The Reds, Pinks & Purples / The Past Is a Garden I Never Fed (2025, Tough Love)

Fernando Pessoa escribió “Mi pasado es todo lo que no pudo ser”… Lo que no pudo ser: canciones que no entraron en otros discos, sueños que se marchitaron antes de florecer, amistades sin poda ni abono, bandas que nacen sin que nadie las escuche. De ese material —la hojarasca de una carrera fértil, la melancolía de lo no realizado— está hecho The Past Is a Garden I Never Fed, el nuevo (aunque más bien añejo) álbum de The Reds, Pinks & Purples, esa criatura sonora que Glenn Donaldson cría con esmero desde su casa en el distrito de Richmond, San Francisco, como quien cultiva una parcela pequeña pero llena de secretos.

Donaldson ha hecho del pop melancólico una ética. No una estética impostada ni una pose vintage, sino un modo de narrar las derrotas sin dramatismos y las ilusiones sin mayúsculas. Desde Anxiety Art (2019) hasta este disco lanzado en pleno verano de 2025, su obra documenta lo que no sucede: la vida interior de los que no triunfan, las bandas que no conquistan el mundo, los discos que no encabezan listas, los músicos que, sin embargo, no pueden dejar de hacer canciones. La cita de Pessoa, como una losa liviana, funciona aquí como consigna: este álbum está compuesto de todo eso que no pudo ser… y sin embargo es.

Porque The Past Is a Garden I Never Fed no es una mera colección de descartes: es un álbum con principio, nudo y desenlace. Las canciones aquí no suenan a sobras, sino a historias que simplemente llegaron tarde. Con su habitual mezcla de guitarras brillantes, cajas de ritmo suaves, producción doméstica y letras que rascan, Donaldson vuelve a demostrar que su fórmula —aparentemente simple— funciona como un reloj emocional. O como un jardín: silencioso, insistente, lleno de maleza y belleza en proporciones difíciles de prever.

La apertura con “The World Doesn’t Need Another Band” deja claro el tono del disco: una mezcla de ironía y confesión, de mirada ácida sobre el mundillo indie y de necesidad vital de seguir adelante. Le sigue “I Only Ever Wanted to See You Fail”, probablemente la declaración de envidia más honesta jamás tarareada con un riff tan pegajoso. “Slow Torture of an Hourly Wage”, por su parte, se convierte en un himno de la precariedad afectiva y laboral, mientras “Richard in the Age of the Corporation” mira al mundo con ese sarcasmo cariñoso que ya quisieran muchos cronistas sociales.

El disco se completa con piezas que parecen fragmentos de diarios personales, de confesiones dichas al pasar: “My Toxic Friend” no perdona pero baila, “You’re Never Safe From Yourself” tiene algo de mantra para el que se autoboicotea con ternura, y “There Must Be a Pill For This” deja colgando la pregunta como si el disco supiera que no hay respuesta. La producción, aún casera, gana cuerpo respecto a entregas anteriores. Las guitarras suenan más plenas, los arreglos —sin ser barrocos— están más definidos. Hay 12 cuerdas, armónica, sutiles detalles que suman sin distraer…

Glenn Donaldson, ese cronista lírico de los barrios invisibles, de los músicos sin premio y de los días que pasan sin épica, vuelve a convertir lo ordinario en materia de arte. Su voz —que no aspira a la grandilocuencia— tiene la textura justa para estas canciones: cercana, sin ornamentos, como quien le canta al espejo con la puerta entreabierta. Su carrera, nutrida por proyectos paralelos (Thuja, Painted Shrines, FWY!) y grabaciones casi diarias, confirma que estamos ante un artesano que entiende la música como una necesidad más que como una estrategia.

The Past Is a Garden I Never Fed es, en el fondo, un manifiesto involuntario sobre la belleza de lo no consumado. Canciones que podrían haberse perdido —porque no eran las elegidas, porque no “entraban” en el disco anterior, porque había otras más “fuertes”— y que, sin embargo, aquí encuentran su lugar, su tierra, su momento. Si la historia del pop está llena de flores de un día, lo de Donaldson es otra cosa: jardinería emocional de largo recorrido. Y aunque él no lo diga en voz alta, su parcela ya es patrimonio sentimental para los que, como él, saben que lo que no pudo ser a veces es lo más real de todo.