Tórtel.

“Lo único que puedo hacer es hacerlo lo mejor que pueda”. Esta sentencia de John Carpenter resulta idónea para definir las señas que viene imprimiendo Jorge Pérez en cada uno de sus discos como Tórtel, siempre buscando hacer participe al oyente de un universo muy propio, hasta diríamos que singular, y que articula desde un lenguaje sonoro cada vez más arriesgado. Una gran prueba constante, que acerca al músico valenciano a los nombres a seguir del pop verdaderamente contemporáneo, a la vez que le sitúa a muchos eones de gran parte de sus coetáneos. Una voz particular que encuentra en las canciones de su último disco, ‘Las tres tormentas’, (Intromúsica, 2018), la forma y el fondo perfectos para que la emoción conecte para siempre con lo nuevo.

Escuchando las canciones de tu último disco te imagino probando sonidos con el método ensayo/error y reclamando la presencia en tu laboratorio musical de colegas como Abel Hernández o Al Pagoda para mostrar hallazgos y descartar hipótesis erróneas. ¿Eres el Ramón y Cajal del nuevo pop?

(ríe) El proceso es bastante parecido a lo que describes, pero más que como Ramón y Cajal me veo como el profesor Bacterio. Si no hubiera sido por Abel Hernández y Al Pagoda todo me hubiera explotado en la cara.

Portada de ‘Las Tres Tormentas’

En la referencia cinematográfica del título (los tres personajes malvados de ‘Golpe en la pequeña china‘) no escondes el trayecto hacia un punto generacional determinado con el que parece que miras a tu propio pasado, a tus referentes culturales primigenios… pero a su vez funciona como elemento críptico, poco informativo pero no exento de gancho. ¿No es así?

Sí, el título está robado del nombre de los malos de esa película, pero realmente no hace referencia a ellos. Hace 14 meses nació mi hijo y como tú sabes, todo cambia. Un ser único que existe como tres personas distintas, pero mola más ‘Las tres tormentas‘ que ‘La Santísima Trinidad’, ¿no? (ríe).

Está claro que tu mayor afán es seguir buscando un sonido singular, algo nuevo y particular que redimensione tu universo y tu forma de expresarlo. Para ello no está de más tomar prestado de otros aventureros: vislumbro apuntes de psicodélicos distópicos como Pram, Broadcast, The Focus Group o de latinidades distorsionadas (sonido andino envuelto en neblina, cumbia rota, amagos robóticos a lo Meridian Brothers), J-pop a ralentí o la sombra alargada del Frank Ocean de ‘Blonde’. ¿Ya no disfrutas del pop o el rock tradicional? ¿Tu oído solo se pone en alerta si existe riesgo?

Sigo escuchando clásicos como Paul Simon, Cat Stevens, Nick Drake o Beatles. Sus canciones son perfectas e incontestables. Imposible cansarse. También me encantan discos de ahora que no han pretendido innovar a nivel de sonido o producción pero lo cierto es que acaban, por así decirlo, “reinventando la pólvora” como ‘Carrie & Lowell de Sufjan Stevens o ‘Have you in my wilderness‘ de Julia Holter. 

Pero, como bien dices, para mi música me resulta más estimulante buscar caminos por los que yo aún no haya andado y divertirme dejándome llevar. Siempre me ha gustado el pop principalmente por su capacidad para crear melodías magnéticas y arreglos amables en los que uno “se quedaría a vivir”, pero, como sucede con la literatura o el cine de género fantástico, lo realmente divertido empieza cuando en mitad de esa situación placentera algo “sobrenatural” transgrede ese mundo apacible y nos sacude. Eso es lo que me engancha a los grupos que tú citas como Pram o Broadcast, y toda esa imaginería fantasmal del pop hauntológico. Me gusta mucho cuando el pop comienza a perder su tono perfecto y su instrumentación cuidadosamente afinada y empieza a dirigirte a otra parte. En lo experimental también hay siempre algo lúdico y bromista y eso es genial.

Respecto al ‘Blonde de Frank Ocean es un disco que he escuchado muchísimo desde que se publicó. Lo esperé con ganas porque su primer álbum ‘Channel Orange me fascinó. Recuerdo que la primer vez que oí ‘Blonde’ aluciné con la cantidad de ideas que había allí y cómo, sin embargo, todo encontraba su sitio. De hecho hay canciones tremendamente vacías que suenan épicas. Me atrae especialmente el procesamiento de la voz. Creo que hay artistas increíbles que están realmente empujando para que se sigan dando pasos adelante, aprovechando además su postura cómoda dentro de la industria para desarrollarse creativamente y plantear nuevos retos en lugar de anquilosarse. 

Me emociona escuchar también lo que hacen Kanye West o Kendrick Lamar, solo por citar algunos, esos sonidos indescifrables, la imaginación desbordante…

Es un trabajo íntimo, por momentos oscuro. Entiendo que tus vivencias particulares habrán hecho mella en el clima del disco. ¿O se trata de un visión particular, nada escapista pese al sonido, de un mundo cada vez más extraño?

Todos mis discos están marcados por el momento en el que se han ido haciendo y las cosas que me sucedían o sucedían a mi alrededor. En este caso concreto, todo ha sido muchísimo más intenso que nunca. Por supuesto, mis vivencias particulares, como imagino que nos pasa a todos, hacen concebir de otra manera lo que me rodea. La percepción cambia, te hace ser más sensible o más indolente según lo que estés viviendo. El mundo es extraño, de eso no hay duda, es un círculo perfecto y maravilloso de posibilidades infinitas, pero algunas veces ese círculo perfecto se parece a un agujero. Como dice El Rey Podrido: “No puedo dar nada que no esté aquí, en este lugar tan raro para vivir“.

Estás poniendo mucho énfasis en explicar de dónde vienen las canciones, en contar en redes, hojas de prensa, que referencias hay en el subtexto… ¿Temes que el oyente se pierda sin tener algo concreto a lo que aferrarse y teniendo en cuenta el deficit de atención que impera ante la sobredosis de información atrofiada que nos inunda?

En realidad no me gusta explicar mucho sobre las canciones, cuando lo hago me gustaría transmitir que esa es tan solo la visión e interpretación del autor y que no es mi más ni menos válida que la interpretación de cualquiera. 

El texto de la hoja de prensa de ‘Las tres tormentas es de Miguel Álvarez, artista sonoro y director del programa de Radio Clásica Ars Sonora. Fue muy generoso y amable al acceder a escribir un texto sobre el disco, finalmente escribió algo sobre cada canción, una preciosa guía de escucha. Me apetecía que alguien que viniera de un mundo supuestamente alejado del pop escribiera sobre el disco, pero sobre todo que fuera él porque lo admiro muchísimo y le tengo un gran aprecio. Fue para mí un regalo maravilloso. Particularmente cuando en redes y demás he comentado algo sobre estas canciones, más que de ellas lo que realmente me apetece es no dejar de hablar de las personas que hay a su alrededor.

Uno de los cortes más llamativos del álbum es ‘Adelante’, donde ilustras con un sonoro mantra psicodélico el audio de WhatsApp que te remitió un amigo tuyo, y antiguo componente de la banda, Sebastian Benavente. Un corte de voz ilustrativo que funciona como retrato de la amistad, la mirada al pasado y el reflejo de una vida que exige escapar de la rutina, atesorando la música como vía de escape. Es un recurso que utilizó Frank Ocean en un corte como ‘Be yourself‘ en su disco ‘Blonde’. ¿Qué crees que aporta al conjunto del álbum?

Me gusta encontrar inspiración en la vida cotidiana, las cosas que pasan justo cuando parece que no pase nada. Me interesan las minucias, prestarle atención a lo que nos pasa desapercibido, fijarme en lo pequeño y no importante. Al día hay cientos de pequeños momentos donde yo creo que la vida y el arte coinciden. Esta nota de voz es uno de ellos.

¿Qué tienen los cómics de Simon Hanselmann para que su presencia sea relevante en ciertos iconos del disco? ¿Buscabas un referente extraño con el que epatar o crees que su discurso y su manera de vivir el arte y la vida es totalmente vigente?

Empatizo mucho con los personajes Megg Mogg y Búho, y he conocido gente tan trastornada como Werewolf Jones. Gente loquísima que de entrada me daba miedo pero luego resultaban ser muy buenas personas. Desde luego lo de Megg Mogg y Búho no deja de ser la sublimación del loser, pero me he visto en esas muchas veces y quién sabe si no volveré a ello (cruzo los dedos porque no sea así). En cualquier caso, mejor tomárselo con humor. Disfruto mucho con estos personajes, unos fumetas sin ninguna aspiración que consiguen hacer de la desmotivación y las bromas crueles un arte.

A nivel estético, teniendo en cuenta el arte del disco, su aproximación a la realidad digital, a los algoritmos, a ese mundo paralelo – a veces necesario pero tan intangible como engañoso – que la gente se ha construido en la red, da entender que este disco tiene algo de conceptual, de narrativa abstracta pero que tiene un inicio y un fin. ¿Es así?

La portada de Carlos Arroyo Galaxia habla del error, una búsqueda en Google Images de ‘Las tres tormentas‘ que no carga. Al final encuentras otra cosa, simplemente los colores que al azar han sugerido los algoritmos. Me parecía una portada perfecta para el disco: buscas algo, no funciona, encuentras por azar otra cosa. Creo que eso resume muy bien cualquier proceso creativo. También habla de algo que siempre me ha gustado, el llamado “arte ignorante”, arte amateur, de la falta de técnica… 

Y, por supuesto, de la deshumanización que también queda reflejada en cómo hemos tratado la voz en diferentes partes del disco. Se supone que la voz es la prueba de personalidad y autenticidad para cualquier cantautor, pero en estos tiempos en los que el mundo para mí es cada vez más incomprensible, me parece más honesto que mi voz suene fragmentada y confusa, con una identidad enmarañada, llena de armonías robóticas, que no perfectamente nítida y natural, porque no es la voz de una persona completamente segura de sí misma. Como dice Oliverio Girondo“Mi personalidad es una manifestación de personalidades. Imposible saber cuál es la verdadera’’.

En mi opinión ‘Contra el mal’ es una de las canciones más emocionantes, y fíjate que tiene mimbres sencillos, que vamos a poder escuchar en mucho tiempo. ¿Al final se trata de tocar la fibra por mucho concepto o discurso articulado que se quiera transmitir?

Bueno, se puede tocar la fibra de muchas formas: utilizando los manidos trucos y pirotecnia que sabemos que funcionan pero también de maneras menos previsibles. En esta canción colabora Rauelsson, prácticamente es una canción co-escrita. Es una suerte tenerlo en el disco. Me hace mucha ilusión. Hace que esta pequeña canción sea enorme. Para mí no puede haber mejor halago que alguien me diga que una de mis canciones le ha emocionado. Es saber que lo que haces está vivo y es capaz de comunicarse, y esa es una sensación increíble. En este caso concreto es como una conversación real entre Raúl y yo, y más tarde tú. Eso le da todo el sentido a publicar canciones.

Tengo la impresión de que con este disco has buscado perdurar, ser valorado en un futuro no muy cercano y que la inmediatez cada vez te importa menos. Un arrojo artístico cada vez más caro de ver. ¿No es un acto suicida dado los tiempos que corren y pensando que hay detrás una discográfica que pone dinero con el legitimo afán de recuperarlo y una bolsa de fans adheridos tras varios discos que quizás no sean tan receptivos al cambio?

Creo que si hubiera tenido la premeditada voluntad de hacer un disco tan transcendental me hubiera bloqueado. Demasiada presión. Es cierto que uno graba y publica discos para que sean escuchados. En ese sentido, siempre he tenido presente al público, cómo iba a recibir las canciones y si me estaba haciendo entender o no, pero este es un álbum donde no he pensado tanto en la recepción y lo que más me ha preocupado ha sido que sonase como sonaba en mi cabeza. Desde luego ahí ha sido fundamental el trabajo de Enric Alepuz y Jesús Maciá aportando arreglos, ideas y su personalidad, para que las canciones fuesen lo que son ahora. De todos modos creo que es un disco muy accesible. No pienso que sea difícil o exigente.

En cualquier caso, no está lleno de estribillos, no tiene un sonido festivalero y creo que es el más introspectivo que he hecho. Como tú dices, no es un buen momento para ninguna de esas cosas. Aún así tengo el apoyo de una discográfica como Intromúsica, y creo que Máximo Lario, responsable del sello, afortunadamente sigue manteniendo una visión romántica de la música y es muy valiente. Tampoco creo sea un disco que epate a la primera, posiblemente hay que darle la oportunidad de escucharlo con algo más de calma. Sé que no soy nadie para pedir atención, como dice ‘Las tres tormentas‘,  “No estoy pidiendo atención, si pido algo es más paciencia’’. Deberíamos tener algo más de paciencia para disfrutar ciertas cosas que en medio de la avalancha que tenemos todos los días de información y entretenimiento nos pasan por delante. No está de más poner el freno, respirar, escoger un poco y pensar que, además de como simple pasatiempo, uno puede leer libros, ver películas o escuchar discos de otra forma distinta, seguramente mucho más plena.

 

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