Han pasado ya veinte años desde que Naturally salió a la calle, y la pregunta no es si ha envejecido bien, sino si alguna vez fue joven. Porque lo que firmaron Sharon Jones y su tropa en aquel segundo asalto con The Dap-Kings no es un disco que pertenezca a una época concreta, sino más bien un espejismo sonoro: soul hecho con las herramientas de otro tiempo, pero afilado con el nervio de alguien que se jugaba todo a una sola tirada.
El álbum se ha reeditado recientemente en versión instrumental (Naturally – The Instrumentals), dejando al descubierto la arquitectura de un sonido que parecía simple por su economía, pero que esconde una minuciosidad casi quirúrgica. Vuelve a sorprender que esta colección de temas haya salido en 2005, en plena era del MP3 recalentado, porque suena como si Booker T. & The M.G.’s, The JB’s y Martha & The Vandellas se hubieran pasado por Bushwick para grabar en el House of Soul después de un picnic.
Y ahí, en el centro de todo, Sharon Jones. Una mujer que pasó más de media vida esperando en la puerta trasera del negocio de la música hasta que alguien se atrevió a abrirla. Que trabajó como carcelera en Rikers Island mientras cantaba los fines de semana. Que grabó sus primeros hits rayados en vinilo cuando ya bordeaba los cuarenta. Cuando llegó su momento, no necesitó ni autotune ni nostalgia de escaparate. Solo necesitaba una canción, una base de vientos bien engrasada y su voz, que podía pasar de dulce a dinamita en menos que dura un soplido de saxo.
How Do I Let a Good Man Down? arranca el disco como quien entra de golpe en una sala llena de humo y trajes brillantes. Funk en su forma más apretada, con ese bajo que parece estar corriendo por una calle de adoquines. Luego viene Natural Born Lover, y el título ya dice bastante. Aquí no hay ironía ni doble lectura: es una declaración directa, entregada con una sonrisa torcida y la autoridad de quien ha estado sumergida en las historias de amor más pasionales.
Uno de los momentos clave llega con Stranded in Your Love, en la que Jones se bate en un duelo soul-teatral con Lee Fields, entre diálogos hablados, acusaciones, réplicas y una tensión que huele más a Dynasty que a Motown. Hay humor, sí, pero también una clase magistral de interpretación. Pocas veces un corte parece tan vivo, como si los músicos estuvieran improvisando delante de ti.
Y después está This Land Is Your Land, la vieja canción de Woody Guthrie convertida en una proclama callejera. En sus manos no es himno, es consigna. Y suena más pertinente en pleno siglo XXI que cualquier versión de colegio.
Naturally fue una reafirmación de que la música puede tener alma sin ser una reliquia. Que no todo lo viejo es vintage y no todo lo nuevo necesita disfrazarse. Es un álbum que aún se mueve como pez en el agua en una lista de reproducción surtida con tótems como Curtis Mayfield o Aretha Franklin, sin parecer un ejercicio de estilo.


