Es fácil encasillar a los actores que hacen música. Más aún cuando su rostro es tan reconocible como el de Stéfi Celma, que pasó de ser la encantadora recepcionista de Dix Pour Cent a una presencia recurrente en el cine francés y las producciones de Netflix. Pero si algo ha demostrado en su carrera es que el molde no es lo suyo. Ya sea en la pantalla o en un estudio de grabación, la francesa de raíces martiniquesas transita con naturalidad entre géneros y registros, con una versatilidad que se convierte en su mayor virtud.
Plurielles, su nuevo álbum, es un disco pequeño pero con hondura. No tiene la ambición de epatar ni el artificio de los grandes debuts. Su interés no está en la producción exuberante ni en la experimentación, sino en la sutileza. Como quien coloca con cuidado las piezas de un collage, Celma mezcla chanson, soul y cadencias caribeñas sin subrayados ni efectismos. La apertura, Plurielles (Intro), es un bello ejercicio de folk con aires mediterráneos, acompañado de un spoken word en francés que introduce el tono del álbum: intimista, elegante, sin aspavientos.
Luego llega Baltimore, que fluye con una sensualidad embriagadora, como si Brigitte Bardotse hubiera dejado llevar por los ritmos de la morna en una noche de verano. En el otro extremo del espectro está Minuit, la pieza más minimalista del disco, con una delicadeza instrumental que recuerda a René Aubry, pero con texturas africanas o caribeñas que le aportan un aire fresco.
Hay detalles fascinantes en cada rincón del álbum. Couleur incorpora coros deudores del soul más austero, de guitarra de palo y líneas vocales cálidas, mientras que Il faut vivre se desliza con una cadencia de rumba slow, casi hipnótica. Lo interesante no es tanto la mezcla de influencias –algo común en la música contemporánea– sino la naturalidad con la que Celma las hilvana. No hay aquí una intención programática, ni un “viaje sonoro” conceptual. Son canciones que simplemente coexisten con armonía, hermanando la chanson con los aromas del Caribe, la brisa del Mediterráneo y un soul de baja intensidad que actúa como barniz contemporáneo.
Pese a su aparente sencillez, Plurielles deja matices a cada escucha. Celma no imposta el tono de la “actriz que canta” ni se refugia en lo seguro. Su interpretación es lo que le da cohesión al conjunto, la clave que convierte un disco de piezas sueltas en un álbum de verdad. Y ahí está la diferencia. Plurielles no es un capricho de actriz ni un ensayo sonoro sin rumbo. Es un disco con voz propia, sutil pero firme, que confirma que la versatilidad de Stéfi Celma no es solo un rasgo, sino su manera de estar en el arte.


