Sean O´Hagan (The High Llamas): "Escribo música con un propósito: generar un cambio emocional en otra persona y explorar nuevas formas de hacerlo posible"

Alto Comisionado del Lamanismo

A lo largo de más de tres décadas, Sean O’Hagan ha hecho de la mutación su sello. Como líder de The High Llamas, ha trazado un camino inconfundible dentro del pop experimental: elegante pero juguetón, vanguardista sin perder la calidez. Desde los primeros trabajos de la banda en los 90 —donde el espíritu de Brian Wilson y los arreglos de Van Dyke Parks flotaban sobre un pop orquestal sofisticado— hasta la burbujeante electrónica de Hey Panda (2024), su sonido ha evolucionado sin traicionar su esencia. “Quería enviar un mensaje a mi generación. Estamos en nuestros 60, pero aunque hayamos vivido los 70 y los 80, no tenemos los derechos exclusivos sobre la originalidad”, nos dice O’Hagan en esta conversación. Su nuevo álbum, Hey Panda, es la prueba de ello: una reinvención en la que el hip hop, el R&B y la producción moderna conviven con su amor por los arreglos clásicos. La influencia de J Dilla, Tyler, the Creator y Sault se filtra en su trabajo con el mismo entusiasmo con el que en los 90 absorbía a Morricone, Nino Rota o Francis Lai. Pero en Hey Panda no solo cambia el sonido, sino también la voz. Cansado de la interpretación vocal más orgánica de sus discos anteriores, O’Hagan decidió convertir su voz en un instrumento más: “Fryars me enseñó cómo usar la voz como una textura adicional, y siempre he sido un gran fan de Curtis Mayfield y Smokey Robinson. Quería abrazar ese registro más alto e intentar alcanzar cierta espiritualidad”. Este espíritu inquieto también se refleja en su trabajo como compositor de bandas sonoras —como en Funny Pages (2022)— y en su rol como arreglista para otros músicos, como el español Wild Honey. La banda que lidera, con miembros que llevan décadas a su lado, también sigue explorando nuevos territorios: “Espero que estemos más allá de las cartas de amor al pasado. Hay demasiadas. El truco es asimilar la influencia de tal manera que no pueda confundirse con nostalgia”, afirma.En esta entrevista, O’Hagan reflexiona sobre el pasado y el futuro, sobre la dislexia como un motor creativo, sobre la viralidad de los pandas en TikTok y sobre cómo, en el fondo, sigue siendo el mismo músico que se pierde durante horas en el piano, dejando que la música marque el camino.

En tus primeros trabajos, el pop experimental parecía ser el epicentro de tu universo creativo, pero en Hey Panda, la música electrónica y el hip-hop —con J Dilla guiñando un ojo desde el más allá— se infiltran en cada rincón. ¿Te sientes más como un arqueólogo del sonido o como un alquimista que convierte loops y glitches en oro melódico?

Describirme como un alquimista y hablar de oro melódico es muy generoso y bastante divertido. Me encanta. La experimentación electrónica de los primeros años 90 era necesaria en aquel momento y se sentía fresca.Creo que algo de esa fusión electrónica europea acabó influyendo en el R&B moderno. Sin duda, esta generación de jóvenes artistas de hip-hop y R&B está creando el futuro. Así que quise, con respeto y reverencia, intentar captar un poco de esa emoción. También quise enviar un mensaje a mi generación: estamos en los sesenta, y aunque hayamos vivido los 70 y 80, no tenemos la exclusividad de la originalidad. La creatividad sigue adelante.

Has mencionado que las ideas suelen llegar cuando estás más relajado, como si la creatividad fuera ese amigo que solo aparece cuando no lo buscas. ¿Dirías que tu proceso creativo es una forma de mindfulness musical, o es más bien como olvidar las llaves dentro de casa y encontrar una melodía mientras esperas al cerrajero?

Pierdo las llaves en casa con bastante frecuencia, así que quizás sea más lo segundo. Mi familia siempre me dice que no sé relajarme. Las ideas también me llegan cuando camino solo durante largos paseos. Las grabo directamente en el teléfono. A veces intento imaginar los acordes y los articulo con la voz como si fueran arpegios. Si hay silencio a mi alrededor en casa, puedo perderme en el piano durante horas. Debo reconocer que esos son momentos realmente creativos y grabar cada idea que surge.

En Hey Panda, la voz parece trascender las palabras, convirtiéndose en un instrumento que desafía su propia naturaleza. ¿Conoces el trabajo de Gabriel Ríos, especialmente su álbum Flore (al que nos descubrió en estas páginas el también músico Alberto Montero)? Parece que ambos estáis en una misión secreta para convertir las cuerdas vocales en el nuevo sintetizador de bolsillo.

¡Guau!, tuve que escuchar Flore. Es un disco muy especial. Sigue su propia lógica y, como bien señalaste, la voz forma parte del arreglo casi como si fuera un sintetizador añadido. Me cansé un poco de la voz tan orgánica que usé en discos anteriores. Siempre disfruté de mi voz en unísono con la de Marcus, tenían una cualidad muy especial juntas. Pero las cosas deben cambiar. Trabajé con Fryars en God Melodies, y me enseñó a transformar la voz en un instrumento extra. También soy un gran admirador de Curtis Mayfield y Smokey Robinson. Quise abrazar ese registro más agudo y alcanzar una cierta espiritualidad. Además, contar con mi hija Livvy, la maravillosa Ray Morris y Bonnie “Prince” Billy en el disco aportó una diversidad vocal que … que disfruto enormemente. Gabriel Ríos es realmente un artista increíble.

El álbum también toca el tema de la fascinación por un panda de TikTok. ¿Crees que los pandas tienen un plan maestro para conquistar la industria musical, o simplemente son unos genios accidentales del marketing viral?

¡Oh, Dios mío! ¿Los pandas son realmente tan virales? Me pregunto si las llamas empezaron algo o si simplemente nos hemos fundido con el zeitgeist. Ahora que lo pienso, he visto muchas imágenes de pandas en la cultura pop asiática, y me parece fascinante. Me encanta el K-pop y el pop coreano. Me fascina cómo unas culturas absorben a otras y luego las reinterpretan para crear verdadera originalidad. Ese panda de TikTok era mi amigo.

Has mencionado en anteriores ocasiones que la dislexia influye en tu forma de pensar y comunicarte. ¿Sientes que esto ha moldeado tu música? ¿Escribir canciones es, en cierto modo, un acto de traducir lo inefable, de dar forma a lo que las palabras por sí solas no pueden capturar?

Creo que has entendido perfectamente cómo la dislexia moldea el pensamiento y la creatividad. En un mundo diseñado por los vencedores —esos que dominan y se sienten cómodos en el sistema académico—, la mente disléxica debe encontrar una ruta alternativa. Esa mente debe ser increíblemente creativa para demostrar que la inteligencia tiene muchas formas y colores. No quiero que esto suene a adversidad, pero podría entrar en una sala llena de académicos y sentirme intimidado, o podría entrar en la misma sala y tratar de cambiar la dinámica para que sea un entorno donde yo me sienta cómodo. Imagino que es una técnica de supervivencia.

Compusiste la banda sonora de Funny Pages (2022), una película tan peculiar como un sintetizador desafinado en una catedral. ¿Tu trabajo en el cine influye en cómo abordas las canciones de High Llamas, o mantienes esos mundos separados, como vinilos organizados por género?

Sin duda, en los años 90 mi obsesión con Piero Piccioni, Morricone, Nino Rota, Bernard Herrmann y Francis Lai influyó en los discos que hicimos. Me interesaba la repetición de temas y el uso de las cuerdas tanto como herramienta de experimentación como de emoción. Como sabemos, Morricone empezó como compositor experimental, luego se convirtió en un compositor pop y finalmente combinó ambas disciplinas en su trabajo cinematográfico. Esa fue una gran lección. Siento que la música de cine ha perdido su lugar especial dentro del mundo de la música alternativa. Por eso, trabajar con Owen Kline en Funny Pages fue un verdadero placer. Él sabía exactamente lo que quería de la música en su película. Ahora mismo, en Francia, Bertrand Burgalat está publicando música para la nueva serie This Is Paris o C’est Paris, creo. Es algo bastante especial.

Confeccionaste la estupenda recopilación de Louis Philippe (Sean O'Hagan Presents: The Sunshine World Of Louis Philippe). ¿Hay más proyectos como ese en el horizonte? ¿Te ves siguiendo los pasos de Bob Stanley, curando colecciones que parecen rescatadas de un universo paralelo?

Conozco a Louis Philippe desde hace muchos años y lo considero uno de los grandes compositores y arreglistas contemporáneos. Me encantó ayudar en ese proyecto. Bob Stanley ha creado su propio género como historiador cultural y escribe de manera increíble sobre una diversidad de sonidos. Su último libro sobre los Bee Gees es fantástico. Para ser honesto, creo que poca gente sabe quiénes son The High Llamas, más allá de un pequeño grupo de seguidores de culto. Sin embargo, he tenido la suerte de colaborar con publicaciones francesas, noruegas y algunas estadounidenses.Disfruto tratando de encontrar el motivo por el cual hacemos lo que hacemos.

¿Eres consciente de tu influencia en el pop contemporáneo? El último álbum de la banda francesa Biche o el trabajo del músico español Wild Honey ( con quien has colaborado en diferentes arreglos para canciones) parecen llevar ecos de High Llamas, como si hubieran tomado un rayo de sol de Gideon Gaye. ¿Te halaga o simplemente te da más hambre para seguir evolucionando?

Me encantó volver a trabajar con Wild Honey. Sus canciones son increíblemente gratificantes de arreglar. Tengo que escuchar a Biche ahora mismo. Creo que la influencia de The High Llamas en la cultura pop es más evidente en Francia, España, Noruega, Japón y Estados Unidos. En el Reino Unido, en cambio, tenemos muy poca repercusión. Por eso, siempre me sorprende cuando músicos reconocen lo que hemos hecho, y estoy muy agradecido y feliz de que nuestro trabajo haya encontrado un hogar en algún lugar.

En proyecto paralelos de miembros originales de la banda como el de Marcus Holdaway se fusionan también elementos digitales y artesanales. ¿Es esto un guiño al pasado o la prueba de que la nostalgia está sobrevalorada y lo realmente emocionante es asumir riesgos?

Creo que te refieres a la banda de Marcus, Colourway.  Marcus es una leyenda, un escritor increíblemente curioso. Espero que estemos más allá de las cartas de amor al pasado. Ha habido demasiadas. El truco está en asimilar influencias de tal manera que no puedan confundirse con nostalgia. Creo que Tyler, the Creator y Kendrick Lamar logran hacerlo. Usan el rap y los arreglos para modernizar sonidos históricos y convertirlos en el nuevo zeitgeist. Hay una artista joven llamada Lola Young. En su música hay momentos que recuerdan a Fleetwood Mac, pero ella es una chica del sur de Londres con mucha actitud. Sus canciones son increíbles piezas pop, bellamente construidas, pero con … un sonido inconfundiblemente londinense. Ese es un gran ejemplo de cómo absorber la belleza de un disco clásico y transformarlo en algo completamente nuevo.

Con más de tres décadas de música y 16 álbumes en vuestro bagaje, ¿qué mantiene viva la chispa? ¿La curiosidad, el aburrimiento o simplemente el hecho de que la música es el único lugar donde nadie te pide que actualices tu contraseña cada tres meses?

Esas constantes solicitudes para actualizar la contraseña son, sin duda, un reflejo de la imparable expansión de la experiencia digital humana. La dislexia en mi infancia me llevó a un espacio singular donde sentí una confianza rara: crear melodías en mi cabeza. Sin duda, la música es el lugar que me mantiene feliz y conectado conmigo mismo. Si hubiera sido educado en otra época, los problemas que tuve en la escuela habrían sido identificados, y creo que habría seguido otra profesión, como la arquitectura. Me fascina la arquitectura.Pero aquí estamos, y he tenido la suerte de disfrutar de la libertad de escribir música con un propósito: generar un cambio emocional en otra persona y explorar nuevas formas de hacerlo posible.

Trabajas tanto con equipos vintage como con software moderno. ¿Crees que la tecnología es una extensión de la narrativa humana o corremos el riesgo de que los algoritmos escriban el estribillo antes que el músico?

En cuanto a la inteligencia artificial, mi postura es clara: no dejes que la IA interfiera con la diversión. Cuando ya tienes la composición lista y quieres empezar a jugar y ser creativo, entonces sí, invita a la IA a participar en la experimentación. Pero el compositor debe seguir teniendo el control. Aunque todos odiamos las plataformas de streaming, sus algoritmos han permitido que muchas personas descubran nuevos mundos musicales. Y eso es algo positivo. Lo que no es positivo es la colaboración entre las plataformas y las discográficas para privar a los músicos de una remuneración justa por su trabajo. Eso es, en esencia, un crimen.

Próxima parada: España. No es una despedida, sino un recordatorio de que “la verdadera música no envejece; se transforma”. ¿Qué esperas descubrir en esta gira? ¿Quizás un nuevo ritmo en una conversación de bar o incluso un panda español (imposible olvidarse de Chu-Lin) de TikTok que inspire tu próximo disco?

La verdadera alegría de salir de gira es el espectáculo en sí y la oportunidad de conocer gente nueva, intercambiar ideas y hablar de cultura con personas fuera de tu entorno habitual. Me siento muy afortunado de vivir a solo unas horas de viaje de tres idiomas distintos y cinco culturas diferentes. Absorber todo esto es, en sí mismo, la vida.

Bonus Track (si hay tiempo): Si Hey Panda fuera una película, ¿sería un documental experimental, una comedia absurda o un videoclip de tres horas dirigido por un panda con gafas de sol?

Si Hey Panda fuera una película, creo que sería una comedia dramática. Tiene que haber comedia, pero a medida que envejezco, me siento más cómodo contando mi historia de vida a través de la música. Cuando era un compositor más joven, evitaba lo personal a toda costa. Ya no. Eso sí, el panda con gafas de sol dirigiendo la película definitivamente le añadiría un toque de calidad.


TRES DISCOS PARA CONOCER MEJOR A THE HIGH LLAMAS:


Gideon Gaye (1994) – La sofisticación del pop de cámara.

En un panorama dominado por el grunge y el britpop, The High Llamas se atrevieron a mirar hacia otro lado. Gideon Gaye es un artefacto sonoro que recupera el espíritu de Pet Sounds, pero con una sensibilidad más europea. Sean O’Hagan construye un universo donde la bossa nova, el folk británico y el pop orquestal conviven en armonía.Desde la melancolía de Checking In, Checking Out hasta la exuberancia instrumental de The Dutchman, el álbum despliega una paleta de arreglos en la que el vibráfono, el banjo y los coros etéreos son protagonistas. Aunque la crítica lo etiquetó como “pop de cámara”, O’Hagan siempre ha rechazado la idea de nostalgia: “El truco es asimilar la influencia de tal manera que no pueda confundirse con nostalgia”, nos dijo en la entrevista.Este álbum no solo anticipó el revival del easy listening, sino que demostró que el pop podía ser sofisticado sin perder frescura

Hawaii (1996) – La gran sinfonía tropical

Si Gideon Gaye estableció las bases del sonido de la banda, Hawaii llevó esa visión al extremo. Concebido como un álbum conceptual, el disco explora el nomadismo, el colonialismo y la fragilidad del paraíso. O’Hagan crea una sinfonía en la que los silencios son tan importantes como las notas, y donde cada acorde parece una postal sonora de un lugar imaginado.Entre guitarras de doce cuerdas, sintetizadores analógicos y meticulosos arreglos de cuerda, canciones como Nomads y Literature is fluff  muestran la obsesión de O’Hagan por las estructuras cinematográficas. Su fascinación por Morricone, Nino Rota y las bandas sonoras europeas de los 60 es evidente.Estuvieron cerca de colaborar con The Beach Boys, pero el proyecto nunca se concretó. Sin embargo, Hawaii dejó una marca indeleble en músicos como Sufjan Stevens y Fleet Foxes, quienes heredaron su amor por la orquestación meticulosa.

Hey Panda (2024) – La reinvención electrónica.

Después de años perfeccionando su pop de cámara, O’Hagan decidió romper el molde. Hey Panda es un disco en el que la voz se convierte en un instrumento más, la producción se moderniza y el Auto-Tune es un gesto subversivo. “Me cansé de la voz orgánica que usé en discos anteriores”, admite O’Hagan.La influencia del hip hop y el R&B contemporáneo es innegable. J Dilla, Tyler, the Creator, Sault y Steve Lacy se filtran en un sonido más sintético, pero igual de lúdico que en sus inicios. En este proceso, O’Hagan se rodeó de nuevas voces: su hija Livvy O’Hagan, Rae Morris y Bonnie ‘Prince’ Billy aportan una diversidad vocal que eleva el disco.Si bien Hey Panda puede descolocar a los seguidores de la etapa más orquestal de la banda, es la prueba de que The High Llamas siguen mirando hacia adelante. Como nos dijo O’Hagan: “Aunque hayamos vivido los 70 y los 80, no tenemos los derechos exclusivos sobre la originalidad”.