Remate. Foto: Felipe Almendros

Siguiendo las premisas de alquimistas en los márgenes como Julius Eastman o Terry RileyRemate estira las fronteras del pop instrumental en ‘Kitasato’ (Remate / Relámpago, 2018). Alejándose de la teatralidad con la que afrontaba, con inusual honestidad, las diferentes estrías de su propio árbol genealógico en discos como ‘Cabello de Ángel, Tocino de Cielo‘ o ‘Megafonía‘ y cercando la ficción filmada que acompañaban los surcos de ‘Too Much Johnson‘ – banda sonora original escrita para sonorizar las imágenes de la película homónima de Orson Welles – el músico madrileño convierte su propio estudio en un singular laboratorio (con el espectro del científico japonés Kitasato Shibasaburō rozando cada instrumento) donde experimentar a partir de sonidos conectados con la música clásica y la electrónica introspectiva, manteniendo el afán de encontrar piezas sonoras con las que dar una nueva vida a la ficción. Composiciones preparadas para traspasar el límite de la existencia quimérica de los diez personajes femeninos que protagonizan cada una de las canciones del álbum (extraídos de diferentes filmes contemporáneos), y  así, seguir creyendo firmemente que quizás no todo esté inventado.

¿’Kitasato’ es el resultado lógico del progresivo desprendimiento de las maneras pop que ha ido llevando a cabo Remate?

La verdad es que no sé si es así exactamente, de hecho creo que el pop también es ‘Kitasato’. Tengo una idea del pop muy libre. Como ya, entre otros, hiciera (magistralmente/inigualablemente) Julius Eastman, quiero combinar músicas como la electrónica o la clásica contemporánea o el minimalismo o todas a la vez con elementos del pop. Con alguna reminiscencia pop. Aunque el edificio no está sustentado sobre pop de ninguna manera, sino sobre otros géneros.

Tu bagaje como creador de bandas sonoras y el uso de la música electrónica sigue creciendo con el tiempo, como la labor que llevó a cabo Shibasaburo Kitasato y sus intensos descubrimientos. ¿La idea era convertir el estudio en un laboratorio de pruebas?

Absolutamente. Pero es más bien que llevo bastante tiempo con esa idea desarrollándose antes incluso de que lo percibiera o fuera consciente. Mi estudio casero es así, mi trabajo diario es ese. La electrónica es un medio muy libre y por tanto es más fácil que llegues a algo libre que si empiezas a componer con instrumentos más clásicos (en un sentido de ciertas limitaciones, no de historia: la mayoría de los sintetizadores que utilizo son clásicos). Las armonías abren puertas, los ritmos son más aleatorios.

Entiendo que al no ser la música que acompañe a una obra determinada, sino que es un creación que parte de cero a pesar de jugar con ciertos referentes, la libertad ha sido total. ¿O te autoimpones algunos márgenes para no divagar hacia el error?

El margen o límite es intentar ser concreto en la abstracción. Me abstraigo totalmente, como si pintara un paisaje, y luego enfoco, me fijo en un detalle, en un árbol, en un ciervo, en una persona que pasea a lo lejos y no habías percibido en la foto. Esa es mi idea.

Portada de ‘Kitasato’

Es interesante la relación que propones con los títulos de estas canciones y un determinado tipo de cine contemporáneo. Una narrativa que indaga en los claroscuros de sus personajes femeninos, bien sea desde una perspectiva casi excéntrica como en las películas de Todd Solondz (‘Dawn Wiener’), con historias cercenadas por el desamparo (como la ‘Ray Eddy’ de Frozen River) o marcadas por el análisis minucioso del discreto encanto de la (alta) burguesía (la ‘Emma Recchi’ de ‘Yo soy el amor‘). Aún así parece que no lo consideras un disco conceptual. Entonces, ¿de dónde viene esta elección estética?

No es un disco conceptual, de los que he hecho muchos, porque de la idea de los títulos de las piezas, incluso del título del álbum, me he percatado después. Me di cuenta de lo que llevaba haciendo tras mucho tiempo transcurrido (un par de años…) cada día en el estudio al cabo de bastantes piezas (Kitasato: Sirve para realizar experimentos con agua, como destilación, recolección de gases hidroneumática (desplazamiento de volúmenes, filtraciones al vacío y otras cosas). Y de las piezas, de dónde me venía la inspiración, de su procedencia, igual: de esas películas y personajes que me encantan y tanto me estimulaban a hacer cosas: música y más. A vivir más allá.

¿Existe algún tipo de hilo conductor entre las canciones?

Aparte del narrativo, personajes femeninos de películas contemporáneas que me encantan, está el armónico: comparten a veces tonalidades, y a veces hasta alguna pista. Algunas son el mismo paisaje desde diferentes puntos de vista. Una escucha atenta dará con algunos links claros.

¿Una de las premisas era la de intentar demostrar que no todo está inventado en esto de la música? ¿O bien la pretensión es menor y partes del juego para llegar a algún sitio en concreto?

No es inventar, sino pescar especies hasta entonces desconocidas. Obviamente como una guía a veces imposible. Pero algunas veces, más o menos, ocurre, quizá.

Supongo que la elección de estos determinados personajes de ficción esta basada única y exclusivamente en tu gusto personal. ¿Es así?

Sí pero no tanto en que la película me fascine entera y absolutamente, sino que así sea con esos personajes femeninos. Y podría haberme remontado a más películas antiguas pero quería cerrar el encuadre más, ser más preciso.

¿Ha influido el tono del film donde aparece cada personaje, el rol que interpretan o el carácter que manifiestan en la ficción en como has afrontado cada canción? ¿O más que un retrato sonoro has buscado abstraerte de los referentes para crear algo nuevo?

Claro que ha condicionado mucho el rol de los personajes y todo su entorno. Pero no son pequeñas bandas sonoras para esas películas, como satélites de la propia banda sonora del filme, sino lo que escuchan (imaginariamente) esas chicas en solitario.

Es un trabajo muy personal pero la labor de Carlos Toronado y de Guillermo “Wild Honey” Farré se antoja también relevante en el resultado final. 

Claro, es un trabajo muy “yoísta” y para salir de eso lo comparto con Wild Honey y lo escuchamos juntos, y hablamos. Y luego, sin predisponerle nada a Carlos, me lo llevo a su estudio y lo reproducimos juntos. Colocamos todo como si yo no hubiera tomado ya decisiones (aunque las hubiera tomado, las repienso) y el sonido, además de todo lo demás, lo redimensionamos. Así, a lo mejor llego a las 3D que me gustaría.

En una entrevista anterior, hablando de ‘Megafonía’ me comentaste que “la idea es hacer de la vida una película”. Parece que con ‘Kitasato’ has jugado a la inversa, haciendo que fragmentos y personajes de películas determinadas puedan materializarse en otra cosa, a través del sonido. ¿Algo así como dar un bonus de vida propia a la ficción?

No creo en la división entre realidad y ficción. Antes intuía esto que digo. Ahora sé que todo es ficción hasta que lo construyes. Y casi todo está por construirse.

 

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