Roots Rocking Zimbabwe / The Modern Sound of Harare Townships 1975–1980 (Analog Africa, 2025)

La independencia llegó con fanfarrias, pero la libertad se quedó merodeando en la puerta. Así lo escribió alguna vez Freedom Nyamubaya, y esa idea sobrevuela como telón de fondo en este nuevo capítulo de Analog Africa. Porque lo que propone Roots Rocking Zimbabwees precisamente eso: un recorrido por una ciudad que bailaba en los márgenes, celebraba en los clubes y, al mismo tiempo, buscaba en la música un respiro frente a un horizonte político todavía en disputa.

El sello fundado por Samy Ben Redjeb se ha ganado la reputación de arqueólogo incansable. Portadas llamativas, notas que cuentan mucho más que anécdotas y un sonido que pule sin domesticar forman parte de su marca de fábrica. Este volumen 41 es un regreso al origen: Zimbabue fue el lugar donde Ben Redjeb empezó a hurgar en cajas de vinilos a mediados de los noventa, y volver ahora con un recopilatorio dedicado a Harare entre 1975 y 1980 tiene algo de círculo cerrado.

El contexto no podía ser más convulso. Con el régimen de Ian Smith tambaleándose y la independencia en el horizonte, Harare—entonces Salisbury—vivía una efervescencia cultural que escapaba de la censura y de la rigidez del apartheid light rodesiano. En las radios se colaban Led Zeppelin, Pink Floyd o Hendrix; en los barrios se ensamblaban guitarras eléctricas con mbiras y hoshos; y en los clubes se amasaba un cruce entre rock, soul, funk, rumba congoleña y chimurenga. De esa mezcla surge el ADN de este recopilatorio: música urbana, combativa y festiva al mismo tiempo.

Los nombres son de primera línea y de márgenes por descubrir. Thomas Mapfumo, con su guitarra incendiaria y sus canciones de lucha, abre el disco y reaparece con Blacks Unlimited en registros tan distintos como la punzante Hangaiwa o la contagiosa Yarira. Oliver Mtukudzi aporta brillo melódico en Anoshereketa y sorprende en dúo familiar bajo el alias de Melody & Bybit. The Green Arrows encienden el fuzz con un homenaje improbable a Hollywood (The Towering Inferno), mientras Harare Mambos firman una de las joyas con Shanga Yangu, medio tiempo que se transforma en himno bailable. Hay espacio para la crudeza de New Tutenkhamen, el jit modernizado de Mawonera Superstars, la energía juvenil de Gypsy Caravan y hasta un guiño hard rock con la Dagger Rock Band gritando Viva Zimbabwe a golpe de riffs.

La edición física es otra lección de cuidado editorial: doble vinilo de 180 g, libreto de 28 páginas repleto de fotografías inéditas y un ensayo de Ben Redjeb que conecta los viajes personales con la historia colectiva. Todo acompañado por la reedición del libro de Fred Zindi, Roots Rocking in Zimbabwe, que añade aún más capas de contexto. No es solo un recopilatorio, es un archivo portátil.

Lo que deslumbra aquí es la vitalidad: canciones que parecen grabadas con la urgencia del directo, guitarras que chisporrotean, coros que celebran y letras que atraviesan. La música funciona como documento político tanto como celebración popular, y escucharla hoy permite entrar en contacto con una Harare que todavía no era libre, pero que ya tenía su propia modernidad a golpe de amplificador. Al terminar, queda la misma sensación que dejaban los versos de Nyamubaya: la independencia trajo fiesta, sí, pero la libertad seguía aguardando su turno en la puerta.