Pearl Charles.
Portada de ‘Sleepless Dreamer’.

De nuevo, a vueltas con la retromanía, ese término que acuñó el ínclito Simon Reynolds y que venía a atestiguar la evidencia de que anclarse en el pasado sigue dando réditos artísticos y económicos. Me veo escuchando el disco de la californiana Pearl Charles y gravita sobre mi cabeza una pregunta: ¿El estancamiento creativo del pop es debido a su propia decadencia? Igual estamos sobrevalorando a la música pop y su poder de cambio que anida en el ideario juvenil. O en otras palabras: en tiempos de declive moral el concepto de progreso pierde toda cualidad, por lo tanto, ¿para qué pedirle a la música que nos saque de este atolladero moral? Son tiempos de revisionismo y de retornar a formas antiguas de expresión artística. Son el signo de los tiempos puritanos en los que vivimos, dirán algunos; es la prueba palpable de que la música ya no es ese engranaje catalizador del ímpetu juvenil de vislumbrar futuros inciertos, dirán otros. Reflexiones a vuela pluma que darían para debatir largo y tendido, estoy seguro. Sí, aunque a primera vista parezca paradójico, sigo teniendo fe en el poder iconoclasta de la música y, en especial, de la que me interpela más directamente, el pop, pero en estos días me regodeo en los parajes benignos y confortables de ‘Sleepless Dreamer‘ (Kanine Records, 2018).

Un disco – el segundo de la autora – que fagocita un pasado pretérito que parece que ha sellado un pacto de amor/odio entre la audiencia más joven y, de entre ellos, a sus creadores: el soft pop. Ese estilo que alzó su figura hercúlea reivindicando su poder en los charts en los 70 gracias a grupos como Fleetwood Mac o 10cc, y cuyo radio de acción sigue presente de forma intermitente en la actualidad. Escuchen, si no, este hermoso cancionero para hallar su rastro en temas como ‘Sleepless Dreamer‘ (no se corta un pelo nuestra joven y talentosa Charles, y esprime el legado del fabuloso ‘Rumours‘ sin rubor), o el majestuoso ímpetu de ‘Ghost‘. En ‘Night Tides‘ el bajo musculoso y los teclados nos transporta a noches de neones y carmín corrido como en las composiciones de Michael Miglio o Steps. Acaba este apacible recorrido por la herencia americana con ‘Phases, y ese suave aroma southern que nos abriga en las noches de crudo invierno. Excelente disco.

 

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