Saint Etienne / The Night

A lo largo de su trayectoria, Saint Etienne han sido muchas cosas: cronistas pop del sur de Londres, arquitectos de pistas de baile bañadas en melancolía y evocadores de paisajes sonoros saturados de memoria. Con The Night, el trío liderado por Bob Stanley, Sarah Cracknell y Pete Wiggs desciende a un terreno más espectral, menos definido. Es un trabajo que, sin romper completamente con su pasado, redibuja el perímetro de lo que significa ser Saint Etienne en 2024. Para los devotos que llegaron al grupo buscando el brillo del pop azucarado y el groove bailable, este álbum puede resultar desconcertante; pero para aquellos dispuestos a escuchar con atención, a entregarse al flujo etéreo que propone, The Night es una experiencia que recompensa con una riqueza más sutil.

Grabado en su mayoría en sesiones en vivo en el estudio, The Night es un artefacto íntimo, casi privado. Si su predecesor, I’ve Been Trying to Tell You (2021), era un collage de samples y atmósferas que evocaban una nostalgia diluida en la neblina, aquí los contornos son más nítidos, aunque igual de frágiles. Este es un álbum que se mueve sinuosamente, deslizándose entre lo ambiental y lo lírico, con canciones que a menudo se desvanecen en el aire justo cuando parecen tomar forma. Es un disco que respira en sus pausas. Las transiciones habladas, como en “Ellar Carr” o “Through the Glass,” no funcionan tanto como interludios, sino como puntos de inflexión, una voz que susurra al oído antes de que la música vuelva a apoderarse del espacio. Estas piezas no buscan ser narrativas, sino estados de ánimo. Lo mismo ocurre con “Celestial,” una pista que bien podría ser un puente hacia un mundo onírico al que nunca terminamos de llegar.

Y, sin embargo, hay canciones aquí. Aunque esquivas, aunque imprecisas, las hay. “When You Were Young” pulsa con una nostalgia que parece surgir desde algún rincón olvidado, mientras “Alone Together,” que cierra el álbum, es una meditación tranquila que apenas necesita un estribillo para decir lo que quiere. Quizás el punto de mayor ambición del disco es “Preflyte,” una pieza que combina una inmensidad ambiental con la insinuación de un coro que nunca termina de cristalizar. Es un recordatorio de que, aunque Saint Etienne siempre ha sido un grupo hábil para escribir himnos pop, aquí su misión es distinta: no dar respuestas, sino abrir puertas.

The Night es un álbum que parece hecho para escucharse solo, a oscuras, con unos auriculares que te aíslen del mundo. Es paradójico, sin duda, que un grupo liderado por alguien como Bob Stanley, cuyo amor por el vinilo y los formatos físicos es casi dogmático, haya tramado un trabajo que demanda ser consumido en la era digital. Este no es un disco para colocarlo en el plato giratorio y dejarlo llenar la habitación; quizás es un álbum diseñado para escucharlo en un espacio privado, entre las horas de vigilia donde la mente divaga y las líneas entre el pasado y el presente se emborronan. Su recompensa parte del desafío, retando desde su negativa a ser categorizado o reducido a un solo estado de ánimo. Saint Etienne ha creado un trabajo que no mira hacia las pistas de baile del pasado, sino hacia un horizonte difuso y cambiante, un espacio donde la memoria y el presente se entrelazan en formas inesperadas.