Saluti Da Saturno. Foto: Manuel Palmieri

Cuando mi amigo Luigi Mastrogiulio me hablaba acerca de las excelencias de Saluti Da Saturno, el proyecto personal del otrora batería de la banda de su admirado Vinicio Capossela, no podía imaginar el efecto que sus discos iban a tener sobre mi perfil de oyente ávido de sonidos mediterráneos. Las canciones de Mirco Mariani, alma mater de Saluti Da Saturno, suponen una reinvención acertadísima de la música popular italiana y el reflejo de unas tonadas que destilan emoción, humor y melancolía y que se actualizan con puntuales dosis de surrealismo y experimentación. Un verdadero soplo de aire fresco que, reforzado por la inimitable personalidad de Mariani y conjugado por la estrecha colaboración de sus músicos habituales y de totems de la talla del propio Capossela, Arto Lindsay o Mitchell Froom, conforman el universo de uno de los proyectos más excitantes de la música popular actual, tal y como comentábamos previamente en otro artículo de esta revista. En la reseña de Shaloma Locomotiva (Labotron, 2014) que publicó Jenesaispop, Carlos Úbeda manifestaba que “Con todo, el resultado (del disco) es de lo más coherente y ratifica a Mirco Mariani como la figura a seguir dentro de la nueva canción pop italiana” y, efectivamente, en esta agradable y entretenida conversación con el boloñés, certificamos los entrañables rasgos de genialidad que pueden ser percibidos en sus maravillosas canciones.

Traducción: Elena Jimenez Fernández

Has formado parte en discos y giras de músicos ilustres como Vinicio Capossela o Enrico Rava. ¿Cómo fue aquella experiencia?

Han sido las dos experiencias que más me han influenciado y que han contribuido a crear mi mundo musical. Enrico Rava me ha enseñado la libertad, la improvisación y sobre todo a entender bien las reglas para después romperlas y este aspecto es lo que más me interesa trasladar a Saluti Da Saturno. Con Vinicio Capossela, en cambio, he aprendido la importancia de la estructura de una canción y vivir el escenario como un ring romántico donde los músicos y el público son los protagonistas, donde la emoción y la participación es de todos.

Saluti da Saturno. Foto: Manuel Palmieri
Saluti da Saturno. Foto: Manuel Palmieri

También estuviste involucrado en dos bandas muy interesantes: Mazapegul y posteriormente Daunbailò. ¿Qué te llevó a formar Saluti Da Saturno? ¿La necesidad de encontrar un vehículo de expresión más particular?

Saluti Da Saturno siento que es como mi verdadera primera banda. Es el primer proyecto donde además de escribir la música me he ocupado también de escribir las letras. Las historias que cuento son a menudo surrealistas, pero hay siempre algo que forma parte de mi vida real y privada, es por eso que lo siento todavía más mío. Con Mazapegul he tenido mi primera experiencia escribiendo música y adaptando temas, y quizás de ahí es de donde me ha nacido la pasión por la combinación de sonidos y la curiosidad por crear nuevas soluciones sonoras. Es un poco como el primer amor, no se olvida nunca.

¿Cómo definirías a una ‘Flexible orchestra da pianobar futuristico electromeccanico’?

La sorpresa de no saber con qué tema empezar un concierto es mi idea de música no organizada a pesar de estar estudiada al milímetro. A menudo son los locales y el público quienes inconscientemente se convierten en directores de repertorio. Es la idea de dejar mucha libertad y flexibilidad de duración y ejecución de un tema, siempre permaneciendo en la estructura de la canción donde pueda convivir un free jazz radical con una melodía suave y susurrada más romántica.

Las historias que cuento son a menudo surrealistas pero hay siempre algo que forma parte de mi vida real y privada

En tus primeros discos destaca la colaboración como cantante de Vinicio Capossela en temas como ‘Luce’ o ‘Casa’. ¿Considerabas que era la voz apropiada para esos temas? ¿Ayudó a popularizar tus canciones?

En ese momento no me di cuenta. Me parecía natural después de tantos años de trabajo conjunto colaborar juntos con papeles invertidos también sobre mi proyecto. Tenemos tantas cosas en común incluso fuera de la música, como la pasión por el cine y también una estética compartida por muchas cosas. Todo esto nos ha formado y unido por mucho tiempo. He vivido experiencias inolvidables y bonitos momentos de amistad por los que le estaré siempre agradecido.

¿Nos puedes decir quien es la Anna de ‘Parlare con Anna’ (Goodfellas, 2010)?

Anna es la persona que apoya y alimenta ésta que es mi pasión y es la primera persona que cree en mis ideas, incluso las más locas. Es también la primera persona que escucha mis trabajos y los filtra, creo que refuerza mucho mi trabajo. En fin, es una persona verdaderamente especial para mí.

¿Por qué elegiste ‘Valdazze’ (nombre de una localidad de Pieve Santo Stefano) para tu segundo disco?

Valdazze es ese lugar misterioso que en los años 60, en el período de oro para la música italiana, trató de salir a la luz para acoger en un solo pueblo cantantes y músicos. El proyecto falló pero ha quedado vivo tras las calles del aquel lugar surrealista y espíritu abandonado. De vez en cuando me gusta ir allí para imaginar y soñar cosas que nunca existieron, que se perciben en el aire, como un bonito sueño que no se ha realizado, y me parecía justo homenajear este lugar con una canción que da el título al álbum.

La base de mis letras tiene el deseo de recoger pequeños fragmentos de vida. Me gusta crecer y moverme sobre letras sencillas de canciones allí donde a menudo la sencillez se hace compleja

¿Las letras de las canciones las escribes todas tú? ¿Qué te inspira?

Sí, las escribo yo. Primero nacen las canciones, luego poco a poco las canciones crecen a través de una reunión de notas y matices, se enciende una chispa que da inicio a una historia que muchas veces ni yo sé donde me llevará… A una historia real o a algo que desde la realidad y desde un pequeño detalle da vida como partículas de polvo que enrollándose se engrandecen y se construyen en torno a su historia.

¿Cómo es el proceso compositivo? ¿Primero la música y luego la lírica?

La base de mis letras tiene el deseo de recoger pequeños fragmentos de vida. Me gusta crecer y moverme sobre letras sencillas de canciones allí donde a menudo la sencillez se hace compleja.

En ‘Dancing Polonia’ (Goodfellas, 2013) hay un giro hacia el pop en tus canciones. ¿Algo premeditado o surgió así durante la grabación?

Efectivamente, ‘Dancing Polonia’ es diferente a los otros, nacido en un momento donde sentía fuertemente la exigencia de un cambio de dirección sin saber ni siquiera yo cual sería el camino correcto a seguir. Esto puede ser su belleza y su límite. Lo único que tenía claro en mi cabeza era acercar y convivir mundos musicales muy alejados como el free jazz de Ornette Coleman, una música imprevisible y llena de rincones ocultos, con Secondo Casadei y el espíritu de la música folklórica de mi tierra de la Romagna, que desprende olor de algodón de azúcar, las sombrillas de la rivera y los tiovivos volantes de Fellini. Este experimento ha sido fundamental para poder dar vida a otro impulso musical en el que estoy trabajando justo en estos días y que lo siento más centrado y definitivo.

Destaca la colaboración en este disco de Arto Lindsay. ¿Cómo contactaste con él?

Massimo Simonini, nuestro thereminista, lo invitó hace años a Italia a tocar en el festival Angelica del cual es director artístico. Cuando contactó con él, enviándole los temas que quería que tocara en el disco, aceptó al momento. Para mí fue como recibir un tren inesperado cargado de satisfacción. Realicé un sueño tocando junto a uno de mis músicos preferidos. Después quedamos en Bolonia y estuvimos un tiempo en el Labotron donde pude verle de cerca y aprender muchas cosas sobre el uso de la guitarra eléctrica que amo tanto. De broma le dije también que tuviera cuidado porque estaba estudiando para convertirme en el Arto Lindsay italiano y le podía hacer competencia… pero él no se lo tomó como una broma, y me explicó varias cosas, me desafinó la guitarra y me acompañó a un negocio de instrumentos para seleccionar los pedales apropiados y una vez de vuelta me dijo: “Mira, ahora puedes hacer de Arto Lindsay italiano”. (Ríe)

Para mí fue como recibir un tren inesperado cargado de satisfacción. Realicé un sueño tocando junto a uno de mis músicos preferidos (en referencia a Arto Lindsay)

El Labotron ha tenido mucho peso en la concepción de ‘Shaloma Locomotiva'(Labotron, 2014). ¿Nos puedes comentar de qué se trata? ¿Un estudio de grabación que es a su vez sello discográfico?

El Labotron es principalmente un laboratorio para la investigación y desarrollo del sonido donde se buscan nuevas soluciones y combinaciones entre instrumentos pocos usados y a veces también olvidados como los primeros sintetizadores, Ondiolina y Ondas Martenot hasta la Glass Harmónica, Mellotron, Optigan, Celesta y otros instrumentos de maravillosa sonoridad. Pero sobre todo es mi sala de juegos y el lugar donde diariamente descubro la infinita belleza del sonido de mis instrumentos.

¿Tus próximos discos van a ser grabados de la misma forma?

Sí, creo que de esta sonoridad y de estos instrumentos ya no me cansaré nunca. Quizá se reúnan con nuevos amigos y se crucen con géneros musicales diferentes pero siempre serán parte fundamental de mi orquestación.

En ‘Shaloma Locomotiva’ versionas clásicos de la música popular italiana junto con canciones como ‘Besame mucho’ o la mexicana ‘La Paloma Blanca’? ¿Cómo concebiste este disco?

Este disco nace de una solicitud de un concierto sobre mi autobiografía musical: los temas que han marcado mi recorrido y mi crecimiento musical. Este concierto se ha transformado de una manera totalmente espontánea en un disco relámpago, pensado y terminado en el plazo de una semana.

¿Cómo fue la experiencia con la ‘Shaloma Locomotiva Orchestra’?

La más hermosa de mi vida por dos motivos: el primero porque he realizado el sueño de ver todos los instrumentos de los que te hablaba antes juntos en un único escenario, tocados por grandes maestros. Segundo, he tenido la suerte de poder compartir escenario y días inolvidables con el músico más grande que he encontrado hasta hoy, Mitchell Froom, que además de haberme enseñado casi todo y haberme contagiado la pasión por el Mellotron incluso se ha superado demostrándome una humanidad, modestia y ganas de música totalmente extraordinaria. Una prueba de sensibilidad musical y humanidad que nunca olvidaré.

Estáis sumergidos en una gira por Italia que está teniendo bastante éxito. ¿Tenéis previsto presentar vuestra música fuera del país?

Me gustaría mucho también porque después de haber hecho giras en otras naciones, he tenido siempre la sensación de que mi música quizás sea mejor entendida en el extranjero que en Italia. Pero quién sabe, quizás sea el típico lamento del lugar en el que se vive.

Tu último disco con canciones originales es de 2013. ¿Vas a editar material nuevo pronto?

Saluti Da Saturno. Foto:  Manuel Palmieri
Saluti Da Saturno. Foto: Manuel Palmieri

Justo en estos días estamos ultimando las grabaciones del nuevo disco con el cual estoy muy contento porque vive de una ligereza en gran contraste con la pesadez del vivir en Italia hoy en día. Lo percibo como un disco útil, una necesidad. Te puedo anticipar que será un disco “eXtraLiscio” y que si te parece bien te lo mandaré con mucho gusto como preestreno en cuanto se terminen las grabaciones.

Me parece perfecto.

1 Comentario

Opina

Escribe tu comentario
Por favor, introduce tu nombre