Las de Cal Tjader vibran de una manera sensual; nos vamos al Caribe con un flow jazzero, bailan un mambo, ondean, se mecen de lado a lado en el aire sin llegar a caer…
Sus diferentes tonalidades nos alejan del grisáceo otoño y nos acercan a un otoño vital, con ese aire latino que marca el vibráfono de Tjader, acompañado por el piano que va delineando la armonía. Contrabajos, congas y timbales nos regalan un otoño lleno de ritmo… nos movemos o, tal vez, nos alejamos.
El contrabajo de Lars Danielsson, junto con la trompeta de Paolo Fresu (tan Miles o Baker), nos lleva a un paisaje donde las hojas ya han caído… Nos invita a mirar por la ventana, a recogernos en la contemplación de ese maravilloso tapiz de colorido minimalista en el que, sin sobresalto, se conjugan los límpidos cristales del norte con las cálidas brisas mediterráneas.
Vince Guaraldi (conocido por las melodías de Peanuts) es un gran bosque de secuoyas, una inmensidad rojiza, elevada. Tal vez nos hable de lo perenne, de cómo es el jazz. Ambiente cool en este soleado otoño californiano que invita a disfrutar de la naturaleza, a dar un paseo acompañado por la melodía que no se pierde: las primeras notas de ese piano inconfundible, “esa mano que canta y esa otra que va marcando el ritmo”… contrabajo y batería. Esto siempre permanece, como el verde de las secuoyas.
En las cuerdas de la guitarra eléctrica de Gábor Szabó flamean notas casi etéreas. Se tensan levemente, van cayendo al son de la guitarra, poco a poco, con cada toque de una cuerda…, hasta que al final se fusionan con una nueva melodía, sin casi avisarnos. De repente, ya no caen, y nos vemos envueltos en otro tema en el que la percusión toma el protagonismo (Speak to Me of Love). El invierno sigue a este otoño húngaro y de cierta psicodelia.
El otoño que parece no llegar… lo esperamos, nos despista, pero llega con una atmósfera sugerente, en la que las hojas se deslizan y alguna nota nos sorprende, adelantando esa dulce caída. Primero como un susurro, hasta que poco a poco se van desplegando trompeta, saxo… Maravilla de otoño del que no quieres marcharte, quieres seguir deleitándote con esa caída serena y elegante que nos regalan Miles Davis, Julian (Cannonball) Adderley, Hank Jones, Sam Jones y Art Blakey. No hay mejor otoño que este que parece que no llega.
Iggy Pop, con su voz dura y maravillosa, consigue un toque muy personal, como si nos hablara de su propia pérdida. El órgano eléctrico profundiza en la melancolía; contrabajo y cuerdas me devuelven a los orígenes franceses del tema (Édith Piaf, Yves Montand…).
Les feuilles mortes se ramassent à la pelle
Tu vois, je n’ai pas oublié
Les Feuilles Mortes habla de lo efímero, del amor, de la nostalgia, de la melancolía que produce la ausencia.
La melodía fue creada para el film Les Portes de la Nuit, con música de Joseph Kosma y poema de Jacques Prévert: un gris de posguerra, de pérdida.
Viajó y se convirtió en unas hojas de otoño (Autumn Leaves, Johnny Mercer), con otra letra y un título menos sombrío, tal vez. Probablemente sea la melodía más versionada del jazz: cada instrumento es una hoja que se deja caer, con su particular versión.
The falling leaves drift by my window
The autumn leaves of red and gold
Algunas melodías son como esas hojas: viajan de un país a otro, arrastradas por el viento del norte; vuelan a otro continente, traspasan fronteras y se convierten en propias sin perder su esencia.
Escucha las hojas: viajarás con la música desde París a paisajes no conocidos, y seguirá siendo otoño con sus distintos colores.


