La música soul es ya algo tan global, que cuando uno cree estar escuchando a una cantante nacida en el mismísimo Memphis, se encuentra con que es natural de Nueva Zelanda, tiene herencia tokelauana, samoana -y sí, afroamericana también- y probablemente no haya estado en USA más que de visita ocasional. Pero es que da lo mismo: la herencia está ahí y hoy día el soul, en su percepción más clásica, es una música global. Se toca, produce y publica a lo largo y ancho del universo conocido y da totalmente igual que una denominación de origen la avale.
Y es que la fórmula no es fácil, pero sí simple: lo que hagas, tienes que hacerlo desde el corazón y con un revestimiento instrumental lo más orgánico posible. De este modo plantea las cosas la artista que nos ocupa: Romi Wrights, de nombre real Lisa, es una mujer hecha a sí misma que lleva desde los 15 años persiguiendo su sueño. Ha escrito poesía, se ha formado intensamente tanto en artes escénicas como musicales y ha formado parte de varios combos de gospel, funk y r’n’b, lo cual no le ha impedido también realizar estudios en derecho y tener y criar a tres hijos.
La cosa a nivel artístico empezó a funcionar de forma más seria en 2019. Eligió el apelativo de Romi (combinación del nombre de una de sus hijas y el de su gato) y emprendió una actividad frenética: ensambló la fundación After Hours para dar salida a talentos emergentes de su esquina del mundo, también, junto a su amiga Andy (DJ Andyheartthrob) fundó el colectivo DJ’s anonymous y, claro, también lanzó su proyecto en solitario cantando soul con esa voz tan portentosa y reconocible que tiene.
Precisamente, éste, que es su álbum debut y recoge por tanto el fruto de todo lo andado, recibe su título en homenaje/agradecimiento a esa amiga que tanto la acompañó, Andy (de nombre real Andrea Orani), fallecida recientemente y a quien Romi dedica este trabajo a modo de testamento sonoro, celebración de amistad y complicidad artística.
A lo largo de sus diez cortes, Andy destila una calidez y una urgencia emocional abrumadoras. La producción de Kenny Sterling acierta de pleno al huir de cualquier tentación digital innecesaria, apostando por secciones rítmicas contundentes, cuerdas de terciopelo, arreglos de viento discretos pero certeros, y unas líneas de bajo que parecen sacadas directamente de los estudios Stax o de los catálogos de Daptone. Temas como el adelanto homónimo o la exuberante “Search to find (the truth)”, que sirve de apertura, muestran una versatilidad vocal que hipnotiza desde la primera escucha.
Cortes como esos o ese ejercicio de rotundidad deep soul que es “For you”, la invitación a una allnighter de northern soul que contiene “Shine your light”, el guiño al dub que propone “Leaving” o el impresionante cierre orquestal con un “Special” que hace saltar las lágrimas, confirman que en absoluto estamos ante un ejercicio de mero pastiche o nostalgia retro; hay una verdad desarmante en cada inflexión de la voz de Lisa “Romi” Wrights. Es la constatación de que las grandes canciones de soul no entienden de latitudes, sino de latidos. Un debut que roza el sobresaliente, consagra a su artífice y deja claro que el alma, cuando es auténtica, siempre encuentra el camino a casa.


