Shadow Girls: “Lo que más cala al final es la emoción”

web música
Charlie Mysterio y Jaime Cristóbal son Shadow Girls. Foto: José Carlos Nievas

‘Glorious flowers’ (Jabalina, 2018) es el primer capítulo de la historia de una amistad interprovincial, forjada a través del tiempo gracias a las canciones emocionantes y que cuenta en su reparto con forajidos de leyenda – entre sus surcos revive el espíritu outsider de Josetxo Ezponda, la sonrisa eterna de Roberto C. Meyer, o el dulce talante de Grant McLennan –  que Jaime Cristóbal (quien hace de interlocutor en esta entrevista) y Charlie Mysterio han tenido a bien compartir en un coqueto vinilo de 7″ (dentro de la colección Singularidades de Jabalina) que destila glamour en su estética y sabor terrenal en su sonido. Cuatro canciones repartidas equilibradamente entre versiones (‘Bachelor kisses’ de The Go-Betweens y ‘I fought the law’ de Sonny Curtis) y composiciones propias con las que este dúo tan singular agrega una muesca de oro a trayectorias paralelas que aúnan carácter multidisciplinar, ya que ambos hacen programas de radio, escriben artículos, componen y cantan canciones (Jaime Cristóbal con Souvenir y J’aime, Charlie Mysterio con Los Caramelos y Mysterio) y un talante artístico que opta por la vía libre y el gusto distinguido.

Flores, besos, novios… El léxico denota que Shadow Girls es un proyecto eminentemente romántico pero no exento de cierta dosis de veneno envuelta en caramelo.

Bueno, supongo que depende de la canción y del intérprete: mis “flowers” son puramente románticas, una canción de amor 100%, casi inocente, pero los caramelos de Charlie con frecuencia ocultan una corriente subterránea. En sus “flowers” percibo cierta melancolía quizá algo amarga, pero es mi interpretación. Sí que es cierto que en nuestro repertorio completo hay más sitio para todos esos matices, veneno incluido.

Portada de ‘Glorious Flowers’

El dúo parte de la conjunción de dos talentos dispares, que por desgracia no han tenido la relevancia comercial por separado que sin duda deberían. ¿Se trata de una dulce venganza?

Creo que ambos estamos ya de vuelta de esas cuestiones… Hacemos música porque no podemos no hacerla, va en la sangre, en la identidad. Es la identidad. Yo mismo me sorprendo un poco al ver que no habíamos grabado nada juntos en los casi 20 años desde que nos conocemos, aunque no es porque Charlie no hubiera insistido a lo largo del tiempo. Actuar juntos sí que lo habíamos hecho, en los 90 y después. Y creo que tuvimos química desde el principio, en el repertorio elegido y en la forma de complementarnos musicalmente. En mi leyenda particular la canción que nos unió fue ‘Rock and roll friend‘ de los Go-Betweens, que interpretamos juntos la primera vez que tocamos a dúo, un lejano otoño de 1999 en Pamplona. Así que más que una dulce venganza, es la dulce reivindicación, revisión, de una amistad de rock and roll, musical.

El hecho de rendir pleitesía a los ídolos es algo muy normalizado dentro de la cultura pop, pero aquí sin duda predomina el componente emocional. Desde el homenaje a Los Bichos hasta la genuflexión ante Forster & McLennan. 

Sí… uno admira a tantísimos músicos por diversas cuestiones, pero lo que más cala al final es la emoción. Y esos dos grupos que citas forman parte fundamental de la educación emocional de Charlie y mía. Genuflexión me parece una palabra muy acertada, porque realmente veneramos a los Go-Betweens y nunca faltan en nuestro repertorio. En el último concierto, en el que hicimos seis canciones, dos eran de ellos.

Shadow Girls. Foto: José Carlos Nievas

El encuentro entre los dos componentes surge de manera casi casual, a partir de una invitación doméstica y con los gustos musicales como punto de encuentro. Todo eso se percibe en el sonido de las canciones.

Pues como te comentaba antes, la cosa venía de largo, pero es verdad que hasta que Los Caramelos no desembarcaron en Pamplona hace un par de años no hubo oportunidad de encontrar un rato para grabar algo juntos. De la forma más natural, como dices una grabación doméstica con micrófono estéreo y sonido de estancia, como base para después añadir pequeños overdubs y detalles. Una forma muy bonita de trabajar que – te doy la razón de nuevo – informa el sonido del disco.

¿Para elegir las versiones hubo algún tipo de criba consciente o todo parte del azar?

El azar tuvo mucho que ver, porque simplemente grabamos algunas de las versiones que la noche anterior habíamos prácticamente improvisado en el escenario. Dio tiempo a esas dos y una que no pudo entrar por inacabada, la sublime ‘Don’t say he’s gone de las Shortcuts. Nos la guardamos para un futuro disco.

Resulta curiosa la elección de un sonido analógico y naturalista, a sabiendas de ciertas querencias por la incorporación de elementos electrónicos de diverso pelaje en más recientes vuestros proyectos originales. ¿Era lo que pedían estas canciones?

Juntos lo que nos sale de forma natural es actuar a dos voces y dos guitarras, así que nos dejamos llevar por eso. A mí me parece que le da mucha personalidad al proyecto, y lo distingue de esas otras facetas propias que comentas. Para mí lo más convincente fue que lo grabamos sin ningún afán particular de empezar algo nuevo y posteriormente, al escucharlo, coincidimos en que eso merecía la pena acabarlo y hacerlo público. Ahí nació realmente el proyecto.

‘I fought the law’ fue originalmente compuesta por Sonny Curtis de The Crickets, popularizada por Bobby Fuller Four y convertida en himno punk por The Clash. Vosotros la envolvéis en un cálido tono de calypso y aires hawaianos. ¿Una canción se convierte en eterna cuando sobrevive al tiempo cual John Lestat? 

Sin duda. No es que todo clásico tenga que resistir todo tipo de tratamientos necesariamente, de hecho algunos precisamente son in-versionables porque la original es la versión canónica e insuperable. En ambos casos, sin embargo, la supervivencia en el tiempo está asegurada. Temas como ese de Sonny Curtis sí que admiten muchos tratamientos, son excelente arcilla en las manos adecuadas. Las de Charlie lo moldearon en bella silueta hawaiana, dejándomelo en bandeja para añadir unas virutas metálicas de guitarra Resonator.

Respecto a las composiciones originales del disco, ¿eran temas que guardabais en el cajón para un momento apropiado o surgieron cual chispa tras un primer encuentro? 

Tienen diversas edades, pero sí que existían desde antes, y ha quedado claro que simplemente necesitaban encontrar el trozo del puzzle en el que encajar. Para futuras entregas estamos recuperando más material durmiente aunque también hay cosas nuevas.

¿El uso del inglés era lo más conveniente? ¿Hubiera sido demasiado aventurado intentar adaptar estas canciones al castellano?

Originariamente simplemente salió así, pero cuando se consolidó como proyecto supongo que mantuvimos esa línea más o menos de forma consciente. Imagino que Charlie está derivando a este proyecto material que ha compuesto en inglés, ya que sus otros proyectos suelen ser en castellano. Me hace muy feliz, porque tengo que decir que es un excelente letrista también en ese idioma, y era una pena que parte de esa producción tan fecunda y brillante suya no tuviese una salida tan clara por motivos lingüísticos. Sólo por eso ha merecido la pena el proyecto Shadow Girls.

¿Estas singularidades tendrán continuidad en el futuro?

Desde luego. Te diría hasta que tenemos ya repertorio de sobra para un álbum. Pero tendrá que llegar cuando nos encaje bien. En mi caso estoy enfrascado preparando un LP en solitario de J’aime, y Charlie está en varios proyectos muy candentes. Aún y todo nuestra forma de trabajar nos va a permitir ir avanzando poco a poco, como hicimos con las cuatro canciones de ‘Glorious flowers‘.

 

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *