Patricia Ann Cole no imaginaba, cuando entonaba himnos góspel en Watts a los cuatro años, que acabaría siendo coronada como The First Lady of Immediate. A esas alturas ya había pasado por un matrimonio adolescente fallido, dos hijos, jornadas dobles de trabajo y una salida de emergencia: enrolarse como Ikette en la troupe de Ike & Tina Turner. El resto es casi leyenda londinense. Una gira con los Stones en 1966, la mirada cómplice de Mick Jagger y una decisión a contracorriente: quedarse en Inglaterra. Allí descubrió un entorno menos hostil que el que había dejado en casa, y un puñado de músicos dispuestos a apostar por su voz de dinamita controlada.
El sello Immediate, regentado por Andrew Loog Oldham y Tony Calder, era por entonces una especie de laboratorio abierto. Con más entusiasmo que contabilidad, sus lanzamientos eran tan brillantes como erráticos. Y en 1968, cuando vieron en P. P. Arnold a la primera dama de su corte, decidieron plasmarlo en vinilo: The First Lady of Immediate (IMLP-011). El disco no fue un álbum al uso, sino el resultado de sesiones dispersas entre 1967 y 1968, con productores y músicos que hoy figuran en las enciclopedias del rock británico.
Ahí están Mick Jagger, produciendo “Though It Hurts Me Badly” y “Treat Me Like a Lady”; Andrew Loog Oldham, metiendo la artillería spectoriana en “Everything’s Gonna Be Alright” y “Born to Be Together”; y los Small Faces, en estado de gracia, regalando una joya como “(If You Think You’re) Groovy”, que además sirve de apertura. Un corte que podría figurar como uno de los mejores instrumentales de los Small Faces… solo que no lo firmaron para ellos mismos. Así eran las cosas en Immediate: generosas, caóticas y con aroma a vino barato de Carnaby Street.
La canción más recordada, claro, es The First Cut Is the Deepest. Cat Stevens la había vendido por treinta libras sin imaginar la posteridad. P. P. Arnold la llevó al puesto 18 de las listas británicas con una lectura vibrante, grabada una década antes de que Rod Stewart la convirtiera en estándar y de que Sheryl Crow la llevara a los 90. Aquí la voz de Arnold muestra un rango emocional que atraviesa el vinilo: del lamento íntimo al desgarro orgulloso.
Otros cortes, como “The Time Has Come” de Paul Korda (autor nunca remunerado por Immediate, otro clásico de la picaresca discográfica), “Would You Believe” o “Everything’s Gonna Be Alright”, cimentaron su prestigio en la escena mod y terminaron adoptados por los coleccionistas del Northern Soul. Era un repertorio a medio camino entre el soul americano y la orfebrería pop inglesa, con cuerdas, clavecines y ese punto barroco que hacía sonar a una afroamericana angelina como si practicara un soul “no americano”.
La relación con los Small Faces fue clave. Hermanos de sangre y escenario, colaboraban en sus grabaciones, compartían giras y hasta romances. P. P. Arnold prestó su voz a himnos como “Tin Soldier” o “Itchycoo Park”, mientras Steve Marriott se convirtió en cómplice personal y creativo. El álbum es, en buena parte, un documento de esa fraternidad.
El problema, como tantas veces en Immediate, fue la distribución. Entre impagos, malversaciones y la montaña rusa financiera de Oldham, el disco quedó en tierra de nadie. No ayudó que el sello cerrara en 1970, dejando a Arnold en un limbo contractual y vital. Ella lo recuerda como el final de “una época divertida” y el inicio de la amarga pedagogía del negocio musical.
Tras The First Lady of Immediate, todavía quedaría Kafunta (1968), con arreglos de John Paul Jones y versiones de “Angel of the Morning” o “Eleanor Rigby”. Luego vinieron duetos con Rod Stewart, colaboraciones con Keith Emerson (que se transformaría en The Nice), sesiones con Nick Drake y hasta grabaciones inéditas con Eric Clapton que verían la luz décadas más tarde. Su trayectoria, marcada por tragedias personales y resurgimientos continuos, quedaría narrada en su autobiografía Soul Survivor.
Hoy, al escuchar de nuevo The First Lady of Immediate, se entiende la paradoja: un debut irregular en su génesis, pero cohesivo en su resultado, donde la voz de P. P. Arnold se erige sobre cualquier desorden administrativo. Es un álbum que huele a Swinging London y a soul desgarrado, a estudio compartido y a promesas incumplidas. Y aunque los balances de Immediate se esfumaron en humo, la música permanece. Como diría ella misma en otro de sus cortes, Life is but nothing… salvo que te llamas P. P. Arnold y tu vida acaba convertida en historia de culto.


