicodélico para explorar una dimensión más contenida pero igual de hipnótica. El álbum supone su debut en solitario, aunque sería injusto no subrayar el peso creativo de Louis Fontaine, multiinstrumentista italiano radicado en París y autor de discos tan exquisitos como Antipasto o L’Obsession. Aquí, Fontaine se encarga de todo lo que no se canta: arreglos, atmósferas, silencios con textura. La suya es una producción que no rellena huecos, sino que los insinúa.

El título Des Animaux Pires Que Moi parece una amenaza envuelta en terciopelo. Como si Jean Rollin hubiera titulado un disco de France Gall. Y no es descabellado el símil cinematográfico: el álbum toma como materia prima la alquimia, la magia negra, el ocultismo y las novelas pulp de los setenta, cortesía de la evocadora lírica en escala de grises de la artista y compositora Margo Fortuny (autora del grueso de las letras del LP y la portada del disco). Mujeres con sombreros puntiagudos, hombres con gabardina, rituales de medianoche. Todo con un pie en lo esotérico y otro en la chanson.

La voz de Yzoula no interpreta, enuncia. Lejos del dramatismo impostado o la fragilidad decorativa, se instala en un registro elegante, entre el spoken word narcótico y el susurro con formación lírica. En Les Mots Magiques, por ejemplo, sus frases se desplazan como hologramas sobre una base que recuerda a Broadcast, pero con el aura de Zouzou en alguna película de Godard que no sabemos si existe. La versión instrumental, que cierra el disco, actúa como epílogo fantasmagórico: el mismo hechizo, sin la bruja.

Sortilège avanza con ese trote tan propio del cine europeo de los sesenta: órgano de salón abandonado, percusiones de linóleo, coros femeninos con eco de convento de ficción. Podría haberla compuesto François de Roubaix para un thriller costero. En Paris Spirite, las campanas actúan como intro ceremonial, anunciando un tema que parece invocar a Francis Lai, pero en vez de la voz llega el vacío. Es un tema sin canto, y quizá por eso, uno de los más narrativos.

Hay juegos internos también: Baisers Dans Le Noir traza la misma melodía que Paris Spirite, como si fueran dos lados de un mismo espejo. Aquí los violines asumen el protagonismo y elevan la pieza a una tristeza elegante, sin autocompasión. Otro momento destacado es La Promenade De La Jeune Sorcière, pieza instrumental en la que la voz de Yzoula se convierte en neblina melódica. Es también el negativo perfecto de Da Daa Da Dam, el segundo corte: misma energía, otro plano astral.

Y es que todo en este disco respira un orden oculto. Las referencias son claras –Gainsbourg, Morricone, De Roubaix, incluso un poco de Jean-Claude Vannier– pero no se citan para decorar. Están ahí porque deben estar, como ingredientes en una receta alquímica. Y como toda buena pócima, su eficacia depende del equilibrio. En eso, Fontaine es maestro: ni una nota más, ni un loop menos. Todo está al dente.

Des Animaux Pires Que Moi no es un pastiche ni un homenaje. Es un álbum que reconoce sus fuentes pero no se detiene en el guiño. Las trasciende. Por eso no parece una copia en sepia sino un objeto real, publicado en 2025 pero con el aura de haber sobrevivido a varias vidas anteriores. Quienes gusten del cine rodado en 16 mm, de los sintetizadores con polvo y de las voces que rondan lo esotérico se lo pondrán en bucle. Y con razón. Porque hay animales peores que tú. Y probablemente, peores que este disco, no muchos.