Pumuky: besar la alegría mientras vuela

Se publica la reedición de Plus Ultra por su 15.º aniversario y hablamos con Jaír Ramírez sobre el paso del tiempo, las mutaciones de la banda y todo lo que sigue latiendo en aquellas canciones.

Quince años después de Plus Ultra, Pumuky vuelve a un disco que Jaír Ramírez, poco amigo de la nostalgia, habría dado por cerrado mucho antes. La reedición recupera letras e ilustraciones que quedaron fuera en 2011, pero no toca una sola nota: “lo que se ha reeditado es exactamente el mismo disco de hace 15 años con respecto a lo más importante, que son sus canciones”. Entre aquel álbum y No sueltes lo efímero (2025), la banda ha atravesado cambios de formación, silencios largos y sucesivas mutaciones sin perder el núcleo de los hermanos Jaír y Noé Ramírez. También ha cambiado la manera de escribir y de producir: donde antes había más capas y referencias literarias, ahora aparece una voluntad mayor de depuración. Hablamos con Jaír de esa distancia, de lo que permanece y de lo que el tiempo, con bastante mala educación, obliga a revisar.

William Blake escribió aquello de “He who binds to himself a joy…” y cuesta no pensar en esos versos al volver a Plus Ultra después de No sueltes lo efímero. Quince años después, ¿qué haces con aquello que una canción te da sabiendo que no puedes retenerlo?

Lo que una canción me da ocurre mientras la escribo, cuando me permite sacar aquello que me tenga inquieto en esos momentos, o de expresarme de la manera que necesite hacerlo. Considero que este es el mejor fruto que se recoge al realizar actividades artísticas. Terminada la canción, la purga digamos, no queda mucho ahí que me interese retener. De hecho tengo algunos conflictos para volver a ellas, por ejemplo al tocarlas en directo. Aunque si ha pasado el suficiente tiempo sí disfruto rememorándolas, porque también me traen buenos recuerdos y sensaciones agradables; como me ha pasado ahora por ejemplo escuchando Plus ultra con motivo de su reedición, revisando con calma el test pressing de la nueva tirada en vinilo, después de muchos años sin escuchar algunas de sus canciones.

Plus Ultra remite inevitablemente a las Columnas de Hércules y a esa vieja idea del “hasta aquí hemos llegado”. Cuando elegisteis el título, ¿había una intención de cruzar algún límite concreto o simplemente era una buena manera de no quedarse donde ya estabais?

En el arte no hay límites, fronteras, especialmente tangibles, todo es mucho más difuso, elástico, entonces no me acerco a la composición y a la escritura pensando en evolucionar, o en superarme de alguna manera, sino más bien intentando deslizarme hasta lograr perder la noción del tiempo, desconectarme de la realidad por algunos momentos, encontrar algo que me emocione y me arrope. Huir, desaparecer, curiosear, probar, son verbos que me son más naturales al intentar explicar mis procesos creativos.

Una sensación que disfruto cuando vuelvo a escuchar alguna grabación antigua es no recordar muy bien cómo llegamos a ciertos lugares, sorprenderme para bien de algunos acabados, desarrollos, sin lograr explicarme del todo cómo lo logramos hacer. Ahí te das cuenta de que gran parte del proceso se realizó más desde la intuición de las entrañas, y no tanto desde el intelecto práctico. Me parece la mejor forma de avanzar, evolucionar; sin proponértelo.

Siempre has dicho que eres poco dado a la nostalgia y que, una vez terminado un disco, tiendes a dejarlo atrás. ¿Qué ha tenido Plus Ultra para conseguir que quince años después vuelvas a él sin demasiada resistencia?

Era un disco que estaba descatalogado desde hace muchos años, y que nos pedían con frecuencia, así que cuando Jabalina nos comentó que le gustaría reeditarlo aprovechando su 15.º aniversario no vimos inconveniente. La música no caduca, puede haber gente que lo vaya a descubrir ahora y que pueda conectar con él de alguna manera. Pero no es un ejercicio de nostalgia; no vamos a exprimirlo ahora girando con él tocándolo entero en directo, ni aprovechamos para rescatar material de la época que pudiéramos injertarle, ni toqueteamos la antigua grabación de ninguna manera. Lo que se ha reeditado es exactamente el mismo disco de hace 15 años con respecto a lo más importante, que son sus canciones.

La reedición de Jabalina recupera letras e ilustraciones que quedaron fuera en su momento. Al revisar todo ese material, ¿has encontrado algo que entonces descartaste casi sin pensar y ahora te parece importante?

La primera edición en vinilo de Plus ultra fue bastante austera con respecto a su empaque físico por cuestiones de presupuesto, entonces dentro de lo posible hemos querido corregir algunas carencias y reeditar el disco como nos hubiera gustado hacerlo en 2011… con las letras, con espacio para que pudieran entrar las ilustraciones que se prepararon; qué menos. Pero como te decía antes en lo esencial, que es la música, no tuvimos la tentación de abrir lo que ya estaba bien cerrado, que es algo que últimamente se hace con demasiada ligereza y no siempre para bien. Este disco, con sus virtudes y defectos, fallos que nadie mejor que nosotros conoce, en su esencia es perfecto, porque fue lo mejor que supimos hacer en ese momento.

Cuando escuchas hoy Plus Ultra, ¿te reconoces más en las canciones o en las decisiones que todavía estabas aprendiendo a tomar?

Me reconozco en las canciones, claro, y creo recordar por qué escribí cada una de ellas. Pero ya no soy completamente esa persona, como es normal, porque en 15 años pasan muchas cosas, entonces tengo que acercarme a él también con cierta distancia y teniendo en cuenta su contexto. Las decisiones que se pudieron tomar haciendo Plus ultra ya no las recuerdo, deben ser menos importantes que las canciones.

En No sueltes lo efímero has contado que parte del trabajo consistió en quitar, limpiar, reducir. Si aplicaras hoy ese criterio a Plus Ultra, ¿qué crees que sobreviviría sin tocar una coma y qué acabaría pasando por la tijera?

Es algo que intentamos con mayor ímpetu en No sueltes lo efímero, pero la verdad es que viéndolo ya con cierta distancia tampoco se podría decir que lo consiguiéramos del todo. Con respecto a Plus ultra, sinceramente a estas alturas no cambiaría nada. Quizás intentaría vaciar un poco “Causa vs. Efecto”, o “Ángulo Áureo”, pero no sabría por dónde empezar así que las terminaría dejando igual. A lo mejor es que estos muros sonoros, estas tupidas enredaderas de arreglos superpuestos, que también es inseguridad y arraigados complejos de inferioridad, son parte de la naturaleza de nuestro proyecto, entonces mejor no intentar dejar de hacer lo que nos sale de forma natural, porque ahí puede estar nuestra esencia, y lo más valioso que tengamos.

Muchas canciones de Plus Ultra nacieron alrededor de teclados y sintetizadores, aunque terminaron adquiriendo bastante peso desde las guitarras. ¿En qué momento sabes que una canción te está pidiendo dejar el instrumento con el que empezó y seguir por otro sitio?

Guitarras, sintetizadores, para mí son lo mismo, vehículos que me permiten expresarme… con melodías, ruedas de acordes, atmósferas. Normalmente las canciones nacen en su mínima expresión, da igual con qué instrumento al lado, el que tenga más a mano en ese momento, y si veo que así ya funcionan bien las voy arropando, arreglando, hasta que siento que transmiten lo que sea que estuviera buscando.

Hay un tema llamado Ángulo áureo, que ya de entrada obliga a sacar la calculadora mental: 137,5 grados, proporciones, espirales y todo eso. ¿Qué demonios viste ahí para convertir una idea geométrica en una canción de Pumuky?

​Me estoy quitando de explicar las canciones. La interpretación que cada uno le dé puede ser mucho más interesante de lo que yo te pueda decir.

Y además Ángulo áureo aparece como octavo corte. ¿El orden de Plus Ultra estaba muy pensado o, como ocurre tantas veces, terminó encontrando su lógica cuando ya parecía que nadie estaba mirando?

Cuando terminas un disco has escuchado tantas veces las canciones que el orden es algo que normalmente se presenta ante ti muy claramente… sientes qué canción tiene que abrir el disco, cuál cerrarlo, y qué transiciones son las que mejor funcionan entre las canciones. Los discos se ordenan solos.

En aquella época explicabas que las referencias literarias servían como pistas para entrar en las canciones; años después has reconocido que también había cierta inseguridad como escritor. ¿Cuándo empezaste a confiar en una frase sin necesitar que Kafka, Kerouac o Hermann Hesse le hicieran compañía?

Mis letras casi siempre son autobiográficas, entonces si alguna vez he usado referencias externas, el título de un libro, un personaje, ha sido para intentar desviar las miradas y no sentirme tan expuesto. Llevo escondiéndome en este proyecto desde que le puse el nombre artístico de Pumuky, que era una forma de aparentar algo a primera vista que no tenía mucho que ver con lo que luego iría en su interior. Un caballo de Troya.

Durante años aparecieron comparaciones con Los Planetas y Sr. Chinarro, referencias que nunca has negado. ¿Qué pasa cuando una influencia real empieza a ocupar demasiado espacio en la manera en que otros explican tu música?

Son grupos que siempre me han gustado, y no niego que me pueden haber influenciado de alguna manera, como muchas otras cosas, pero realmente no creo que tengan tanto que ver con nuestra música, con nuestros textos, y pienso que el tiempo nos ha terminado de dar la razón. El problema lo tienen más bien los que siempre necesitan los lugares comunes para explicar la música de otros, quizás por comodidad, pereza…

Pumuky ha tenido distintas formaciones, pero tú y Noé Ramírez habéis permanecido. Mirando hacia atrás, ¿qué parte del sonido dirías que pertenece claramente a vosotros dos y qué parte sólo existe porque ciertas personas pasaron por el grupo en el momento justo?

Por Pumuky han pasado excelentes músicos y mejores personas que han aportado mucho al proyecto, con muy pocas excepciones, y que tendremos siempre en alta estima, y les estaremos agradecidos, por su compañía y trabajo conjunto. Te diría que prácticamente hemos tenido una formación distinta por cada artefacto discográfico publicado, cambios ocasionados principalmente por circunstancias vitales ineludibles, por culpa también de vivir en un lugar tan alejado de todo, y porque es muy complicado mantener la motivación dentro de en un grupo con un perfil tan bajo como el nuestro durante tantos años. Dicho esto, si escuchas cada uno de nuestros discos, desde el principio hasta ahora, creo que se siente que todos forman parte de un mismo universo sonoro y lírico. Algo que mucha gente nos ha dicho es que escuchando durante unos pocos segundos alguna canción nuestra que no conocían, enseguida sienten que es Pumuky. Creo que esto responde tu pregunta.

Xavier Jalón construyó para la portada de Plus Ultra esa escena de criaturas remontando el río, ligada a los salmones que regresan al lugar de origen para desovar y morir. ¿Qué relación tenía esa imagen con las canciones cuando apareció delante de vosotros?

Nos gusta participar en todo el proceso creativo a nuestro alrededor, entonces las ilustraciones que aparecen en las portadas de nuestros discos las solemos idear nosotros mismos, normalmente tiempo después de que las canciones estén terminadas. Lo que intentamos es visualizar una imagen que pensemos que pueda englobar lo que nos transmite el disco en su conjunto, y con Plus ultra estos jóvenes cabalgando salmones, remontando un río a contracorriente, pensábamos que era la imagen adecuada. Por suerte contamos con artistas como Xavier Jalón, o con Miguel Scheroff en el EP Castillo Interior, para plasmarlas en el papel y llevarlas a un nivel mucho más elevado que en nuestras cabezas.

Has contado que durante una época podías quedarte afónico antes de conciertos o sesiones importantes y que aquello terminó convirtiéndose casi en una fobia a cantar. ¿Qué tuvo que cambiar para que tu propia voz dejara de convertirse en una especie de enemigo íntimo?

Aprender algunas técnicas de calentamiento, de relajación, me fueron útiles. También elegir siempre que me sea posible entornos donde me sienta más seguro, filtrando en qué espacios, y ante qué tipo de audiencias, me expongo. Además logro disociar cada vez mejor cuando me subo a un escenario.

En 2012 hablabas de Plus Ultra en términos de pérdida, amistad, caída, recuperación y ganas de seguir. En No sueltes lo efímero aparece otra relación con el tiempo, quizá más consciente de que las cosas desaparecen mientras aún están ocurriendo. ¿Qué asunto crees que lleva Pumuky intentando escribir desde el principio sin conseguir agotarlo del todo?

Ni idea. Imagino que algo relacionado con lo que cualquier hijo de vecino intenta descifrar en su vida… cómo acallar ese vacío existencial al ser conscientes de nuestra propia mortalidad, la de nuestros seres queridos; intentar entender cuál debería ser el sentido final de por qué estamos aquí, nuestro lugar y camino más correcto, mientras lidiamos además con necesidades más terrenales, más salvajes, emocionales y físicas. Y maravillarme con toda la belleza, armonía y bondad que también habita en este mundo, que no deja de ser un milagro inexplicable. Y también pasar el rato.