Stereolab / Instant Holograms on Metal Film (Duophonic UHF Disks/Warp Records, 2025)

Uno siempre se pregunta lo mismo al afrontar estas cosas: ¿Habrá merecido la pena la espera? Si una banda vuelve tras 15 años de silencio, se lo encuentra todo cambiado. Este ya no es su tiempo. Son reliquias de un pasado que, aunque sea reciente, hoy día es víctima de un ritmo vital tan vertiginoso como inexorable.

En el caso de Stereolab, tal incógnita fue despejada cuando hace un par de años se reunieron para hacer una gira durante la cual, quienes tuvimos la inmensa suerte de asistir, vimos cómo demostraban al mundo que no solo están en forma, sino que siguen sonando frescos, pletóricos y totalmente actuales. Fue el regreso por todo lo alto de un destello de luminosidad cristalina en tiempos tan oscuros y aciagos como los que vivimos.

La cuestión es si toda esa frescura podría trasladarse igual al formato disco. Y eso en caso de que Tim Gane, Laetitia Sadier y compañía tuvieran suficientes motivos para grabar y publicar un álbum hoy día, cuando eso está tan demodé. Sobre todo teniendo en cuenta que suficiente milagro había sido ya volver a juntarse tras la muerte de uno de sus pilares fundacionales, Mary Hansen, y claro, la ruptura sentimental entre Tim y Laetitia. Que el efecto Fleetwood Mac todo lo complica, ya saben.

No obstante, ha sucedido: Instant Holograms on Metal Film (como siempre, títulos facilitos de retener) es el undécimo disco de estudio de la banda franco-británica. Grabado en Londres bajo las órdenes del productor Cooper Craig (Cave, Bitchin’ Bajas), llega nada menos que tres lustros después que su antecesor, Not Music. Un disco que, no lo olvidemos, estaba compuesto de descartes de las grabaciones del anterior, Chemical Chords, así que podemos considerar que no se metían en un estudio juntos desde el año de edición de éste, 2008. Diecisiete años.

Y la sensación no solo es de como si no hubiera pasado el tiempo. Es más bien de renacimiento. Todo es nuevo aquí: las ganas, el entusiasmo, una querencia por la melodía pegajosa antes no inédita pero sí más espaciada, músicos con los que nunca antes habían grabado los miembros originales (entre ellos, nuestro valioso Xavi Muñoz)… en fin, que Stereolab es ahora ese niño pequeño resabiado porque tiene un hermano mayor que se lo enseña todo y que toma su camino haciendo uso de todo ese aprendizaje, pero sin que el tirar de lo aprendido se convierta en una costumbre ni en una rémora.

No hay más que escuchar Aerial Troubles, el sencillo con el que la banda presentó al mundo este disco el pasado abril, para entender que estamos ante los Stereolab de ahora. Unos clásicos, sí, pero también una banda que pisa la tierra con la misma firmeza que cuando se formó. Tema pop y pegajoso donde los haya, que inaugura el disco tras esa pequeña intro que es Mystical Plosives y da entrada a todo un tour de force que, a través de trece temas, nos garantiza todas las virtudes de este prodigio de banda, que siempre supo ser ajena a los dictados de cualquier tendencia, pero añade suculentas novedades al pastel.

Su personalidad intransferible es inevitable y palpable en cortes como Melodie is a Wound, Esemplastic Creepin Eruption o Flashes from Everywhere, pero encuentra nuevos caminos expresivos en impresionantes epopeyas como Immortal Hands, con unas progresiones absolutamente alucinantes; Electrified Teenybop y su techno colorista de juguete; o el paisajismo pop de Le Cœur et la Force.

Y es que Stereolab quizá hayan facturado aquí su ramillete de canciones más concreto y pop. Conservan sus atmósferas con olor a Neu!, los Beach Boys psicodélicos o Steve Reich, pero aquellas melodías circulares y triposas a las que nos tenían acostumbrados han virado hacia estructuras más cercanas a la convención, sin por supuesto perder ninguna de sus esencias. Sencillamente evolucionan y rejuvenecen ante nuestras orejas, perpetuando un idilio entre banda y audiencia que no parece vislumbrar el fin. Que así sea.