Entre la psicodelia expansiva de Stay y la introspección acústica, The Leb Trip marca un nuevo capítulo en la trayectoria de Jordi Bel. Con Rising High EP, producido por Daniel Wylie (Cosmic Rough Riders) y publicado bajo el sello barcelonés Flower Canyon Recordings, Bel destila su esencia musical en un formato más desnudo, donde la melodía y el espacio son tan importantes como la instrumentación. Inspirado por la tradición folk de Bob Dylan, Cat Stevens, Donovan y Simon & Garfunkel, pero con la sensibilidad contemporánea de gente Dawes, Woods, The Shins o Vetiver, el proyecto es un ejercicio de depuración sonora: menos ruido, más emoción. La búsqueda de lo esencial guía cada decisión en The Leb Trip. Bel compone desde un proceso de exploración interna, donde lo sencillo es lo más difícil de alcanzar. Las canciones son construidas con paciencia, permitiendo que las ideas se revelen a medida que la guitarra y la voz toman forma. La producción enfatiza esta desnudez, con una técnica de chorus natural que amplía la calidez sin perder la cercanía. La nostalgia, presente en sus melodías, no es una mirada al pasado, sino una vía para el optimismo: la música como un refugio donde los momentos vividos resuenan con luz propia.
Jordi, Rising High es un título que sugiere un impulso hacia lo alto, pero las canciones parecen venir de un lugar mucho más íntimo y terrenal. ¿Cómo describirías esa dualidad entre lo aspiracional y lo introspectivo en este EP?
Mi manera de componer se basa en un ejercicio de búsqueda interior bastante delicado y, seguramente por esto, las melodías tienen un toque nostálgico e íntimo. Siempre intento trabajar con la máxima inspiración para encontrar la melodía perfecta, una que me emocione a mí primero, y no es nada fácil. Además, busco que sea sencilla. Las mejores canciones tienen solo tres acordes. Se necesita tiempo para entrar en ese estado de embriaguez, pero es la única manera de crear con calidad.
Escuchando el EP, me llamó la atención cómo el espacio juega un papel importante: hay silencios que dicen tanto como los sonidos. ¿Cómo trabajaste los arreglos y la producción para darle ese aire tan envolvente?
La idea de este proyecto es precisamente intentar llegar a la esencia de la melodía sin ensuciarla o hiperproducirla, y que, de una forma desnuda, pueda expresar belleza y funcionar musicalmente. El aire envolvente se ha conseguido con la técnica del efecto chorus natural. Cada canción (guitarra y voz) está interpretada dos veces, panoramizando totalmente una toma al oído izquierdo y otra al oído derecho. Esto da una sensación preciosa y adictiva. Con Stay ya lo habíamos probado en algunos arreglos, pero no en acústico, así que he querido experimentar con esta fórmula, que ya los Beatles habían iniciado.
Vienes de Stay, una banda con un sonido de rango distinto al de The Leb Trip, donde primaba la vertiente más rock y garage, mientras que aquí los perfiles sondean el folk y el country-pop. ¿Qué te empujó a buscar este nuevo lenguaje musical más cercano al indie folk? ¿Qué necesitabas decir que no podías expresar antes?
Con Stay he aprendido el oficio de hacer música y encontrar mi fórmula con la voz y la guitarra. Una vez que me sentí preparado, quería probar algo nuevo, simplificar las cosas y crear un canal directo y fácil para poder seguir editando sin interrupciones. Es mi necesidad. Aunque Stay es y ha sido mi proyecto de siempre, que me ha dado la vida, la logística y democracia de una banda son lentas. Ha sido un reto poder emanciparme de Stay, y la única manera era con más melodías y con el único sustento de una guitarra acústica.

Hay algo muy nostálgico en las melodías, pero también un anhelo de moverse hacia adelante. ¿Qué influencias específicas marcaron la dirección sonora de este proyecto? ¿Algún disco o artista en particular que te acompañara en el proceso?
Siempre me han fascinado cantautores y bandas más folk como Bob Dylan, Donovan, Cat Stevens, Simon & Garfunkel, Townes Van Zandt, entre otros. Sobre todo, artistas que abogan por la sencillez.
Las guitarras tienen una presencia muy orgánica en Rising High, casi como si fueran otra voz contando historias. ¿Qué buscabas transmitir con ellas, más allá de las letras?
Busco siempre transmitir delicadeza, optimismo y positivismo. La nostalgia no tiene por qué ser triste.
¿Hay alguna canción del EP que haya sido especialmente difícil de cerrar, como si requiriera más tiempo o cuidado para terminar de encontrar su forma?
Más que cerrarla, el tema es que van saliendo ideas a medida que vas vistiendo las tomas de guitarra y voz. Rising High, por ejemplo, fue creada sin la intro, y al final, a raíz de unas notas de piano en el puente, se definió una entrada muy interesante, a modo de ventisca o tormenta que se disipa cuando empiezan las guitarras luminosas.
En otras entrevistas mencionas las canciones y discos que te marcaron como oyente. ¿Sientes que alguna de esas referencias se cuela directamente en las canciones de The Leb Trip, o es algo más sutil, como una sombra?
Las referencias que he mencionado antes, junto con otras más contemporáneas, británicas y americanas, tienen su peso siempre en las canciones, a veces de forma inconsciente.
El folk tiene esa cualidad de conectar lo universal con lo íntimo. ¿Crees que hay algo de tus raíces, de tu entorno, que inevitablemente se cuela en tu música, aunque no lo busques a propósito?
Siempre me ha maravillado el poder de una buena melodía y la emoción que me causa dentro de mí. En casa siempre había una guitarra en el sofá porque mi padre tocó mucho en los 60, en la época de los conjuntos. La banda se llamaba Álex y Los Findes, y eran muy buenos, coetáneos de Los Sírex, Los Mustang, Lone Star, Los Diablos, etc. Todo eso marca al final.
Al escuchar el EP, las canciones sugieren carreteras vacías, bosques nublados, viajes que se viven más hacia adentro que hacia el exterior. ¿Tienes algún paisaje mental al que te transporta esta música cuando la escuchas o tocas?
El paisaje son los buenos momentos que has podido vivir en la vida, a los que estoy muy agradecido. Muchos de ellos musicales, pero otros también familiares, con los amigos… La música es para celebrar esos momentos, y The Leb Trip es, básicamente, paz.
Si alguien se acercara a The Leb Trip por primera vez, ¿con qué canción le recomendarías empezar para entender el corazón de este proyecto?
Time Is the Enemy.


