Para el fan de Neil Hannon es imposible volver a descubrir un National Express, un When the lights go out all over Europe (mi favorita: qué versión me regaló en La Rambleta) o un Tonight we fly (sonó en mi boda, ni te cuento…). Aquel Hannon casanoviano, elegante y seductor, ha ido mutando en un caballero de mediana edad que vive en una granja en el norte del norte y observa los achaques de la vida y de la sociedad (la cosa está que da asquito a nivel político) con un poso reflexivo y una nostalgia que no desentonaría en un ensayo de Brel o en un arreglo de Scott Walker.
El contexto no es menor. Desde 1989, The Divine Comedy ha construido una carrera excéntrica, literaria y orquestal, situada en ese cruce improbable entre chamber pop y britpop, siempre con sello inconfundible. Hannon eligió el nombre de Dante a los 18 años y, más de una docena de discos después, sigue siendo un culto pop en sí mismo. Liberation(1993) ya desplegaba cuentos de Fitzgerald, Chéjov y Wordsworth; Casanova (1996) lo llevó a la fama con “Something for the Weekend”; Regeneration (2001), producido por Nigel Godrich, buscó la crudeza rockera; Absent Friends (2004) mostró su faceta más personal. Una trayectoria que se mueve entre la ironía, la introspección y el oropel orquestal.

Rainy Sunday Afternoon, publicado el 19 de septiembre de 2025, es su decimotercer álbum y, en palabras del propio Hannon, un “inventario” vital. La gestación orquestal en Abbey Road no es un capricho: las ganancias por componer para Wonka (2023) le sirvieron de “boleto dorado” para grabar en diez días un disco otoñal, lleno de reflexiones sobre la edad, la memoria y el absurdo político.
Los temas van desde lo íntimo a lo satírico. Achilles abre con un eco del poeta Patrick Shaw-Stewart y la sombra de la muerte en las trincheras; The Last Time I Saw the Old Man es su retrato más brutal de la demencia de su padre, entre la ternura y el desgarro walkeriano; All the Pretty Lights recupera el candor infantil con la voz de su hija Willow. El humor se cuela en The Man Who Turned Into a Chair, fábula pop sobre el envejecimiento y la parálisis cotidiana, y en Mar-a-Lago by the Sea, chiste corrosivo contra Trump (tramado a través de frases del propio POTUS) en clave de ¿lounge fascista? (estilo acuñado por el periodista Bruno Galindo). I Want You exhibe su faceta más grave, un himno amoroso de piano cavernoso que podría convivir con Nick Cave, mientras Invisible Thread cierra el álbum con una despedida serena que habla de lazos invisibles con sus seres queridos y, de paso, con su público.
El tono general es otoñal, sí, pero nunca mortecino. La orquesta respira, los arreglos brillan sin saturar y la voz de Hannon, ahora más grave y menos traviesa, sostiene un repertorio que equilibra melancolía y sátira política con naturalidad. ¿Es el disco memorable que podía pergeñar en los noventa o en los dos mil? Probablemente no. Pero es igualmente estupendo: una obra madura, honesta y melódicamente cuidada, que confirma que Hannon, a sus 54 años, sigue en plena forma creativa.
El propio Neil ha dicho que quiere llegar a los veinte discos antes de morir. Le quedan siete, tiempo de sobra. Que se lo tome con calma: el estrés es mal consejero y aquí le estaremos esperando, llueva o no en la tarde de domingo.


