Víctor Herrero:"Venero la idea de "matria", por encima de la de patria"

El músico toledano nos habla de las canciones de 'Hermana'

Víctor Herrero. Hermandad y Palabra. Foto: Nicol Vizioli

La sólida formación académica de Víctor Herrero, que compendia estudios de canto gregoriano, música mozárabe, clásica y polifonía, ha ido expandiendo y enriqueciendo su catálogo gracias al tránsito del músico toledano por un camino artístico plagado de recovecos y paisajes diversos. De los inicios adolescentes a lomos del rock psicodélico en la banda Cicely a una trayectoria en solitario que incluye discos instrumentales al piano, y obras como 'Anacoreta' (Bo’Weavil  Recordings,2009), Estampida (Foehn Records, 2013) o el más reciente 'Astrolabio' (Feeding Tube Records, 2017), tríptico de tratados íntimos, experimentales y poéticos con la guitarra y la música popular como ejes. Un viaje salpimentado por una retahíla asombrosa de colaboraciones con músicos y artistas de impronta variada, como la cantautora norteamericana Josephine Foster (con quien compartió vida y escena en discos de canciones propias además de otros en los abordaban repertorios ajenos de la canción popular española), el italiano Vinicio Capossela (con el que giró por medio mundo como músico de su banda presentando canciones como las del disco 'Canzoni della cupa'), Michael Gira o Masters Musicians of Joujouka. Tal y como el propio Víctor nos explica "toda mi trayectoria, mis vivencias, mis colaboraciones, están presentes en mi música, en fondo  y forma, a pesar de que haga uso de mi propio lenguaje", conjunción que confluye en las canciones de su nuevo disco 'Hermana' (El Volcán Música, 2020), un rincón desde donde canta sobre "la hermana que nunca tuvo" y con el que, armado desde la quietud, el uso emocionante del silencio y el diálogo entre la palabra y su inseparable guitarra, consigue, sin duda, parar el tiempo .

Escribe Adrián de Alfonso en el texto de promoción del disco que “puede que nadie espere en 2020 un disco como 'Hermana', pero todos lo necesitamos”.  Por sus circunstancias ¿éste es un año propicio para el arte que reclama serenidad?

Más que artista me considero artesano. Creo que la revolución hoy en día está en la artesanía, que es lo sostenible, y  lo que prevalece.  En ese sentido más que serenidad reclamaría economía.

Preparé una playlist hace algunos años con canciones que me acompañan cuándo viajo para veranear en un pueblo de la sierra andaluza y 'Constantina' (del disco ‘Estampida’ (2013)) es uno de los cortes estrella… ¿Cuánto tiene que ver tu música con el paisaje? 

Pues, en este caso, todo, porque  la canción 'Constantina' nació precisamente en un pueblo de la sierra sevillana que lleva el mismo nombre. Así que has dado en el clavo.

Portada de 'Hermana'

Han pasado ya tres años desde ‘Astrolabio’ (2017) pero tu actividad musical ha sido constante y variada. Supongo que de trabajar con gente tan versátil como Josephine Foster, Vinicio Capossela, Masters Musicians of Joujouka, Michael Gira…hayas obtenido algún tipo de feedback artístico, aunque en tu música en solitario apenas se nota ya que sigue fluyendo por una misma constante. ¿O persisten claves que te emparentan con estos artistas y  que, a simple escucha, ignoramos?

Toda mi trayectoria, mis vivencias, mis colaboraciones, están presentes en mi música, en fondo  y forma, a pesar de que haga uso de mi propio lenguaje. Curiosamente cuanto más he migrado, más se ha arraigado mi sonido.

Me interesa especialmente tu relación con Vinicio Capossela. ¿Cómo surgió?. Suele atinar muy bien con sus colaboradores, como por ejemplo Mirco Mariani, quien está revolucionando géneros populares en Italia con sus Extraliscio. ¿Es esa manera de acercarte a la música popular  la que te interesa? ¿la que traduce códigos clásicos a lo contemporáneo, primando el respeto?

A Vinicio lo conocí en París, gracias a nuestro querido amigo Jacopo Leone, que nos presentó, hace ya seis años. Congeniamos muy bien porque tenemos  un sentido de recreo muy parecido. Es un gusto trabajar con él, muy estimulante. Nos hemos dado ya algunas vueltas por el globo y gracias a él he conocido Italia por la puerta grande, que es una tierra alucinante. Le estoy tan agradecido. Y a Mirco lo adoro igual, es uno de los músicos más cómicos  y con más musicalidad con los que he trabajado. Es más una atracción que un interés, lo que me hace no solo acercarme a la música, sino adentrarme en ella. Lo clásico alguna vez fue contemporáneo, y lo contemporáneo alguna vez será clásico. Decir que la música  es atemporal es darle también en cierta medida temporalidad, pero la música se desvanece en el mismo momento en que suena. La música que me toca es la que dice, al contrario de la que traduce.  Como autor, es el anhelo de lo que está aún por manifestarse lo que me mueve.

Foto: Nicol Vizioli

De todas formas, cuando suenan los acordes de tu guitarra en canciones como ‘Planicie del canto’ o ‘Cucharita’, el tiempo parece detenerse. ¿Crees que tu música demanda la atención plena del oyente o puede funcionar como acompañamiento cuando, por ejemplo, tiendes la ropa al sol en el patio de una casa gaditana o sevillana?

Mi música es  narrativa, pero supongo que puede funcionar también de acompañamiento,  digamos como un cuadro, que está ahí colgado en casa, y al que no siempre prestas toda la atención.  Aunque si  te pones a contemplarlo con cuidado quizás puedas distinguir los colores, los distintos trazos, tonos vivos, y silencio.

Hablando con Ibon Errazkin sobre su disco ‘Foto Aérea’ salió a colación tu figura y el nombre de discos como ‘Estampida’ o ‘Tiempo para la cosecha’ de Viva (proyecto nómada y colectivo liderado formado junto a Ismael Marco de Cuchillo y surgido en 2012). Él comentaba (sobre su propio disco y la música de cariz similar) que “hacer música melódica no va con los tiempos actuales. La música moderna está basada en ritmos y voces” ¿Estás de acuerdo?

A mi parecer la mayor parte de la música que se comercializa hoy en día es por lo general bastante limitada, predecible, redundante, neutra.  A nivel melódico, armónico y rítmico.  Supongo que corresponde a un estilo de vida sin romance y complaciente asfaltado por el monopolio y la gentrificación. Como decía J.R. Jiménez; “¡Menos cultura, y más cultivo!

En cuanto a las palabras que utilizas como título de las canciones o en las letras, persistes en el uso de formas arraigadas que abren la ventana a la evocación de tiempos pasados o lugares por transitar. Aún así te permites ciertas licencias: el uso del término ‘Balasera’, el juego con los acentos…

Si vas a mi pueblo de Torrijos (Toledo),  y te das un paseo por el campo, vas a encontrarte con un montón de abrojos. Esta  palabra, “abrojo”, por ejemplo,  que aparece en 'Planicie de Canto', es una palabra que se usa de manera coloquial, aún hoy en día, al igual que otras muchas palabras que aparecen en mis canciones. Se supone que a un escritor, o a un poeta, no se le cuestiona que no se limite con la lengua en su obra, ¿por qué habría de cuestionárselo a un escritor de canciones?. La letra de 'Añil' juega con el concepto de canto (de cantar), y canto (de piedra), como si el canto (de cantar) también se formase en cierto modo con la compactación de los sedimentos de la historia, de la memoria, de la tierra, …de ahí el guijarro.  La palabra, al igual que el canto, con todas sus licencias  y juego de acentos, es alterable y se erosiona con el tiempo.

La cadencia de la guitarra, tu dicción…Cada canción de ‘Hermana’ remite a músicas populares de arraigo histórico o geográfico muy localizado (apuntes de fado, ecos juglares, folclore andino, destellos andalusíes…) Aún así todo desemboca en unas aguas muy personales. ¿Es el mejor halago que te pueden hacer?

Todos estos géneros musicales de arraigo geográfico que mencionas confluyen en un mismo lugar; la guitarra. Para mí tocar música no consiste en tocar el instrumento, sino en escucharlo, y  escuchar a la guitarra es escuchar su historia.  Se podría decir que las canciones de 'Hermana', al igual que las de 'Estampida', son un homenaje a la guitarra, un diálogo íntimo y personal con y a través del instrumento.

Foto: Nicol Vizioli.

Esta universalidad podría tener relación con el concepto que nutre ‘Hermana’. ¿Querías invocar a una suerte de hermandad (así, en femenino) para  suturar todo lo que carece de armonía en este mundo tan extraño en el que vivimos?

'Hermana' habla de la hermana que nunca tuve, y de cómo he ido encontrando a esa hermana en distintas personas y lugares a lo ancho de mi vida, incluso dentro de mí. Esa hermana que tanto hace falta en el mundo. Venero la idea de matria, por encima de la de patria, sí.

¿Tus grandes referentes son Violeta Parra o Victor Jara?. No sé si lo sabes pero el biógrafo de Violeta Parra también se llama Víctor Herrero

¡Sí, lo sé!, ¡casualidad!, más de una vez me han preguntado que si había escrito yo el libro, ¡figúrate!. Violeta Parra y Víctor Jara  son sin duda dos gigantes de la música universal, pero no son mis únicos  grandes referentes. Hay otros referentes de otros continentes, otras épocas, y otras artes que también me han influenciado mucho. En la música por ejemplo me fascinan  también figuras como Alice Coltrane, Manuelcha Prado, Federico Mompou, Nina Simone, Carlos Paredes, Fairuz, Aleksandr Borodín, Tülay German, Lole Montoya, Carlo Gesualdo, Luzmila CarpioPsarantonisManuel Molina, Phew, Tomás Luis de Victoria, etc…

Entiendo que tu música es una suma de muchos factores: tus vivencias artísticas, tu carácter nómada pero arraigado en el sur, el estudio de la guitarra y su influencia en diferentes latitudes…¿Cuánto queda de aquel Víctor Herrero que recibió estudios de canto gregoriano en la Escolanía de la Abadía benedictina del Valle de los Caídos?

Pues queda todo, porque fueron años decisivos de mi infancia que me marcaron para siempre, de lo que soy y de cómo me relaciono con el mundo. A pesar de la gran carga política, histórica  y religiosa del lugar, les estaré siempre agradecido al padre Laurentino Sáenz de Buruaga y a otros benedictinos que me enseñaron allí el canto, la música, lo sacro, y lo espiritual. Y a mi pobre profesor de guitarra del Conservatorio de El Escorial, que tan solo al segundo año de guitarra me hizo (sin querer) aborrecer la academia de por vida.