The Lovely Basement: entre la ironía y el temblor

A veces las mejores bandas no aparecen rodeadas de epicidad y acunadas por trompetas, sino a partir de una conversación a media voz, un puñado de canciones que avanzan sin hacer aspavientos y la impresión de que ahí dentro ocurre algo serio, aunque nadie esté interesado en disfrazarlo de acontecimiento. The Lovely Basement pertenecen a esa clase de grupos: los que prefieren afinar una melodía, dejar una frase incómoda sobre la mesa y seguir caminando como si tal cosa. En sus discos conviven la observación política, el humor seco, cierta melancolía de carretera secundaria y una inteligencia nada aparatosa; en otras manos todo eso podría acabar convertido en tesis doctoral con guitarras, pero ellos tienen el buen gusto de evitar semejante castigo. Aprovechando la puesta en escena de Lowlands (su último disco, publicado a finales de 2025), hablamos con Katie Scaife y Kevin Bache sobre el origen de la banda, esa vieja idea de cruzar a The Velvet Underground con el country más primitivo, el oficio de escribir canciones entre dos, la ayuda de John Parish, la alianza con No Aloha Records y su próxima gira española, que les traerá la semana que viene por Madrid, Barcelona y Valencia. Entre respuestas afiladas, alguna confesión con retranca y un ordenador que decidió colgarse tres veces ante una pregunta especialmente delicada —los dioses también editan entrevistas, al parecer—, el dúo central del grupo dibuja un retrato bastante preciso de una banda que ha aprendido a convertir la imperfección, la curiosidad y el tiempo en algo parecido a una forma de estar en el mundo.

Habéis descrito a The Lovely Basement como una banda que comenzó con la idea de mezclar a The Velvet Underground con el twang del country más primitivo. Mirando ahora hacia atrás, ¿qué escucháis en aquella ambición original y en qué momento os disteis cuenta de que lo más interesante podía estar precisamente en la distancia entre la idea y el resultado?

(Kevin) Me gusta la idea de la distancia. Suele haber algo interesante cuando la intención no te lleva del todo hasta la meta de tus ideas. Estoy contento con el lugar en el que aterrizamos, sospecho que la idea original era un poco demasiado ambiciosa. Espero que consigamos ser algo más que un pastiche.

[Katie] Una de esas distancias tiene que ver con la capacidad técnica; muchos de los primeros músicos country como Chet Atkins o Maybelle Carter eran instrumentistas increíbles. En cuanto a The Velvet Underground, John Cale tenía una formación avanzada y formal, pero los otros miembros eran autodidactas. Nosotros venimos de esa tradición de hazlo tú mismo, cógete una guitarra y monta una banda. Sabíamos que nuestras canciones no iban a incluir virtuosismo instrumental, pero aun así pueden transmitir mucho con una energía más simple y directa.

Hay algo muy particular en la manera en que Katie Scaife y Kevin Bache parecéis escribir juntos: las canciones amanecen compartidas, pero nunca desdibujadas. Cuando empieza una canción nueva, ¿qué aporta instintivamente cada uno y cómo acaba ese primer chispazo convirtiéndose en una auténtica canción de The Lovely Basement?

[Katie] Normalmente, Kevin junta unos acordes y tiene una idea para una letra. Kevindesarrolla la música en gran medida por su cuenta, pero la letra y la melodía vienen hacia mí para que las desarrolle. A veces hay tiras y aflojas, pero al final llegamos a buen puerto. Por otro lado, a veces seré yo quien escriba música y letra, o Kevin quien escriba todas las palabras; mientras la canción tenga sentido para los dos, se convertirá en una canción de Lovely Basement. Dicho eso, no todas superan el corte; hay muchas canciones que se descartan. Y otras que se resisten a tomar forma durante muchísimo tiempo, y de repente un pequeño (o gran) cambio (o reescritura) hace que funcionen.

(Kevin) Escuchamos música parecida y tenemos una coincidencia enorme en gustos, así que por lo general una canción nueva se sitúa en el espacio entre los dos. Si a cualquiera de los dos se le atraganta una canción, no progresa en esa forma y normalmente mejora a través de los cambios. Paul y Steve también añaden sus estilos característicos al bajo y la batería, así que una canción tiene el sello Basement al cien por cien cuando todos hemos contribuido.

Vuestras letras pueden pasar de la política al aburrimiento, de la observación social al humor seco, de la teología a ese tipo de pensamientos que la gente tiene mientras prepara un té e intenta no perder la cabeza. ¿Qué os atrae de esa mezcla y por qué la vida cotidiana parece un lugar tan bueno para colar ideas más grandes dentro de una canción?

[Katie] Quizá porque todos vivimos en lo cotidiano, y cada día estamos experimentando y pensando en el mundo que nos rodea. De hecho creo que es más fácil transmitir complejidad a través de la sencillez; más fácil en el sentido de hacerte entender, aunque no más fácil en el sentido de que sea fácil de hacer. Las letras pasan por muchos borradores y mucho escrutinio y en general siguen terminándose cuando llega el momento de grabar. Si no hubiéramos tenido el plazo de 2 días para grabar voces en el estudio de John Parish, puede que yo siguiera todavía trabajando en las palabras del último álbum.

(Kevin) Creo que las letras funcionan cuando te va algo en ello, así que escribimos sobre las cosas que nos ocupan o sobre situaciones que vemos o experimentamos. Tomemos Black Jumper On, por ejemplo. Ir a un funeral es raro si nunca has conocido a la persona a la que están llorando; ves las sombras en la pared de una vida vivida. La mayoría llevamos vidas que tocan a un número relativamente pequeño de personas. Somos corrientes pero, con suerte, queridos, y nos cruzamos unos con otros a diario.

Una de las cosas que más me gustan de vuestros discos es que suenan inteligentes sin sonar nunca presuntuosos. Hay una cualidad literaria ahí, pero también una facilidad conversacional, como si las canciones prefirieran hablar con el oyente antes que actuar para él. ¿Pensáis mucho en escribir en ese registro y hay escritores o letristas que hayan ayudado a darle forma?

[Katie] Los dos hemos trabajado con personas con vidas caóticas (personas sin hogar, personas con problemas de consumo de drogas), así que creo que de forma natural tendemos a expresar nuestras ideas con cuidado. Preferimos comunicar nuestras ideas y opiniones como una conversación antes que como una doctrina o una declaración. A nadie le gusta que le den lecciones, y yo me sentiría ridícula cantando letras que no dejaran espacio para muchos matices y zonas grises. Las palabras son criaturas escurridizas y me resulta más fácil acercarme a ellas sigilosamente. Así que creo que la escritura está informada en parte por nuestra manera de ser y en parte por una preferencia sobre cómo nos gusta expresarnos. A veces me pregunto si no estaré siendo un poco débil por no compartir mis opiniones de forma más tajante o más alta, pero ya hay tantos gritos en el mundo que prefiero encontrar un rincón tranquilo para hablar en privado.

(Kevin) ¡Mi ordenador se ha colgado 3 veces intentando responder a esta pregunta. ¡Los dioses me quieren en silencio! ¡Ya hay una idea para una canción!

En vuestra música se han escuchado todo tipo de parecidos familiares —Luna, The Go-Betweens, The Clientele, Stereolab, incluso una pequeña Americana “a la inglesa” flotando en la niebla—. ¿Os parecen lógicas esas comparaciones o a veces sentís que la crítica está ordenando una historia bastante más accidental?

[Katie] ¡Es una lista de comparaciones muy gratificante! ¡Gracias! Pero todas me parecen tener cierto sentido. Creo que todas pertenecen al mismo árbol genealógico indie. Tampoco nos interesa no llevar el corazón y las influencias en la manga. Solo los jóvenes y los insensatos creen que están creando algo nuevo y único dentro del género; nosotros no hacemos más que subirnos a hombros de quienes estuvieron antes y a quienes admiramos. Estoy bastante contenta de nadar en una corriente hermosa de música que amo.

(Kevin) Te olvidaste de Yo La Tengo. Sospecho que todos escuchamos bandas parecidas pero, lo importante, somos los alquimistas de nuestros propios sonidos.

Canciones como What I Like o Lee Raymond Knew tratan de historia, política e ideología, pero nunca parecen una lección con ritmo de fondo. ¿Cómo mantenéis ese equilibrio entre la agudeza y la ligereza, entre querer decir algo y no aplastar una canción bajo el peso de su propio mensaje?

[Katie] Supongo que la analogía, la metáfora y la imaginación juegan un papel, igual que la música. ¡Una buena canción protesta es difícil de escribir! Hay un riesgo enorme de sonar estridente. Nosotros intentamos mantener las cosas más oblicuas. Así que, en What I Like, es una buena canción de listas acelerada y a la antigua usanza, bastante ligera y pegadiza musicalmente. Pero la lista es la de movimientos progresistas de la historia británica, momentos en los que la gente se levantó a favor de la inclusión y contra la violencia, una historia que a menudo se pasa por alto en el clima político regresivo actual. La música sostiene un mensaje potencialmente pesado. En Lee Raymond Knew, la música no es alegre, pero el tono conversacional de la letra ayuda a que el mensaje no haga que toda la canción pese demasiado. La letra es la de alguien que habla desde un futuro cercano, así que la posibilidad de cambiar el auténtico futuro cercano todavía existe. Pero en realidad no planificamos todo esto; simplemente escribimos canciones sobre lo que nos interesa.

(Kevin) Quieta ahí, señora Katie, What I Like fue un esfuerzo consciente por recordarme a mí mismo que el Reino Unido ha tenido algunos momentos condenadamente buenos junto a su pasado más turbio y su presente problemático. Como les pasa a la mayoría de los países.

Ojalá pudiéramos hacer una letra a lo Billy Bragg, pero no podemos.

Lowlands da la sensación de ser un disco en el que muchas de vuestras virtudes terminan de encajar: la escritura, el clima, la soltura, el filo. Desde dentro de la banda, ¿se sintió distinto mientras lo estabais haciendo o esa sensación de llegada es algo que oyentes y críticos han proyectado después sobre él?

[Katie] – creo que esta es más para ti, Kevin. Pero no, a mí no me pareció diferente.

(Kevin) Me alegra que la recepción de Lowlands haya sido tan positiva y que la gente le haya dedicado tanta atención. Sospecho que es una proyección.

También está el bonito detalle de que John Parish acabara implicándose después de veros en directo. ¿Qué significó para vosotros su interés en ese momento y cambió de alguna manera trabajar cerca de una presencia así la forma en que os escuchabais a vosotros mismos durante la grabación de Lowlands?

[Katie] Trabajar con John Parish fue un absoluto placer, como imaginarás. Es un hombre tranquilo, inteligente y alentador. Muy generosamente nos dio dos días de su tiempo, dos días para que yo cantara en su estudio. Podría haber resultado un poco abrumador, pero John es tan cercano que al final fue posible concentrarse. No supimos que iba a implicarse hasta bastante avanzada la marcha del álbum. Grabamos las voces al final (normalmente porque todavía se siguen ultimando hasta el último minuto). ¡Tener la fecha límite de ir a su estudio fue de gran ayuda! Un amigo común nos animó a pedirle ayuda a John con las voces, ya que es algo que no sentíamos haber captado demasiado bien en el pasado. Grabamos en casa (y aquí Kevin merece todo el mérito), pero estamos limitados en equipo y experiencia, aunque no en tiempo. Diría que trabajar con John me dio más confianza en mis elecciones vocales y melódicas. Así que sí cambió las interpretaciones que grabamos, para mejor, creo yo.

(Kevin) Saber que John va a escuchar tus grabaciones y tu producción afina bastante el juego, sospecho. Yo me senté a jugar con su gato en el estudio, así que creo que eso también contribuyó.

Vuestros discos tienen una textura muy humana: respiran, dejan espacio, no parecen tener miedo a las aristas ni a las pequeñas imperfecciones. En un momento en el que tanto pop parece tensado, corregido y pulido hasta el agotamiento, ¿creéis que la música contemporánea se ha vuelto sobreproducida o simplemente es una de muchas estéticas paralelas?

[Katie] Diría que hay estéticas paralelas. Sigue habiendo un fuerte deseo independiente, de hazlo tú mismo, por crear música. O quizá sea simplemente porque eso es lo que busco y escucho la mayor parte del tiempo.

(Kevin) Hay sitio para ambas cosas. Hace poco me sorprendí a mí mismo disfrutando de Things We Do for Love de 10cc.

Una vez le pregunté a Dean Wareham qué le seguía empujando a hacer música, y me dijo que no lo tenía del todo claro —que quizá debería preguntárselo a un psiquiatra—, pero que seguía emocionándose al escribir una letra que funcionara, encontrar una nueva progresión de acordes o entrar en un estudio y oír cómo una canción se convertía en otra cosa. ¿Eso os resuena y qué os sigue dando esa sensación de descubrimiento?

(Kevin) Sé a qué se refiere, a veces desearía poder dejarlo. Pero no hay nada mejor que tener una idea para una canción, tocar un riff encima y escuchar lo que la banda acaba haciendo con ella. Y me encantan los errores de estudio que funcionan. También hay una dosis igual de frustración y decepción, pero bueno.

[Katie] Hablamos un poco de eso en Mostly Wrong. Hace unos años estaba charlando con un amigo artista. Como mucha gente, sigue teniendo un “trabajo de día” para poder pagar el techo sobre su cabeza, incluso después de toda una vida haciendo arte. El deseo de seguir haciendo música es independiente de cualquier otra cosa que esté ocurriendo en tu vida. Es algo así como una llamada. Que la voz que te llama sea interna o externa es imposible de decir, pero es irresistible e innata. El hecho de que a otras personas parezca gustarles nuestra música simplemente nos hace sentir muy afortunados.

Vuestra relación con No Aloha Records le ha dado a la banda un vínculo muy tangible con España, y ahora venís de gira aquí a finales de abril. ¿Cómo empezó esa relación y qué significa encontrar parte de vuestro público, y parte de vuestra infraestructura, tan lejos de Bristol?

(Kevin) Hace mucho tiempo mi antigua banda, The Raw Herbs, encontró un lugar en colecciones de discos españolas. Eso funcionó como una especie de carta de presentación con Jordi de No Aloha. Estamos muy orgullosos de nuestra conexión con España y con Jordi, y nos encantan nuestros nuevos amigos españoles, con muchos de los cuales tocaremos este mes. Katie y yo llevamos años visitando España, viajando en furgonetas destartaladas, nadando, bebiendo y comiendo tortilla de patatas. Gas Station with a Bar incluye el sonido del motor de nuestra furgoneta grabado junto al Embalse de Calanda, en el sur de Aragón. Nos deprimió muchísimo cuando el Reino Unido salió de Europa; habíamos esperado pasar una temporada viviendo en España.

Por último, ¿cómo veis la escena independiente británica actual? ¿Sigue siendo un lugar donde las bandas pueden crecer con paciencia y encontrar a los suyos, o se ha convertido en un paisaje donde los artistas tienen que construir sus pequeñas repúblicas para poder sobrevivir?

[Katie] No estoy segura de poder hablar por toda Gran Bretaña, pero nuestra experiencia en Bristol ha sido muy positiva. Hemos tenido la suerte de juntarnos con bandas que son solidarias, amables y alentadoras. No puedo decir que no haya rivalidades, pero en general todo es bastante sano y de buen talante. Quizá porque muchos de nosotros somos músicos mayores que ya hemos vivido en el pasado ese tipo de vitriolo infantil y competición despectiva, y ya no queremos reproducirlo. Es un buen lugar para ser músico mayor; al contrario que la industria musical en general.

(Kevin) Gente como Nick en Precious Recordings (el sello británico que coeditó Lowlands), Tita y Kenji de Glas-goes-Pop, y Jane Barnes de Bizarro Promotions están manteniendo en pie una escena musical asediada. Nadie se está haciendo rico y todos lo hacemos por amor a la música.