Pedro Mizutani / NOVA BOSSA: aquele abraço aos ratos vivos (Nice Guys Records, 2026)

El otro día, mientras veía El Agente Secreto en Filmin —que sigue empeñada en recordarnos que el cine no nació con las plataformas que te preguntan cada veinte minutos si continúas ahí, como si una película de tres horas fuera una prueba de resistencia—, me quedé dándole vueltas a una idea. Ambientada en el Brasil de los años setenta, la película habla de corrupción, de cómo las decisiones de unos pocos terminan complicándole la vida a gente que bastante tiene con llegar al día siguiente. Lo inquietante no es descubrir que aquello continúa ocurriendo. Lo realmente incómodo es comprobar hasta qué punto nos hemos acostumbrado. Vamos encadenando escándalos con la misma resignación con la que aceptamos una subida del recibo de la luz o un nuevo cambio en las condiciones de uso de cualquier aplicación.

No creo que Pedro Mizutani pretendiera escribir un disco sobre todo eso. Pero sí sobre las personas que viven dentro de ese paisaje. Porque a veces la mejor manera de explicar un país consiste simplemente en contar cómo intenta orientarse un chaval de veinticuatro años mientras el suelo cambia de sitio cada dos por tres. Ahí empieza realmente NOVA BOSSA: aquele abraço aos ratos vivos.

Con apenas veinticuatro años, el músico carioca ha ido construyendo una discografía breve pero extraordinariamente coherente. Primero aparecieron aquellas versiones de clásicos de la bossa nova y la MPB que comenzaron a circular por internet. Después llegaron las primeras composiciones propias, la atención del sello francés Nice Guys Records y una gira europea que confirmó que aquello no era uno de esos fenómenos virales que duran menos que una batería de móvil al 5 %. Lo importante, sin embargo, estaba ocurriendo en otro sitio: Mizutani estaba encontrando una voz propia.


Lo interesante es que nunca ha querido convertirse en un restaurador de viejas glorias. La bossa nova, el samba o la MPB aparecen constantemente en estas canciones, pero no como ejes fundamentales de su sonido. Forman parte de su educación sentimental, igual que el indie pop, el folk, el lo-fi o la música que ha ido descubriendo lejos de Brasil. Todo convive sin necesidad de disfrazarse de modernidad ni de rendir pleitesía al pasado. Como si João Gilberto pudiera cruzarse una noche cualquiera con Bruno Pernadas una noche tórrida en cualquier bahía.

El propio título resume bastante bien esa tensión. La elegancia implícita en “Nova Bossa” convive con esos “ratos vivos”, una imagen que Mizutani utiliza para hablar de quienes avanzan con más incertidumbres que certezas, demasiado jóvenes para sentirse cómodos y demasiado mayores para seguir creyendo que todo terminará ordenándose por arte de magia. Son las contradicciones de una generación que busca independencia mientras teme quedarse sola, que rechaza las reglas heredadas pero tampoco encuentra otras mejores, que intenta proteger su salud mental al mismo tiempo que vive conectada a un mundo diseñado para no dejarla descansar.

Todo eso aparece en las letras con una naturalidad poco habitual. Dia Azul contiene una de esas frases que merecen quedarse viviendo en la memoria: comparar la autoestima con una criptomoneda resulta tan divertido como demoledor. Puer Aeternus (19) observa la juventud sin nostalgia y sin cinismo, aceptando que crecer consiste muchas veces en equivocarse con una cierta elegancia. Bird on the Net deja escapar un saludable desprecio hacia las expectativas ajenas y Colchão demuestra que Mizutani posee un talento considerable para escribir canciones de amor donde la vulnerabilidad nunca necesita disfrazarse de tragedia.

Musicalmente, el álbum también evita los caminos previsibles. La guitarra brasileña sigue ocupando un lugar importante, pero alrededor aparecen sintetizadores discretos, pequeñas pinceladas electrónicas y una producción luminosa que respira con absoluta naturalidad. La participación de Will Dore, responsable de Skinshape, aporta precisamente esa sensación de amplitud. No intenta convertir el disco en una pieza vintage ni en un ejercicio de sofisticación excesiva. Deja que las canciones encuentren su temperatura.

Hay algo especialmente refrescante en la forma en que Mizutani se relaciona con la tradición brasileña. Durante demasiado tiempo, buena parte de la música llegada desde aquel país parecía obligada a satisfacer una idea muy concreta de Brasil: playas infinitas, guitarras impecables, saudade cuidadosamente empaquetada y puestas de sol capaces de vender apartamentos. Aquí no hay rastro de ese decorado. También aparecen el manga, el skate, las redes sociales, la ansiedad, las relaciones sentimentales inestables y esa sensación tan contemporánea de sentirse acompañado por miles de personas y, aun así, preguntarse qué demonios hacer con uno mismo un martes por la tarde.

Quizá por eso NOVA BOSSA: aquele abraço aos ratos vivos termina dejando una impresión tan agradable. No pretende reinventar la música brasileña ni convertirse en el portavoz de una generación. Se limita a escribir buenas canciones desde un lugar honesto, convirtiendo las dudas en combustible creativo y aceptando que la madurez rara vez llega con instrucciones de montaje.

En tiempos donde todo parece exigir certezas inmediatas, Pedro Mizutani propone algo bastante más útil: convivir con las preguntas. Y lo hace con un puñado de canciones delicadas, inteligentes y sorprendentemente maduras para alguien que todavía tiene casi toda la carretera por delante.

Pedro Mizutani / NOVA BOSSA: aquele abraço aos ratos vivos (Nice Guys Records, 2026)
La tradición aquí no se conserva en formol. Sale a pasear, se pierde y vuelve con historias nuevas.
8.5