Roserona: "Siempre he creado desde la intuición sonora"

El Tiempo del Amor. Foto: Maria Roca Sastre

Las reglas cambian, aunque nadie lo anuncie. Crecimos creyendo en lo eterno, en la urgencia del deseo, en el vértigo de los primeros desengaños, convencidos de que el juego tenía unas normas fijas. Pero un día te das cuenta: no las tiene. O peor aún, sí las tiene, pero son de plastilina. Roserona parece haber llegado a esa revelación con Caro Diario, un EP que destila emociones con maneras de estándar de jazz y la cadencia reposada de la chanson, donde el desamor no se llora, sino que se observa con distancia, como quien revisa emails antiguos sin decidir aún si los va a borrar o a guardarlos en el servidor un poco más. Hay algo en su manera de cantar que esquiva el subrayado, que deja la melodía flotar en una clave baja, permitiendo que la gravedad se filtre poco a poco. No es música de exaltación ni de caída libre: es el sonido de quien se ha acostumbrado a leer entre líneas. Entre inglés y catalán, Caro Diario es un reflejo de esa comunicación esquiva, de lo que se dice y lo que no, de lo que se comprende y lo que se pierde en la traducción. Hasta ahora, su trayectoria ha preferido la síntesis: canciones que visten de corto, ideas que no se prolongan más de lo necesario. Pero, y aquí pedimos disculpas por el pequeño spoiler, parece que un LP asoma en el horizonte. Si llega, será a su ritmo, sin prisa, sin rimbombancias. Porque al final, todo esto —la exaltación, la inocencia, la urgencia y sus trampas— no es más que parte del juego. Y Roserona ha aprendido que jugar no significa seguir las reglas, sino saber cuándo cambiarlas.

¿De dónde viene Roserona? No solo en el sentido geográfico, sino también en lo artístico. ¿Cuál ha sido el camino que te ha llevado hasta aquí?

Empecé a cantar con 15 años y a probar de tocar canciones con la guitarra a través de webs como GuitarTuna. De pequeña, en casa se nos había fomentado muchísimo las artes, pero justamente la música era algo en lo que no me había formado nunca. No sé muy bien cómo ni por qué, empecé también a probar de hacer pequeñas composiciones con pequeñas letras. En 2021 ya empecé a buscar productores e intentar que lo que hacía tomara otra dimensión. Así fue cómo saqué mi primer single y después mi primer trabajo, Ombres d’amors perduts, que fue de composición cooperativa con su productor Biel Colomer y Miki Lloret de Massaviu.

Entre tu yo de Sorrasoliagua y el de Caro Diario, ¿qué ha cambiado? ¿Sientes que hay una evolución clara en tu manera de componer y entender la música?

Con mi nuevo trabajo, Caro Diario, buscaba justamente demostrarme que podía componer algo por mí sola (como hacía con 15 años). Junto a la producción de Galgo Lento y la interpretación de algunos amigos músicos, se terminó de dar forma a mis temas. Igualmente, ahora me estoy intentando formar en piano y lenguaje. Siempre he creado desde la intuición sonora y me ha funcionado, pero siento que me faltaban recursos para poder plasmar todos los sonidos e ideas que me imagino. Creo que en este último trabajo se nota mucho que la voz es mi instrumento principal y con el cual me imagino todo. También (creo) que se nota simplemente que me he hecho mayor y he aprendido, en general, a aceptarme, respetarme y moverme por el mundo. También que me he aferrado a mi intuición intentando ignorar el síndrome del impostor que siempre me ha acechado, y abrazando mis limitaciones técnicas o de conocimiento. Por último, escoger un buen equipo es clave. Galgo Lento ha sido clave para trabajar los temas en un espacio de comodidad, confianza y respeto. Lo mismo con las fotos/portada de Maria Roca-Sastre y trabajar con mi sello discográfico Vida Records.

El disco es claramente confesional, pero como en la película de Moretti, se percibe cierto humor sutil y soterrado. ¿Estoy en lo cierto? ¿Cómo logras ese equilibrio entre la emoción y la ironía?

Así es. Me gusta jugar con esta dualidad, aunque a veces no me doy cuenta hasta después. Creo que se nota especialmente en Marlborowinston, con la ironía detrás de la aliteración “i tu fumant”, que toma muchísimos significados a la vez. Aun así, en otros temas no hay humor para nada. Se puede percibir también ese regusto amargo de la incomprensión vital y personal que incomoda y que, en cierta manera, cuestiona la seriedad de todo. Como es en el caso de Tot va perfecte, entiendo que el llanto combinado con el canto se pueda percibir como irónico incluso. Lo que es seguro es que incomoda, y eso me gusta.

Ese trueque de idiomas en la canción titular, con el estribillo en inglés y el cuerpo en catalán, ¿es solo una cuestión estética o hay una intención detrás? ¿Podría ser una manera de reflejar esos “perdidos en la traducción” que a veces ocurren en la comunicación entre iguales?

Aquí se mezclan distintas razones. Por un lado, muchas veces es fruto de la espontaneidad. A veces hay melodías que me invento en un idioma o en otro, después las traduzco o viceversa. Pero también es un poco intencional, en este tema en concreto se establece una conversación con el “sí mismo”, a través del diario (¡claro!). Me gusta el juego de la tercera persona, para tomar distancia de la realidad que se está viviendo, reforzándolo con la lengua también. Son dos voces: la que es en inglés habla a alguien diciéndole que no vuelva con ese hombre y cuántas veces se puede hacer daño con él, mientras que la que es en catalán nos retrata un cuadro, una situación “objetiva” de los hechos que la chica vive. Esta forma de escribir es para simular el proceso psicológico que puede tener escribir en un diario.

El sonido de Caro Diario es muy elegante; en la nota de prensa mencionan a Françoise Hardy o Alice Phoebe Lou. Pero en canciones como Marlborowinston hay un aroma evocador a estándar de jazz. Parece que te va la música sutil, en clave baja… ¿o en realidad escuchas de todo?

¡Muchas gracias! Que se describa con “elegante” me hace muchísima ilusión. Pues la verdad es que escucho bastantes cosas. Sí, tiro mucho por lo sutil, tranquilo, etc., y es algo que va mucho con mi personalidad.

Pero gracias a Dios, hay música para todos los momentos y energías posibles, así que también me puedes ver escuchando y bailando (porque me encanta bailar) artistas como Mushka, Bad Bunny, Bad Gyal, Doechii, Tyler, The Creator, Lewis Ofman, Nathy Peluso, Ralphie Choo, etc.

Tu forma de afrontar la canción me recuerda a otro músico en catalán, Barbacoa (no sé si le conoces), quien en una entrevista me dijo: “Nadie te enseña a adentrarte en la edad adulta, y mientras lo haces te das cuenta de que está todo cargado de un imaginario completamente falso”. ¿Estás de acuerdo?

¡Ostras! Pues no lo conozco (¡tendré que escucharlo!). Pero sí, me adscribo a esta afirmación. En general, creo que nos enseñan a hacer pocas cosas, y justamente a hacernos mayores es algo que nos mitifican a la vez que lo cargan de miedo. Todo el mundo quiere quedarse joven para siempre, o al menos a nivel cultural y de redes, es lo que se nos vende. Lo mismo con el amor, nadie nos enseña a amar o a tener una relación de verdad. Solo tenemos los cuentos de amor perfecto y fácil, de los amores románticos.

Caro Diario es también un poco eso, irse encontrando y desmitificando a medida que vas creciendo. ¡Y cada vez más! Solo tengo 22 años y siento que estoy de pleno en esta situación. Desde los 18 estoy en una neblina de aprendizaje y confusión, oscilando entre el mundo adulto (si es que existe) y el mundo de los adolescentes/niños. Como dice Amaia, “ya no soy pequeña, tampoco soy mayor”.

Hablando de referentes, ¿tienes alguno dentro de la música en catalán? Pienso en nombres como Ferran Palau o Anna Andreu. ¿O el idioma no influye en cómo defines tus gustos y referencias?

La música en catalán es un referente, de manera directa o indirecta, seguro. Evidentemente, y creo que le pasa a todo el mundo, la lengua no es un condicionante para que me guste algo. Aun así, muchas veces te acerca más y puede explicar cosas que solo quien tiene ese idioma materno y bagaje cultural puede entender. Es decir, yo me emociono con Lana del Rey, pero es verdad que no me he criado en América y eso hace que no pueda conectar del todo con muchos temas. Pues así también con los artistas de mi tierra. De pequeña en mi coche se escuchaba Manel, Lluís Llach, Marina Rossell y también Guillermina Motta. Grandes intérpretes, grandes historias y grandes letras que claramente me han influido. Después, ya con artistas como Mushka, Julieta, Maria Jaume, Ferran Palau, Petit de Cal Eril, Socunbohemio, Maria Lluïsa, Ciutat, Pau Vallvé, fui creando mi ecosistema de música y artistas catalanes. También tengo épocas. Creo que es importante, aun teniendo en cuenta los idiomas, consumir música por lo que es: música.

En Potser Som colabora Socunbohemio, un tema folk muy en la línea de Sufjan Stevens sobre la conexión personal. ¿Era el compañero ideal para esta canción? ¿Cómo surge esta colaboración?

Lo era y creo que la canción por sí sola lo demuestra. Artur (Socunbohemio) es amigo mío desde 2021. Él justo sacaba sus primeras canciones con Vida Records y yo empezaba a buscar productores para hacer mis temas. Nos hemos acompañado muchos años, viéndonos crecer como artistas/proyectos musicales, pero también como personas. No sé… Hemos terminado las carreras universitarias casi a la vez, hemos compartido amores y desamores, gustos, libros, música, trucos, etc. Siempre que tengo dudas, miedos e ideas, él es a quien le enseño. Y, de hecho, él a mí también me enseña y cuenta ideas tanto musicales como visuales para darnos consejo constantemente. Artur es alguien con quien sé que tengo la mano tendida y preparada para acompañarme como sea, donde sea. Queríamos mucho hacer una canción, pero nunca nos salía de forma natural y orgánica. Somos muy tranquilos y tampoco queríamos forzar nada. Así que cuando yo compuse Potser Som me di cuenta de que la referencia sonora era súper Socunbohemio y que claramente la tenía que interpretar y producir junto a él.

Tus letras son muy personales, pero al mismo tiempo generan una sensación de intimidad compartida con quien las escucha. ¿Sientes que la gente conecta con tu música de la misma manera en la que tú la concibes?

¡Me gustaría que sí! Y de momento, todo el mundo me dice que es algo que realmente consigo. Creo que es inevitable que pase, porque son canciones que nacen 100% de la intimidad y de momentos de vulnerabilidad. En las que creo desde la emoción y el sonido. Es algo que por mucho que pueda aprender más técnica y más música no quiero perder (algo que puede pasar fácilmente). Creo música por una necesidad de comunicar algo, ese desespero creo que se nota, quiera o no, y que muchas veces inevitablemente llega.

¿Tienes ya previstos tus próximos pasos? ¿Te planteas publicar un disco largo o crees que ese es un concepto desfasado y más propio de boomers?

(Ríe). A ver… Sí. Haber firmado con una discográfica y el lanzamiento de Caro Diario es una declaración de intenciones de que quiero seguir sacando música, dando conciertos y compartiendo desde la profesionalidad del proyecto. De momento, vamos a girar con este trabajo y a saborearlo lo que es debido. Pero sí, me planteo publicar un disco largo. No sé si muuuy largo, pero de 10/15 temas me gustaría mucho. De hecho, Caro Diario en principio eran 10 temas, pero en el proceso de producción me di cuenta de que algunos no terminaban de encajar o no me terminaban de convencer, así que lo reduje a 6. Los álbumes y conjuntos musicales, creo que no son boomers, y me gusta mucho porque permiten que no solo se trate de hacer canciones en sí, sino de todo el imaginario e ideario que se crea en torno. Un proyecto artístico en totalidad, es muy divertido de hacer y algo que hago automáticamente. Tengo la idea de una melodía y conjuntamente la de un video, una foto, un vestuario e incluso un post de Instagram.