Olden Yolk
Portada de Olden Yolk.

A la victoria por la melodía. Todo un bálsamo en forma de disco largo el que suministran los neoyorquinos Olden Yolk, a través de diez píldoras de pop distinguido, con capacidades curativas casi impropias de un disco de debut. Un álbum homónimo recién publicado, editado por uno de los sellos independientes con más prestigio del pop contemporáneo, Trouble in mind, y donde Shane ButlerCaity Shaffer se reparten voces e instrumentos (guitarras, bajo, percusiones, teclados…) y se dejan arropar por la batería de Dan Drohan y la electricidad a la guitarra de Jesse Defrancesco. Un proyecto de medio recorrido que tuvo su piedra de toque en 2013 con el sencillo ‘Burr Oak / Violet Vagaries‘  al que siguió un single compartido con Weyes Blood publicado en 2014 pero que hasta principios de 2018 no ha visto prensado su repertorio en un elepé.

Destacan los juegos vocales de Butler y Shaffer, en diálogos melódicos que retrotraen al almíbar con poso de The Go-Betweens – escúchen si acaso la trotona y luminosa ‘Cut to the quick‘ – la melancolía positiva de ‘Verdant‘ o las maneras propias de unos Heavenly en modo relajado que resuenan en la estimulante ‘Vital Sign‘. Con un sonido limpio, que aparece en ocasiones emborronado por amagos de psicodelia que, lejos de empantanar, enriquece las canciones, y da lugar a tonadas tan disfrutables como ‘Hen´s Teeth‘, que hasta parece escrita a pachas con Alasdair MacLean de The Clientele. Aunque más allá del desfile de referencias, podemos atisbar un sonido que quiere crecer hasta tener una entidad propia.

Todo ello en una colección de canciones que no inventan nada, pero que gracias a un trabajo en la producción cortesía de Jarvis Taveniere (miembro de Woods), que maneja con tino el olfato melódico, ciertas hechuras experimentales y una mirada no exenta de humor acerca de las tribulaciones urbanitas, se convierten en un lugar idóneo en el que poder quedarse durante algo más de media hora.

 

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