The Secret Society: "Nos han impuesto la "tuiterización" de la vida"

La banda madrileña presentará en directo las canciones de su último disco de estudio 'Hacemos ruidos raros al rompernos'

The Secret Society.

Dicen por ahí que The Secret Society es una de las mejores bandas en directo de nuestro escurridizo underground y la banda madrileña pretende refrendar esa afirmación con un gira que emprenderán este próximo mes de junio por salas como Veintiuno de Huesca, la Vol de Barcelona o El Sol de Madrid . Un tour algo atípico, ya que defenderán un repertorio basado esencialmente en un disco que ya tiene dos años de vida, 'Hacemos ruidos raros al rompernos' (Suena Fuerte/Gran Sol, 2017) que también incluirá material pretérito surtido por una obra que se remonta a 2003 con aquel 'January EP' . El grupo compuesto por una formación que se mantiene férrea desde 2015 con Ricky Lavado, Manel Moreno, Javier Martínez, David Tuya y su líder ideológico y espiritual Pepo Márquez enarbola con brío una identidad nada permeable a los designios de la industria gracias a un cancionero emocionante, robusto y sin apenas fisuras.

Siempre he visto a The Secret Society como una versión castiza (y en ciertos momentos sociopolítica) de Songs:Ohia, muy especialmente con las canciones de vuestros dos últimos discos. ¿Jason Molina es tu principal faro artístico? ¿O mejor no hablar de héroes para que la voz propia suene más fuerte?

A mí Jason Molina me marcó tanto como ha marcado a cada persona que se adentró en su universo de canciones, letras y discos. No conozco a nadie que se haya acercado a la obra de Jason Molina y haya salido intacto. Es imposible. Sin duda, es una referencia. Tuvimos la suerte de abrir el concierto de Songs:Ohia en El Sol en 2003. Luego hicimos una gira por España cuando ya eran Magnolia Electric Co. en 2005 y después de eso coincidimos en algún festival y cada vez que venía por España. No éramos amigos (o no como lo son dos amigos que tienen contacto diario), pero nos conocíamos y pasamos tiempo juntos. Que a él le gustase mi música fue importante para que yo siguiera haciéndola. Sin embargo, no es mi principal referencia. Es una referencia importante, pero no la principal. 

De todas formas entre ‘Peores cosas pasan en el mar’ y ‘Hacemos ruidos raros al rompernos’ apenas hay matices diferenciales, si acaso una mayor observación empírica de los hechos en el segundo frente al viaje personal del primero. ¿O me equivoco?

Yo estoy demasiado sumergido en todo como para verlos parecidos. Para mí no se entiende 'Hacemos ruidos raros al rompernos' sin el anterior, porque supone un avance necesario: me despego de “lo que me pasa” y trato de hablar de “lo que nos pasa”. No había nada premeditado: cuando entramos en el estudio apenas había canciones ni letras. Tenía muchas cosas escritas no conectadas entre sí a primera vista, pero al empezar a ordenarlas, me di cuenta de que todo empezaba a cobrar un sentido que podía defender y que podía encajar en lo que yo creo que es The Secret Society.

En vuestro sonido también hay apuntes electrónicos, algo de jazz soterrado, mucho emo. Entiendo que es un reflejo de las músicas que escuchas. ¿La banda es esencialmente Pepo Márquez, sus gustos y sus circunstancias?

No, The Secret Society somos los cinco. No sé en qué porcentaje, porque no es una democracia ni funcionamos de forma asamblearia: cada uno decide qué pone en el grupo en cada momento. Es verdad que yo soy la persona más visible, pero es normal que sea así, porque soy el que lleva en esto desde el principio, pero The Secret Society no soy yo y con los que toque. Antes sí podría haber sido así, pero desde 2015 que estamos los mismos tocando juntos y compartiendo estas canciones, The Secret Society se parece un poco más a mi grupo ideal, aunque estemos lejos de funcionar como tal. En cuanto a los gustos, todos escuchamos mucha música y muy diferente: Ricky y yo estamos muy metidos en la nueva escena de jazz británico, en el jazz underground norteamericano, en el hip hop de todas las épocas y en el hardcore-punk; Manel es todo guitarra y ruido: desde Dinosaur Jr. hasta Metz pasando por SST o Dischord; Jimi está metido en mil movidas de música electrónica abstracta (ha hecho cantar a una planta en un disco) y Perico es más de de The Cure, The National y todo este rollo de bandas de rock que llenan estadios. Y creo que muchos de nuestros gustos se adivinan en el disco, aunque no lo hicimos de forma voluntaria.

Salir de gira supone casi siempre un gesto kamikaze a sabiendas de cómo es valorado el trabajo del músico independiente en nuestro país, la carencia de unas condiciones laborales básicamente dignas, el esfuerzo mal recompensado... ¿Se trata de una necesidad básica del que hace música más allá de reivindicaciones y quejas generalmente poco escuchadas? ¿No crees que la industria y sus mecanismos se aprovechan en gran medida del entusiasmo?

A ver, aquí hay muchos debates abiertos. Por un lado, para nosotros tocar en directo no es una necesidad: lo hacemos porque queremos, porque nos gusta. Hacer música es lo que más nos gusta hacer y yo sí siento la necesidad de expresarme a través de mis canciones, pero si no hubiera encontrado la música, o si no me lo pasara tan bien con ella, habría encontrado otra manera de expresarme, seguro. No soy nada místico con respecto a eso: hacemos música, sí, igual que diez mil bandas más. ¿Esfuerzo mal recompensado? Depende de lo que entiendas por recompensa. Desde luego que cuando entras dentro de un sistema de giras, de festivales, de promotores, se debe observar una regulación que ya existe y que vela para que que los músicos y las músicas estén protegidos, porque están haciendo un trabajo. No puede ser que en una sala la única regulación que no se respeta sea la que protege al grupo cuya actuación da sentido al resto de actividades económicas cuya regulación sí se respeta. Eso son diferentes varas de medir. No puede ser que, además, promotores y festivales, descarguen en el grupo la responsabilidad de esa contratación. En algunos casos ya se ha empezado a cambiar gracias a la presión sindical, pero queda mucho trabajo por hacer. La ley a la que hago referencia es el Real Decreto (el 1435/1985) y aclara de manera precisa cómo ha de ser esta relación laboral. 

¿Se aprovechan la industria y sus mecanismos de esto? A mí no me gusta hablar de una manera tan abstracta. Me gusta bajar a tierra las cosas: detrás de la industria y sus mecanismos hay personas con nombres y apellidos. Y sí, se aprovechan del entusiasmo, igual que muchos grupos se aprovechan del entusiasmo de sus fans, vendiéndoles el mismo disco repaquetado una y otra vez, cobrando un disparate por las entradas de sus conciertos o por las camisetas de la gira. Aquí cada cual está haciendo la suya, salvo excepciones, y veo complicado que cambie esa tendencia.

La paternidad supone un punto de inflexión de hondo calado en la vida de cualquier individuo. ¿Crees que te ha afectado a la hora de enfrentarte a tus canciones? ¿O tiendes a hacer ejercicios de impostura cuándo escribes?

La paternidad es algo importante que recomiendo vivir a todos los hombres, pero trato de no glorificarlo ni exagerarlo. Al fin y al cabo, no he hecho nada excepcional: somos 7 mil millones de personas en el mundo, así que tampoco es tan difícil reproducirse. Como persona sensible, sí sé que esta nueva experiencia quedará reflejada en algún momento en mi obra, igual que otras experiencias que me han marcado, pero no lo voy a forzar. Contestando a tu segunda pregunta: no sé si hago o no ejercicios de impostura (trato de no hacerlos), pero estoy seguro de que mis canciones me ayudan a recordar, más que a sentir.

Portada de 'Hacemos ruidos raros al rompernos'.

El sonido de Secret Society es muy afilado, e incluso áspero, pero tiene cierto componente pop que lo hace asequible y disfrutable. ¿Es un equilibrio que define lo que quiere ofrecer la banda?

No lo sé. Yo creo que nuestro sonido viene dado por nuestras limitaciones técnicas y económicas. Todo podría ser distinto, estar más pulido, más producido, mejor mezclado… pero así está bien para nosotros. Probablemente perdamos por un lado, pero ganamos por otro. No creo en la perfección y tampoco me gusta copiar el sonido de nadie. Así sonamos cuando tocamos juntos y para nosotros está bien.

El otro día leí no sé dónde: “Haz titulares cortos. El objetivo del titular es sencillamente atraer al usuario, no darles el brief de la noticia”. En vuestro caso no seguís esta corriente, si tenemos en cuenta canciones cómo: “La distancia más corta entre dos puntos es el miedo” o “Una canción sin nombre y el primero de The Streets” . ¿Alergia al clickbait musical?

Lo de “haz titulares cortos” es muy de Ferreras y me da pavor. Nos han impuesto la tuiterización de la vida: todo tiene que ser breve y brillante y con capacidad de ser viral. Vete a la mierda. A mí me gustan los títulos que solo puedo poner yo. ¿Por qué llamar a una canción como otra que ya existe? Mis canciones funcionan a tres niveles independientes: la música, la letra y los títulos. Es muy importante ponerle un buen título a las cosas, en este caso a las canciones y a los discos. Me flipan Led Zeppelin, pero ese rollo de titular sus discos I, II, III, IV… me pone malo. 

¿Hay alguna razón más allá de la logística (empleos principales, tu labor como influencer del post-indie en “Está pasando”, los pinitos como podcaster...) para que The Secret Society sea un proyecto tan guadianesco?

The Secret Society es un grupo que no le importa a casi nadie y no tenemos ningún plan. Funciona o deja de funcionar según pueda dedicarme a ello. Hacerlo por inercia, no va a ocurrir. Hacerlo por obligación, menos. Así que lo hago cuando me siento bien haciéndolo. Todos tenemos vidas ocupadas y no parece que eso vaya a cambiar. Quizás deberíamos esforzarnos en ensayar más a menudo, pero tres de nosotros trabajamos en oficinas de esas que te dejan poco tiempo a la diversión y los otros dos tocan en muchos grupos cada uno, así que, en realidad, The Secret Society es un grupo que, para el tiempo que le dedicamos, tiene un rendimiento por encima de la media. Sería gracioso que ahora, con 40 años, una hija, un trabajo, una esposa y demás, me empeñara en hacerlo funcionar. 

Recientemente te he leído decir que “te desespera pensar que sólo haces canciones para personas de tu género”. ¿Has pensado en alguna estrategia para atacar de raíz el micromachismo inherente al rock (si crees que realmente persiste hoy en día). ¿Es una cuestión de educación y formación en la que todos los agentes culturales (que casi siempre van por libre y muchas veces atienden a cuestiones de marketing) deben implicarse?

Esta es una pregunta importante que no sé cómo contestar. Por un lado, creo que la concienciación y la transformación debe de ser personal. Y es solo de ida, es decir: no es que haya opción a ser machista o no serlo; hay que acabar con el machismo, y el que no quiera participar y se enroque en posiciones de “yo no soy machista ni feminista”, en el fondo lo que hace es, por un lado, perpetuar una actitud de mierda que hace daño a muchas mujeres y, por el otro, está demostrando tener un miedo irracional a perder su posición privilegiada. 

Por otro lado, es muy importante la movilización social, colectiva, para encender luces en las cabezas que todavía están a oscuras. A mí me ha ocurrido. Yo no nací siendo como soy: soy el producto de un proceso de transformación al que me debo y me entrego en la medida que creo que puedo y, en el caso de las cuestiones de género, si no fuera un tema de actualidad, muchos de nosotros no hubiéramos reflexionado de la manera que lo hemos hecho. Y eso ha sido gracias a las mujeres que, con más o menos vehemencia, han conseguido llamar la atención de un montón de hombres que, como no podía ser de otra forma, han caído en la cuenta de muchas cosas. ¿Qué debemos hacer los hombres por el feminismo? Creo que nos toca reflexionar, apartarnos, no querer ser protagonistas. Y más a largo plazo, transmitir a nuestros hijos e hijas unos valores feministas.

¿Qué expectativas tenéis con esta nueva gira? ¿Pretendéis llenar cada sala o sólo con que las canciones sean correctamente recibidas ya os dais por satisfechos?

Yo siempre tengo ilusiones: quiero llenar todos los sitios donde vamos, sonar como Fugazi, que no se me olviden las letras, que no nos roben nada, que vendamos todos los discos, que cuando terminemos el concierto los hombres y las mujeres se hayan enamorado de mí por igual, que alguien nos diga que nos quiere sacar el próximo disco y que venga Titi de Aina a felicitarnos. Pero, ¿sabes qué pasa? Que somos The Secret Society. Así que, a pesar de que me niego a rebajar mis expectativas, en algún punto me alegraré con llegar vivos a la siguiente sala, con tocar para gente atenta, con recibir un abrazo de la promotora o el promotor, con vender algún disco y con reírme hasta el mareo con alguna tontería que comente Manel a altas horas de la mañana. Y todo eso, sin hacer una sola canción frívola y tratando de ser culturalmente relevantes.