Vaudou Game / Fintou

Por más que el afro-funk de Vaudou Game parezca un viaje en el tiempo—directo a los años dorados del soul y el highlife africano—su motor siempre ha sido el movimiento. En lo espiritual, en lo físico y, por supuesto, en lo musical. Con Fintou, su quinto álbum, Peter Solo y su banda empujan aún más las fronteras de su sonido, llevando su inconfundible groove vudú desde las calles de Lomé hasta los circuitos de la cumbia colombiana. Es una evolución natural para un grupo que nunca ha tenido miedo de expandir su espectro, pero que siempre regresa a sus raíces con la misma devoción que al sonido cálido de las cintas analógicas.

Si en Otodi (2018)—del que ya hablamos en estas páginas—Vaudou Game reavivó la vibra del estudio analógico más legendario de Togo, en Fintou refuerza esa conexión con un espíritu más expansivo. El groove sigue siendo su religión, con bajos musculosos, metales afilados y guitarras que caminan entre el funk y el highlife. Entre ritmos sincopados y armonías vudú, emergen ecos de la cumbia, con cadencias hipnóticas que cruzan el Atlántico.

El título del álbum alude al misticismo vudú y a la idea de recompensa: un reconocimiento a la tierra, a la gente, a África. Si la música de Vaudou Game es, en esencia, una ceremonia de trance colectivo, este álbum reafirma que el baile también puede ser una forma de resistencia, un arma política envuelta en capas de groove infeccioso.

El afro-funk de Peter Solo siempre ha sido una combinación de precisión y frenesí, pero en Fintou hay una inclinación hacia lo lúdico. No solo por los giros rítmicos y la elasticidad de sus arreglos, sino por la forma en la que usa la voz como un instrumento más, deslizándose entre coros que resuenan con el sarcasmo de un predicador y el desenfado de un frontman de funk setentero. En “Râler”, la colaboración con la cantante hispano-inglesa Clara Serra López añade una dimensión nueva, con un juego vocal que roza lo teatral sobre una base rítmica imposible de ignorar. Mientras tanto, Nana Benz Du Togo y Lomevio refuerzan ese sentido de comunidad que siempre ha definido la música de Vaudou Game: cada voz es parte de un coro mayor, una llamada y respuesta que trasciende cualquier barrera lingüística.

Desde Apiafo (2014), Peter Solo ha defendido el sonido crudo y directo de los equipos vintage, una estética que en Fintou alcanza su máxima expresión. Grabado una vez más en el estudio OTODI de Lomé, el álbum suena como si hubiera sido rescatado de un archivo perdido de los años 70, pero con una energía que solo pertenece al presente. No hay trucos digitales ni sobreproducción: todo aquí es tacto, fricción y calor.

Mientras muchas bandas se limitan a replicar los patrones rítmicos y la instrumentación de la época, Peter Solo entiende que el funk africano nunca fue solo una cuestión de sonido, sino de intención. Fintou no es una recreación, es una continuación de esa historia. La cumbia y el funk pueden parecer mundos separados, pero en manos de Vaudou Game son ramas de un mismo árbol. Y como toda buena música de trance, este álbum no se queda en la epidermis: te mete el baile hasta los huesos. La única advertencia es que, una vez dentro de su órbita, salir será difícil. Pero, como bien sabe Peter Solo, hay viajes de los que uno no quiere regresar.