The Raveonettes / Pe’ahi II (Beat Dies, 2025)

Los seguidores de The Raveonettes, siempre predispuestos a las pulsiones dulces y siniestras del dúo danés, han recibido Pe’ahi II con una mezcla de entusiasmo, perplejidad y ese gesto leve que uno hace cuando intenta ponerse unos pantalones ajustados pero las comilonas pascueras certifican que ha engordado. La reedición espiritual de aquel Pe’ahi de 2014 —sorpresivo, instrumentalmente profuso y temáticamente oscuro— llega once años después en forma de secuela declarada, aunque con las costuras un poco más a la vista.

Las objeciones son comprensibles: hay quien acusa al disco de comportarse más como cuaderno de apuntes que como novela cerrada. Algunos temas parecen quedarse en la antesala de algo que no termina de ocurrir, y el conjunto ofrece una narrativa más fragmentaria que envolvente. La inclusión de Strange, una relectura de After All (2018), aviva el debate sobre la frescura del contenido. No obstante, estas tachas no impiden que el disco conserve ese filo tan propio del dúo: el que corta por dentro con suavidad retroactiva.

Porque si algo sigue brillando entre las brumas es ese sonido punzante y sedoso que lleva más de dos décadas afilando Sune Rose Wagner con la complicidad vocal de Sharin Foo: guitarras rumiantes, armonías fantasmales, loops de batería que reptan entre ecos del surf-rock y la amenaza latente del shoegaze. El algodón envolvente del doo-wop de ultratumba sigue ahí, pero con raspaduras contemporáneas, como si las Ronettes hubieran grabado en una fábrica abandonada con pedales de fuzz al máximo.

Pe’ahi II abre con Blackest, una descarga calculada de distorsión y percusión cíclica, donde la melancolía toma forma de mantra eléctrico. En Killer, en cambio, la banda entrega su versión de una balada lunar: hay armonías cremosas y líneas que flotan más que empujan, aunque la coda —como ese amigo que no sabe cuándo irse de la fiesta— se alarga más de lo necesario. El recorrido sigue por terrenos conocidos y entrañables: medios tiempos brumosos, reverberaciones con perfume de tragedia romántica y lírica que huele a derrota elegante.

El precedente, Pe’ahi, había sido un punto de inflexión: publicado sin previo aviso, ampliaba el arsenal sónico del grupo con arpas, coros y una rítmica más compleja, rompiendo la austeridad de discos anteriores. Además, se trataba de un álbum profundamente personal, un duelo en clave eléctrica por la muerte del padre de Wagner y las grietas emocionales que ello había dejado. La portada, un homenaje al famoso spot de surf de Maui, servía de metáfora visual para un disco que exploraba las olas internas del trauma, la pérdida y la redención.

En ese sentido, Pe’ahi II es más una posdata que una réplica. No hay herejía en eso: si Pe’ahi fue un exorcismo, este nuevo trabajo es una conversación posterior en voz baja, algo más suelta, menos ritual y más informal, como quien vuelve al escenario de la tragedia para recoger lo que se quedó entre las grietas.

En definitiva, Pe’ahi II no ofrece revelaciones, pero sí confirma que The Raveonettes no han perdido esa capacidad de empaquetar angustia, deseo y memoria en un mismo envoltorio reverberante. Tal vez no sea el álbum que cambie su historia, pero sí uno que la continúa con el tipo de dignidad otoñal que tan bien les sienta. A veces, los apéndices también contienen verdades esenciales.