Paolo Conte. Foto: Jan Van Hecke

Empaquetado en una portada muy ilustrativa pero quizás no demasiado afortunada, lejos ya de aquellos collages impresionistas, retratos elegantes de soslayo o dibujos de Hugo Pratt que sirvieron de reclamo estético para canciones imperecederas en discos pretéritos, ‘Live in Caracalla: 50 years of Azzurro‘ es el nuevo disco en directo de Paolo Conte. Una grabación que registra en doble CD y triple vinilo el concierto que “il avvoccato” celebró en las Termas de Caracalla y con el que pretendía conmemorar  los 50 años de la publicación de la célebre ‘Azzurro‘, canción que en su momento popularizó Adriano Celentano. Un acontecimiento que no se antoja exclusivo de aquella noche, ya que tendrá su continuación en una gira de la que próximamente se anunciarán las fechas y que esperemos pueda recalar en España. Sin apenas material nuevo que llevarnos al plato desde la publicación de ‘Snob‘ (2014) (descontando los instrumentales inéditos de Amazing Game), el músico de Asti retoma la idea del epopéyico ‘Live Arena di Verona‘ y, aprovechando el encanto de un contexto idílico y un despliegue de medios tanto musicales como a nivel de producción ejemplares, afronta la grabación de un show de hora y media nutrido por un repertorio de 20 canciones.

El cancionero picotea en discos de todas sus épocas haciendo hincapié en ineludibles de sus citas en directo como ‘Soto le stelle del jazz‘, ‘Gioco d’ azzardo’ o ‘Madeline’, intercaladas con contadísimas revisiones de temas de sus últimos discos como ‘Snob’. El aroma a ocasión especial es refrendado por una amplísima orquesta, liderada por la guitarra versátil de Nunzio Barbieri y trufada de vientos, cuerdas y percusiones que realzan las texturas jazz de composiciones como ‘Dancing‘ (que abre la segunda parte del show a la vez que es el primer corte del segundo disco), el neoclasicismo de la poderosa (y juguetona) ‘Ratafià‘ o el abrumador crescendo (ya habitual por otra parte) de la grandiosa ‘Diavolo rosso’, en una sucesión de lujosas postales sonoras que contrastan en cierta manera con el encanto rústico que sobrevolaba la producción de la mayoría de estas canciones en su versión original, especialmente las que provienen de discos como ‘Aguaplano’ o ‘Parole d’amore scritte a macchina’. El concierto echa el cierre con una entusiasta interpretación de ‘Azzurro‘, con el público jaleando su inmortal estribillo y el broche de oro con la emotiva oda jazz de ‘Bye, music‘ engalanada por las cuerdas y aupada por las voces invitadas de las otrora habituales Ginger Brew y Julie Brannen.

El disco contiene un gancho en forma de canción inédita, la evocadora ‘Lavavetri‘ que entre efluvios griegos y pianos cadenciosos cierra la primera parte del álbum refrendando el arte de Paolo Conte para conjugar el Mediterráneo y la música de entreguerras, y así dar con lo atemporal, que nos obliga a invocar a su autor para que siga escribiendo canciones para un disco futuro.

 

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