Sosyete ’25 / Yaygara (Tru Thoughts, 2026)

Antes de que mi compañero y sin embargo amigo Juanjo Frontera haga el comentario inevitable sobre el nombre de la banda, conviene aclarar una cuestión de máxima importancia periodística. Sosyete ’25 son exactamente lo contrario de unos sosetes. De hecho, Yaygara podría figurar en algún manual imaginario sobre cómo fabricar un disco capaz de mejorar discretamente cualquier tarde situada entre finales de mayo y mediados de septiembre. Te lo pones junto a una piscina, en una terraza con sombra o durante esos trayectos absurdos en los que el aire acondicionado del coche libra una batalla desigual contra el verano, y terminas convencido de que eres una especie de triatleta turco con recursos ilimitados para afrontar cualquier desafío cotidiano.

El álbum llega firmado por tres músicos que conocen perfectamente el valor de las conexiones improbables. Merve Erdem, nacida en Estambul y afincada en Londres, aporta la voz y buena parte de la escritura; Paul Elliott, productor y multiinstrumentista criado entre estudios de grabación y sesiones de DJ desde la adolescencia, ejerce de arquitecto sonoro; mientras Glenn Fallows completa el triángulo desde Brighton con una sensibilidad melódica que mantiene todo unido incluso cuando las canciones parecen dispuestas a desviarse hacia territorios inesperados.

La presencia de Merve Erdem convierte inevitablemente a Kit Sebastian en el primer punto de referencia. Sería absurdo fingir lo contrario. Durante los últimos años aquel proyecto se ha ganado un lugar privilegiado dentro del pop psicodélico contemporáneo gracias a una combinación muy particular de melodías mediterráneas, imaginación cinematográfica y una mirada capaz de encontrar belleza en los detalles más pequeños. Parte de ese ADN continúa aquí. El fraseo en turco, la elegancia melódica y cierta manera de construir atmósferas reconocibles siguen presentes. Sin embargo, Yaygara no funciona como una prolongación de Kit Sebastian sino como una mutación.

Donde aquel proyecto tendía ocasionalmente a la contemplación, Sosyete ’25 prefieren el movimiento. Donde otros grupos contemporáneos convierten la psicodelia anatolia en una colección de estampas nostálgicas cuidadosamente barnizadas, este trío utiliza ese legado como un idioma vivo. Las canciones no parecen mirar hacia atrás. Parecen ocurrir ahora mismo.

La declaración de intenciones llega con Bilmece, una apertura magnífica construida alrededor del lotar de Dan Smith, instrumento de cuerda larga asociado a tradiciones turcas y balcánicas cuyo timbre introduce una ligera sensación de irrealidad. La canción gira alrededor de la existencia entendida como acertijo permanente, pero evita cualquier solemnidad académica. El misterio aparece envuelto en groove, que siempre resulta una forma bastante más agradable de enfrentarse a las grandes preguntas.

A partir de ahí, el disco despliega una secuencia casi impecable. Yaygara convierte el enamoramiento en una pequeña conmoción festiva sostenida por una línea rítmica irresistible. Oyun juega con el disco-funk y una cadencia contagiosa que recuerda que bailar sigue siendo una actividad infravalorada por determinados sectores de la población. Yanencuentra uno de los momentos más sensuales del álbum mediante guitarras líquidas, sintetizadores luminosos y una interpretación vocal que flota sobre la canción con absoluta naturalidad.

Lo admirable es la facilidad con la que conviven referencias muy distintas dentro del mismo universo. Se perciben rastros de Barış Manço, la sofisticación pop de Sezen Aksu, el pulso nervioso de ESG y Liquid Liquid, cierta tradición funk heredera de The Meters y la elegancia mediterránea de figuras como Mina o Piero Umiliani. Pero ninguna de esas influencias aparece subrayada con rotulador fluorescente. Forman parte del paisaje de manera orgánica, como conversaciones cruzadas durante una noche larga en algún punto indeterminado entre Estambul, Brighton y una pista de baile imaginaria.

La producción merece una mención especial. Los sintetizadores aportan profundidad sin ocupar demasiado espacio, las líneas de bajo funcionan como auténticos motores narrativos y las guitarras aparecen exactamente cuando hacen falta. Todo transmite una sensación de movimiento constante. Incluso los momentos más reposados conservan una energía latente, como si el disco estuviera siempre a punto de emprender un nuevo desvío.

En el tramo final aparecen dos de las mejores canciones del conjunto. Sevgi aborda la búsqueda del amor desde una perspectiva tan romántica como irónica, mientras Sev Deliceofrece un cierre exuberante que los propios músicos han descrito como el improbable resultado de una alianza entre Blondie y Barış Manço. Puede parecer una ocurrencia extravagante, pero la descripción resulta sorprendentemente precisa.

Quizá ahí resida la principal virtud de Yaygara. En una época particularmente saturada de grupos empeñados en recrear épocas doradas ajenas, Sosyete ’25 consiguen algo bastante más interesante: transformar una herencia cultural riquísima en canciones contemporáneas, ligeras sin ser superficiales y sofisticadas sin perder espontaneidad.

Pocas veces un disco entiende tan bien esa estación intermedia en la que la primavera empieza a rendirse y el verano todavía no ha tomado completamente el control. Ese momento en que el calendario afloja la corbata, los días se alargan y el cuerpo empieza a sospechar que quizá todo vaya a salir razonablemente bien. Yaygara pertenece exactamente a ese lugar. Y durante sus poco más de treinta minutos logra que cualquiera pueda sentirse, aunque sea por un rato, como ese triatleta turco imaginario dispuesto a cruzar la meta sin perder el ritmo.

Sosyete ’25 / Yaygara (Tru Thoughts, 2026)
Yaygara convierte el pop turco psicodélico en puro placer de temporada bisagra: sofisticado, bailable y con el punto justo de alboroto elegante.
8.5