Yago García, Juanma Sánchez, Ahmed Moussa, y Marcos Morán son Perapertú.

Agitando el subsuelo madrileño desde aquel EP de debut homónimo publicado por Discos Walden en 2015, Perapertú ha ido vigorizando su estilo en estos últimos tres años para dar cuerpo a un LP de debut, ‘Miramar‘ (El Genio Equivocado/Discos Walden, 2018), que, si bien ahonda en estéticas ya visitadas por sus canciones con anterioridad (algo de pop británico rompe pistas por aquí, algunas especias de afro-pop por allá, el vapor romántico de Roxy Music, ecos de los mejores Ciudad Jardín…), encuentra en sus diez canciones la entidad idónea para superar el etiquetado con naturalidad. Un trabajo que sobresale de la media del pop en castellano contemporáneo gracias a su atrevimiento lírico, ya que son capaces de transmitir un discurso universal a partir de la evocación (geográfica y emocional) y la extrañeza y, a su vez, jugar con la perspicacia de un sonido que, en sus requiebros, busca sorprender a la par que ser disfrutado. De ello hablamos con Ahmed Moussa, cantante y letrista de la banda.

Portada de ‘Miramar’

Lo vuestro tiene mucho que ver con los puntos geográficos relacionados con nombres poéticos, juguetones y distinguidos, primero, porque os llamáis Perapertú (como una pequeña localidad palentina), y ahora, ya que bautizáis a vuestro primer disco como ‘Miramar’. ¿No es así?

Perapertú y Miramar son, aparte de apropiaciones bienintencionadas, coordenadas por las que hemos pasado física y mentalmente. Con lo que se podría decir que hay casualidad e intencionalidad a partes iguales. Aunque hay gente muy sesuda por ahí que afirma que las casualidades no existen.

En estas nuevas canciones seguís dando buena prueba de vuestra voracidad como oyentes de todo tipo de músicas (desde el pop sofisticado, la música africana, la bossa, algo de glam…), aunque creo que sonáis más contundentes y corpóreos que en vuestros epés anteriores. ¿En un elepé de debut hay que darlo todo?

Un día, allá por el otoño de 2016, estábamos en el local y nos dijimos: ¿y si hacemos un disco? Esa frase en aquel momento no era baladí, ya que por aquel entonces nuestras vidas personales se estaban empleando a fondo contra el grupo; ensayar era difícil, componer más difícil todavía y cerrar fechas casi imposible, y teníamos la sensación de habernos quedado encallados sin solución. Fue precisamente en esa racha en que nos volvimos locos y nos retamos a nosotros mismos. Entonces ‘Miramar’ es como la explosión que siguió a aquel click.

Podríamos decir que cada canción es como un cambio de paisaje en un trayecto que te podría llevar a cualquier lugar según la predisposición. 

Esa es la intención. Las canciones tienen historias reales detrás, pero se narran de una manera abierta, que te permitan apropiarte de pasajes o imaginarte lo que quieras. O lo que te sugieran.

El efecto sorpresa también es otro de los alicientes del disco, ¿no?

Esto más que buscado, es encontrado, y tiene que ver con ese click que mencionábamos antes. Nos fuimos soltando y nos llevamos nosotros mismos esas sorpresas en el local.

 Y ‘Miramar’ (la canción), un instrumental colocado en el ecuador del disco, parece que hace de bisagra entre una primera parte más pop y directa y una segunda que entronca más con vuestro sonido anterior. ¿Qué podéis decir al respecto?

En la maqueta del disco, ‘Miramar’ iba a ser el tema de apertura. Luego, al ir reuniendo las versiones finales, decidimos reordenarlo todo. ‘Cézanne’ y ‘En Dakar’, junto con ‘Pomo de Oro’, pasaron a abrir el camino para las demás, y ‘Miramar’ encajó bien como apertura de la cara B. En los epés seguíamos una estricta norma de no pasarnos de los cuatro minutos por canción. Esta máxima, junto con algunas otras, se abandonaron para el disco largo. Esto permitió sacar adelante temas como ‘Amor de Java’ o ‘Curare’, que condicionaron bastante el orden, tanto por motivos del propio formato de vinilo, como de evolución en la escucha de la colección de canciones.

Vuestra premisa principal sigue pareciendo ser la de bailar sin dejar de pensar (veamos: ‘En Dakar’, ‘Mito de Andrade’, ‘Pomo de oro’). ¿O es al revés?

Pues es difícil de concretar. Lo cierto es que una cosa no quita la otra.

Las letras parten de la evocación para, entiendo, reunir sentimientos y pensamientos concretos. Hay referencias a ciudades (París, Dakar, Berlín, El Cairo, Alejandría…), artistas como Cézanne, estilos como el Art Decó, mitologías, venenos amazónicos, terminología quijotesca… ¿Cuánto hay de literatura y cuanto de vida en lo que contáis?

Todas las referencias que usamos las ponemos deliberadamente al servicio de las canciones y de sus historias. Son referencias que han tenido la (mala) suerte de gustarnos, y han caído presas de nuestro recital. ¿¡Qué habrán hecho Werner Herzog, Naguib Mahfouz, Jean Genet o Bambino para merecer esto!?

Llaman la atención versos como: “No veo cine francés si no estás a mi lado” (‘No estás a mi lado’). ¿El humor como escudo ante el desamor?

Humor ante la pérdida de individualidad, más bien.

Gorée (isla de Senegal), lugar que encierra una terrible historia en torno al comercio de esclavos, y tiene una ascendencia magnética en la canción que editasteis como single de adelanto (‘En Dakar’). A pesar de la vida sigue su curso y cada cual particulariza los problemas del mundo en torno a sí mismo, no hay que dejar de “olvidar”. ¿Cierto?

Gorée se ve desde la ciudad de Dakar, y puede visitarse fácilmente en una travesía de apenas media hora. Es algo que, si se tiene ocasión, es importante ver. Ciertamente, en Dakar, la vida sigue su curso y son otros los retos a los que se enfrentan los senegaleses, aunque, curiosamente, esos retos se derivan aún hoy de esa misma vieja historia del frío norte ejerciendo una relación de poder sobre el cálido sur.

¿Escribir canciones y publicar discos en los tiempos que corren es una manera de “planear lo imposible”?

Cualquier vehículo de expresión que permita conectar es un regalo, y aunque no consigamos expresarnos o conectar seguiremos intentándolo, a pesar de la lección.

 

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