Cuando Amy Boone le pidió a Willy Vlautin que escribiera una canción de amor en la que nadie muriera ni las cosas terminaran peor de lo que empezaron, él —fiel a su naturaleza— entregó una balada sobre un criminal fracasado y una limpiadora depresiva que encuentran consuelo en su mutua desesperanza. ¿Feliz? Quizás. ¿Sincera? Absolutamente. Esa historia improbable dio forma a Mr. Luck & Ms. Doom, el álbum más completo de The Delines, una colección de relatos cruzados que recorren los márgenes de una Norteamérica que, con la llegada de tiempos extraños, parece tan perdida como los personajes que Vlautin tan bien conoce.
Desde su formación en 2012 en Portland, Oregón, The Delines han tejido un sonido único de soul-country retro, un espacio donde las narrativas de Vlautin —guitarrista y novelista— encontraron un hogar perfecto en la voz expresiva de Boone. Tras el éxito de Colfax (2014) y The Imperial (2019), y la tragedia personal que supuso el grave accidente de Boone en 2016, la banda regresó con fuerza en The Sea Drift (2022), un álbum impregnado de paisajes costeros y personajes al límite. Ahora, con Mr. Luck & Ms. Doom, no solo consolidan su lugar en la Americana contemporánea, sino que entregan su trabajo más ambicioso y cohesivo, una banda sonora para las vidas que rara vez protagonizan las canciones de amor.
El talento narrativo de Vlautin —ya demostrado en novelas como The Motel Life y en las canciones de Richmond Fontaine— brilla aquí con más fuerza que nunca. Si sus libros son historias de carretera despojadas de artificios, sus canciones son cortometrajes de tres minutos que, con la voz de Boone como narradora, capturan momentos fugaces con la precisión y crudeza de un relato de Raymond Carver. En Her Ponyboy, por ejemplo, Vlautin evoca la sombra de The Outsiders de S.E. Hinton para contar la historia de una joven pareja condenada desde el principio: “Ella dijo que él era su Ponyboy de la vida real, le dije ’Ponyboy fue hecho por una niña de dieciséis años’”.
La producción de John Morgan Askew —cuyo historial incluye a Neko Case, M. Ward, Margo Cilker y Alela Diane— aporta una profundidad cinematográfica al álbum. Los arreglos de Cory Gray —pianos eléctricos que flotan como humo de cigarro y trompetas que suenan como faros en una noche sin estrellas— convierten cada canción en un paisaje sonoro donde la melancolía y la belleza se mezclan sin esfuerzo.
El sencillo principal, Left Hook Like Frazier, golpea rápido y fuerte, como su título lo promete. Más veloz que la mayoría de las pistas del álbum, la trompeta de Gray y el piano eléctrico llevan el ritmo de esta historia sobre mujeres con el corazón roto que terminan atrapadas en situaciones aún peores. Boone canta con una resignación brutal: “Ella se enamoró de un hombre que tenía una tristeza que no podía vencer, pero ella le cuidó y aguantó tanto, que aún así le arrastró a las profundidades”. La voz de Boone —más expresiva que nunca— canaliza las historias de Vlautin con una ternura que nunca cae en la autocompasión, como si estuviera consolando a sus personajes mientras observa, impotente, cómo se destruyen.
Don’t Miss Your Bus Lorraine narra el regreso de Lorraine a casa tras tres años en prisión por delitos de marihuana, solo para descubrir que, mientras ella estaba encerrada, la hierba es ahora legal, pero su historial le impide encontrar un trabajo decente. En The Haunting Thoughts, el bajo inicial guía una reflexión sobre los miedos y arrepentimientos que acechan en las noches más silenciosas. Vlautin no ofrece redención, solo un reconocimiento honesto de que a veces lo más aterrador son los propios pensamientos.
Nancy & the Pensacola Pimp tiene la marca sureña de Bobbie Gentry, una venganza en forma de balada nocturna, mientras Maureen’s Gone Missing adopta un ritmo sesentero para contar la historia de una mujer que roba un alijo de drogas y desaparece de la faz de la tierra. El álbum cierra con Don’t Go Into That House Lorraine, donde Boone suplica repetidamente que Lorraine no cruce una puerta que promete más peligro que esperanza, dejando al oyente con una sensación de presentimiento de la que es difícil desprenderse.
Con Mr. Luck & Ms. Doom, The Delines no solo han creado su mejor álbum hasta la fecha, sino también un mosaico de personajes que, aunque derrotados, siguen buscando un lugar en un país que ya no sabe hacia dónde va. Vlautin, como Randy Newman o Tom Waits, no juzga ni romantiza a sus perdedores; solo les da una canción para cantar mientras buscan su próximo autobús a (parafraseando a Lobatón) quién sabe dónde.


