Wu-Lu & POiSON ANNA / Bakerz Dozen (Warp Records, 2026)

Ser un flâneur por el centro de Valencia se está convirtiendo poco a poco en una actividad death metal. Uno sale a caminar con la ingenua intención de atravesar unas cuantas calles y termina sorteando grupos de turistas que avanzan en bloque, camareros que intentan sentarte en terrazas donde jamás pensabas entrar y franquicias idénticas a las de cualquier otra ciudad europea. Los edificios siguen en su sitio. También los nombres de las calles. Sin embargo, algo esencial parece haberse desplazado unos metros fuera de cuadro. La ciudad continúa siendo reconocible, pero cada vez cuesta más reconocerla.

Esa sensación de extrañamiento constituye desde hace años el combustible creativo de Miles Romans-Hopcraft, más conocido como Wu-Lu. Buena parte de su obra gira alrededor de una pregunta sencilla y desasosegante: ¿qué ocurre cuando el lugar donde creciste empieza a dejar de pertenecerte?

En Brixton, el barrio del sur de Londres donde nació y se formó, la respuesta lleva tiempo escribiéndose sola. Los alquileres se disparan, los vecinos desaparecen, los comercios históricos bajan la persiana y la personalidad del barrio va siendo sustituida por una versión más rentable de sí misma. Wu-Lu ha explicado en varias ocasiones que la gentrificación actúa como un proceso de refinado perverso, algo parecido a convertir la caña de azúcar en azúcar blanca eliminando por el camino todos los nutrientes. Una imagen sencilla y demoledora que ayuda a entender buena parte de su música.

Aquella rabia recorría de forma explícita Loggerhead, un debut extraordinario que convertía la frustración social en una mezcla abrasiva de hip hop, punk, noise y soul mutante. En Bakerz Dozen la denuncia ya no aparece escrita en letras mayúsculas sobre una pared. Circula por debajo de la superficie. Está en la atmósfera, en la tensión permanente que atraviesa estas nueve canciones y en la sensación de inestabilidad que las acompaña de principio a fin.

Publicado por Warp Records junto a POiSON ANNA, este EP posee la extraña virtud de parecer más grande de lo que indican sus veintitantos minutos de duración. Hay discos dobles con menos contenido emocional y menos ideas musicales que las que ambos artistas concentran aquí. Lo que podría haber sido una colaboración ocasional termina convirtiéndose en un pequeño universo con reglas propias.

La clave está en la química. No hablamos de dos artistas intercambiando archivos por correo electrónico ni de una colaboración ensamblada a distancia. Lo que aparece en Bakerz Dozenes un lenguaje compartido. Una forma común de entender la música como un territorio donde el hip hop alternativo, el trip hop, el dub, el jazz, el R&B y el post-punk pueden convivir sin necesidad de justificar su presencia.

El resultado recuerda por momentos a esas madrugadas en las que una ciudad parece mostrar una personalidad distinta a la que exhibe durante el día. Sirenas lejanas, pasos que resuenan en calles semivacías, luces de neón reflejadas sobre el asfalto mojado y conversaciones que llegan fragmentadas desde alguna esquina. Todo el EP transmite esa cualidad espectral, como si estuviera observando Londres desde el interior de un autobús nocturno.

La producción resulta especialmente brillante en ese aspecto. Los ritmos avanzan pesados, densos, cargados de tensión acumulada. Las frecuencias graves parecen empujar las canciones desde abajo mientras guitarras erosionadas, ecos digitales y pequeñas interferencias construyen un paisaje sonoro tan detallado como inquietante. No hay exhibicionismo técnico. Cada elemento cumple una función concreta dentro de una arquitectura cuidadosamente calculada.

POiSON ANNA emerge como una figura particularmente fascinante dentro del conjunto. Su voz aparece y desaparece entre capas de efectos, reverberaciones y tratamientos electrónicos que multiplican su presencia sin volverla completamente tangible. A veces parece una narradora observando los acontecimientos desde cierta distancia. Otras veces se convierte en un personaje más atrapado dentro de ellos. Esa ambigüedad aporta buena parte del magnetismo del disco.

Frente a ella, Wu-Lu continúa demostrando que es uno de los artistas británicos más difíciles de clasificar de su generación. Rapea, canta, recita y deforma las estructuras convencionales con una naturalidad que resulta admirable. Su voz nunca busca el lucimiento. Funciona más bien como una herramienta narrativa, una pieza adicional dentro del mecanismo.

Entre los momentos más memorables aparece King Kong, probablemente la composición más inmediata del repertorio. Arranca con una energía cercana al drum and bass para ir mutando progresivamente hacia terrenos mucho más viscosos y ambiguos. La canción golpea, se retuerce y acaba transformándose en algo distinto de lo que parecía prometer en sus primeros segundos.

También destaca New Park, construida sobre una tensión constante que nunca termina de resolverse por completo. Como ocurre con buena parte del disco, la canción parece desplazarse entre varios estados emocionales simultáneos. Hay inquietud, melancolía, desgaste y una extraña belleza urbana que aparece entre las grietas.

Especialmente interesante resulta la inclusión de dos versiones distintas de Cold Bricks. La idea podría haber quedado reducida a una curiosidad para coleccionistas, pero acaba convirtiéndose en uno de los grandes hallazgos del EP. Escuchar la lectura de Wu-Lu junto a la reinterpretación de POiSON ANNA permite comprobar cómo una misma composición puede adquirir identidades completamente diferentes dependiendo de quién la habite. Es un juego de espejos que funciona a la perfección.

Lo más admirable de Bakerz Dozen es su capacidad para gestionar una enorme cantidad de información sin perder cohesión. Muchos discos contemporáneos acumulan referencias como quien llena una maleta antes de un vuelo de bajo coste. Aquí ocurre justo lo contrario. Las influencias están presentes, pero aparecen integradas dentro de una personalidad muy definida. El oyente puede detectar rastros de trip hop, dub, post-punk o electrónica experimental, aunque al final todo acaba sonando simplemente a Wu-Lu y POiSON ANNA.

Quizá por eso el EP posee una cualidad tan adictiva. Cada escucha revela detalles nuevos: una línea de bajo que había pasado desapercibida, una textura escondida bajo la mezcla o una frase vocal perdida entre capas de ruido. La música nunca termina de agotarse porque siempre parece esconder algo más unos centímetros por detrás de lo evidente.

Convertir la ansiedad urbana contemporánea en música interesante no resulta sencillo. Convertirla además en una obra absorbente, rica en matices y repleta de personalidad está al alcance de muy pocos. Bakerz Dozen lo consigue con una elegancia extraña, casi furtiva. Un pequeño ovni construido a partir de fragmentos de ciudad, ruido, memoria y electricidad que confirma a Wu-Lu como una de las voces más estimulantes surgidas de la música británica reciente y encuentra en POiSON ANNA una compañera de viaje ideal para explorar territorios donde las etiquetas dejan de tener demasiada utilidad.

Wu-Lu & POiSON ANNA / Bakerz Dozen (Warp Records, 2026)
La banda sonora perfecta para una ciudad que ya no termina de reconocerse en el espejo
8.5