Saul Adamczewski.

Saul Adamczewski ha sabido sacarle partido creativo a la ya cíclica y consabida historia de “miembro de grupo de rock toca fondo por culpa de sus excesos y es expulsado de la banda temporalmente para que recapacite sobre ello”. El guitarrista de los británicos Fat White Family fue relegado temporalmente de su puesto allá por noviembre de 2015 a causa de su adicción a la heroína y durante un periodo de marejada post-tormenta con sede en París sacó arrestos para grabar con métodos rudimentarios, véase un iPhone como soporte y un teclado barato y una máquina de Karaoke como recursos estéticos una serie de versiones de sus canciones favoritas. “Si ahora mismo saliera a cantar a un Karaoke esas serían las canciones que estarían en mi wishlist“. Un repertorio alejado del mantra kitsch y populachero que suele nutrir las listas de melodías que pululan en estas orquestas que tocan en vacío y con las que cualquier ciudadano de a pie puede dar rienda suelta a su más o menos acertado talento vocal. Tonadas oscuras y melancólicas, baladas sobre la ambigüedad, la depresión y el hastío que conviven con una rudimentaria instrumentación cercana a la “música de juguete” aunque a la par poco alejada de las baladas de estetas de la cacharrería como Sean Nicholas Savage.

Portada de ‘Karaoke for One. Vol 1’.

El artefacto en sí mismo lleva el nombre de ‘Karaoke For One. Vol 1‘ (Fat Possum Records, 2018) y según Saul Adamczewski “mi discográfica me lo propuso y a mi me pareció OK, así que dije sí“. Aunque el asunto parte de una trastienda importante: tras registrarlo en 2015, subió estas canciones a Bandcamp y prácticamente acto seguido se olvidó de ellas. Fue la insistencia de un tal Jason Pierce (Spiritualized) lo que indujo a Fat Possum a poner en marcha los mecanismos propios de la industria: disco grabado en (relativas) mejores condiciones, edición cuidada, portada llamativa y promoción relevante. Aquí es donde entró en juego la banda paralela de Saul, los fabulosos Insecure Men, ya que dos miembros de ésta, Marley Mackey y Joe Isherwood, aparecen en escena para ayudarle en las tareas de producción. Una mecánica que difiere del trabajo de una banda de pop, pero sin dar pie a que el músico británico deje de estar interesado en las vicisitudes que ello conlleva. “Sigo siendo miembro de bandas y estoy muy interesado en sus mecánicas”, observa el ya recuperado para la causa componente de Fat White Family.

Ben Romans-Hopcraft y Saul Adamczewski son Insecure Men.

Insecure Men es el proyecto que lanzó a principios de 2018 junto a su compañero de colegio Ben Romans-Hopcraft, banda que se dio a conocer con un disco homónimo, también bajo el manto de Fat Possum, y donde la música exótica arrastrada, el pop turbio y excitante y las maneras de crooner lisérgico de un Adamczewski en estado de gracia dieron lugar a uno de los trabajos más originales y disfrutables que podrán ser escuchados de arriba a abajo en estos tiempos de fast food y saltos de tracks en tracks.

En un principio, ‘Karaoke For One. Vol 1‘, deviene en una bifurcación sonora en el trayecto de Insecure Men, pero no se trata de un mero capricho sonoro de Saul Adamczewski.No sé que quieres decir con capricho sonoro, pero estas canciones están cantadas por mis héroes”, advierte. Bruce SpringsteenThe Pogues, Van Morrison… todos nombres estelares que atesoran himnos universales. Sin embargo, el británico picotea en sus canciones más melancólicas, ambiguas o taciturnas: la enfermedad y la injusticia en las calles de Estados Unidos, ‘Streets of Philadelphia‘, baladas tabernarias que recorren el lado mugriento de la vida, ‘A rainy night in Soho‘, la ambigüedad (nunca del todo explicitada) de ‘Madame George‘…”Sí, quizás es así, ahora que lo dices…Estoy de acuerdo“. A su vez, echa mano de autores más de culto, quizás oscuros, y con una trayectoria vital errática y, hasta cierto punto, desesperada, como Abner Jay y su Im so depressed. Un título que quizás refleje el estado emocional de Adamczewski tras su agrio noviembre de 2015. “Cierto, es así. Bien visto”, admite. También reivindica a su manera a un autor que está reflotando inesperadamente su imagen, gracias al audiovisual, como es Blaze Foley, del que espera no se pierda el halo mítico que ha llegado a adquirir su figura, sobre todo a partir de la revisión de su obra que a bien seguro surgirá tras el estreno del biopic que ha dirigido Ethan Hawke.

En cierta manera, este paseo destartalado y ambiguo por el lado duro de la vida, tocado por el donaire de lo imperfecto – “siempre he detectado el encanto en la imperfección y me alegro de estar a la altura de mis estándares imperfectos” -, tiene su punto de apéndice curativo, casi como un juego no exento de humor – en las canciones hay interrupciones bruscas, exabruptos, voces de claqueta – que compatibiliza su existencia con el barroquismo excelso del disco de debut de Insecure Men.

Dos caras de una moneda, en las que ‘Karaoke For One. Vol 1‘ toma partido como una pequeña y semi desnuda opereta balsámica, “No lo había pensado. Pero resulta francamente agradable que lo consideres así“; aunque, tal y cómo explica su autor, las intenciones andan muy lejos de la ironía: “No, no se trata de algo irónico. ‘Karaoke para uno mismo’ tiene como connotación el hecho de “estar sólo” y, respecto a la propia palabra karaoke, a su etimología; ésta significa “orquesta vacía” en japonés, tal y como me dijo un hombre inteligente. Así pues, se trata de algo hecho desde una naturaleza melancólica y sin ninguna intencionalidad irónica”. Lo que ciertamente descoloca es la imagen de Rasputín en la portada, controvertido sanador y místico e influyente manipulador de conductas ajenas, un personaje histórico que nada tiene que ver con un hombre inseguro que retoma las riendas de su vida tras una época de incertidumbres y anomalías. “Él parece estar realmente bien. Aparenta estar tan lejos de la idea de un club de Karaoke que uno pueda tener… esa es la realidad”

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