Como canta Vicent Delerm: "Vivir una vida Vardà, vivir una vida sin competición", la unión entre Nacho Casado y Parade da lugar a un álbum que desafía la inercia de las colaboraciones contemporáneas, marcadas con demasiada frecuencia por la lógica del algoritmo o la búsqueda de relevancia inmediata. Aquí, lo que manda es la conexión humana: dos artistas que, desde la admiración mutua, construyen un diálogo musical hecho de sensibilidad y oficio. En estas canciones laten influencias reconocibles —de la música popular brasileña a la canzone italiana, pasando por el jazz y el soft-rock—, pero nunca como un ejercicio de nostalgia. Con producción de Jaime Beltrán, el disco logra equilibrar las maneras clásicas de su factura —instrumentación tocada en vivo, melodías contenidas, un lirismo sin artificios— con un espíritu decididamente atemporal. Más que un álbum retro, es un trabajo que escapa a la urgencia de lo efímero y se posiciona como refugio sonoro en un presente incierto. Es un disco profundamente evocador, con un pie en la narrativa visual y otro en el romanticismo emocional. Cada canción es una pequeña película que sitúa al oyente en escenarios cargados de imágenes y emociones: amores que empiezan, derrotas dulcificadas, personajes que habitan la frontera entre lo íntimo y lo universal. Sin embargo, no todo es lirismo solemne. El humor aflora de forma natural, como una ráfaga de luz que matiza la intensidad de las historias. Y aunque las voces cristalinas y las armonías destacan por su claridad y honestidad, lo que queda es la esencia del pop como herramienta sanadora: melodías que curan, que acompañan y que —en palabras de sus autores— no buscan competir, sino emocionar.
¿Vuestra unión surge como una reacción a la manera en la que suelen colaborar muchos de los artistas pop contemporáneos (en ocasiones testimoniales o por retroalimentar los likes en redes sociales)?
Nacho: Entiendo, creo que lo que surgió entre nosotros tiene mucho que ver con el momento vital que estaba atravesando en ese momento, así como la admiración que siento por Antonio y su obra.
Antonio: Surge porque nos apetece y hay buena comunicación y admiración mutua. No hay previsión comercial ninguna, no es una “colabo” de las que hablas. Si al conocernos no hubieran saltado las chispas de reconocimiento de gustos compartidos y de caernos bien, a la media hora cada uno por su lado y santas pascuas

La estética del álbum físico, las maneras clásicas del cancionero y las melodías… a bote pronto podría sobrevolar el fantasma de la retromanía… ¿Una de vuestras premisas esenciales era cómo poder regatear a la nostalgia?
Nacho: La verdad, no lo sé. No suelo plantearme mi música en esos términos. Simplemente me dejo llevar por el torrente de pasión que la música representa para mí. Tengo una estética y unos gustos definidos que no trato de ocultar, y con todo eso intento crear algo nuevo y profundamente personal. No termino de sentirme cómodo si el término retro implica que mi música no encaja en la actualidad. Siempre he pensado que mucha música de los años sesenta y setenta resulta más transgresora que muchas de las producciones actuales, tanto en términos de estética como de producción.
Antonio: Yo lo que tenía claro es que nuestro disco iba a ser enteramente tocado, no secuenciado. Gente tocando junta y tocando bien. Nuestros gustos compartidos nos llevan desde finales de los sesenta hasta los ochenta más acústicos tipo Style Council o Pale fountains. Pero en ningún momento había intención de imitar estilos, es algo muy natural y creo que se nota. Entendemos que el álbum se aleja de lo que es usual en estos tiempos, pero no creemos que sea retro. Además, la producción de Jaime Beltrán es bastante contemporánea.
Por lo que se intuye a través de las canciones, la música popular brasileña y la canzone melódica italiana (partiendo, además del bagaje de cada uno de vosotros) tienen un peso específico en la creación del disco ¿el estilo de un músico viene definido por las influencias?
Nacho: En nuestro caso, tuvimos muchas charlas sobre música, sobre nuestros ídolos y sobre lo que, en términos de sonido, nos emociona en este momento. Creo que Antonio y yo hemos alcanzado un nivel compositivo en el que somos capaces de jugar con una gran variedad de estilos musicales y hacerlos nuestros. Partimos de la intuición y el instinto, para luego dar forma a la canción con arreglos específicos o melodías que capturan exactamente lo que buscamos. Somos exploradores o artesanos pop.
Antonio: Cada uno aporta lo que lleva consigo. El estilo es algo muy difícil de explicar, porque es una suma de influencias y de marca personal. En este caso, además, hay que contar que cada uno se tenía que amoldar un poco a lo que el otro traía consigo. Pero a base de confianza, la cosa ha salido bastante bien. Lo que se escucha es enteramente de los dos, independientemente que las canciones las traiga o las cante uno u otro.
Más allá de esos apuntes de MPB y canzone, también hay destellos de Jazz, soft-rock, pop de anorak… Pero todo ello dispuesto de forma contenida. ¿Para que la tentación de oropel no diluya la esencia de cada uno de vosotros?
Nacho: Puede ser. Creo que somos unos apasionados de la música. En este disco, lo que realmente se percibe es a dos compositores que admiran el trabajo del otro y que no se juzgan ni compiten, sino que comparten ideas con el objetivo de crear canciones bonitas que puedan emocionar.
Antonio: Creo también que la idea de producción es algo relativamente sencillo: batería, contrabajo, piano, guitarra española y trío de cuerdas. Contábamos con eso y las maquetas se hicieron pensando en cómo quedarían las canciones así arregladas. También he de decir que el disco se grabó en cuatro días, no daba tiempo a más. La contención también es fruto de la necesidad.
En cuanto a las letras, el romanticismo de canciones como ‘Siete Noches a la semana’, ‘El lindo amor’ o ‘Mañana mismo’ (con Paul ‘Blue Nile’ Buchanan emulando a Cervantes) confluye con tonadas más febriles como ‘Clon Regazado’ o ‘Perdonen, pero tengo un trastorno’… ¿Intentando compensar con humor una posible sobredosis de lirismo?
Nacho: Somos así, tal cual es el disco.
Antonio: Es innegable que el grueso de las canciones son de amor, de todo tipo, hay canciones que tratan el amor longevo, el que sobrevive y aguanta a los años, y otras que hablan de un amor que comienza, con sus miedos y prevenciones. Pero también para mí es natural hablar de un clon que se separa de sus compañeros y de una persona con una enfermedad mental que le hace cantar cuando esta nervioso o agitado. No está puesto a propósito, porque son canciones que estaban en mi cabeza en ese momento, y cada uno añadió las mejores que tenía en los meses de composición. Si la inclusión de ese tipo de canciones sirve de contrapunto a las otras, miel sobre hojuelas.
En este disco, las voces resuenan claras y cristalinas, lejos, por ejemplo, del susurro amable de los cantantes de bossa… ¿En el tema vocal podemos pensar más en interpretes italianos a lo Battisti o franceses a lo Becaud?
Nacho: En ese aspecto, Antonio tiene más que decir, ya que él es un gran admirador de Battisti. Creo que ambos coincidimos en nuestra pasión por cantar bien, crear armonías y lograr que la voz sea el motor que impulsa la canción. Pienso que el disco tiene un poco de todo, pero hay canciones que necesitan diferentes interpretaciones.
Antonio: Nacho es un gran cantante e intérprete, puede ir desde lo más intimo hasta soltar un chorro de voz que te tumba. Yo soy más limitado en ese aspecto, hago lo que puedo, pero teníamos claro que la voz es el corazón de la canción, lo que la define y emociona a quien escucha. Había que cantar bien, nada de esconderse.
Detectamos guiños a Louis Malle (sin dejar de pensar en Family), Godard, quizás Rohmer o el Pierre Barouh que visitaba Brasil en busca de inspiración divina ¿Es un disco peliculero (de fan) o más bien cinematográfico (la imagen como instrumento)?
Nacho: Totalmente. Es un disco muy cinematográfico precisamente por eso, porque muchas canciones presentan toda una escena completa, buscando situar al oyente e intentar sumergirlo en ella. Me gusta el término peliculero, creo que define parte de mi búsqueda.
Antonio: Yo soy muy peliculero en el aspecto de contar historias, muchas de mis canciones son peliculitas condensadas en tres estrofas y un estribillo. Sería un sueño llevar alguna al cine. En cómic ha funcionado “Flora Rostrobruno”, no te digo más.
El humor que sucede a la derrota emocional nutre canciones como ‘El Primero’ o ‘Cousteau’ ¿melodías para bailar con media sonrisa en los labios?
Nacho: Sí, esa persona, fuera del contexto actual de la perfección efímera, encarna a esos perdedores con encanto, aquellos que hacen el bien por amor sin que nadie lo sepa.
Antonio: La derrota también se puede adornar para hacerla un poco más dulce. No deja de ser derrota, pero cantándola así le das un poco de encanto y dignidad.
Otros cortes como ‘Todo el peso del mundo’ (hablando de una tercera persona) o ‘Nueva York, Tokio y Brasil’ subrayan el poder curativo del pop y de la melodía ¿Se trata de un disco optimista? ¿Creéis que se os puede señalar por resultar naïfs dado los vientos (en ocasiones terribles) que soplan en el mundo que nos ha tocado vivir?
Nacho: Exacto, eso lo he pensado en varias ocasiones. Pero, además, otra parte fundamental de las canciones es sanar las heridas, es ofrecer ayuda, es decir "no estás solo en esto". No lo digo por nada en particular, sino porque así me he sentido y me siento muchas veces en esto de la música. Parte de mi trabajo consiste en comprender la vida y usar ese entendimiento para ayudarme a mí mismo y a los demás. La canción "Nueva York, Tokio y Brasil" es precisamente eso: un pequeño mantra para seguir adelante, incluso con todo lo terrible que estamos viviendo. Me parece algo muy valioso.
Antonio: A mí la música de, por ejemplo, Nina Simone me cura cuando estoy mal. O la de los grupos de chicas como las Ronneteso las Shangri- las. La música tiene un efecto clarísimo sobre el ánimo, lo sabían ya los antiguos griegos, que recomendaban algunas escalas y prohibían otras. Qué maravilloso sería que nuestras canciones obraran ese milagro en otras personas.
¿Es un disco eminentemente de estudio o consideráis que el formato de directo también os va a llevar a esos matices que de otra manera no suelen cristalizar?
Nacho: Es un disco muy de estudio, sí, pero al empezar a ensayar nos dimos cuenta de que, en términos de conexión con las canciones y de llegar a la gente, los dos funcionamos maravillosamente. Dos voces, piano y guitarra logran una conexión muy poderosa, y sale a flote el intérprete, sin necesidad de arreglos. Es algo muy bonito.
Antonio: Hay una chispa especial en nuestro directo, se nota a dos personas pasándoselo bien haciendo música, y eso se transmite. Os animo a comprobarlo cuando toquemos cerca. No lo vais a lamentar, os lo aseguro.


