Olaf Ladousse.

Olaf Ladousse es un polifacético artista belga que reside desde hace años en Madrid. Ilustrador, diseñador de portadas de discos (Atom Rhumba, Patrullero Mancuso, Jonston…), impulsor del fanzine ¡Qué suerte! y músico en grupos como Solex y en la actualidad en Los Caballos de Düsseldorf, donde hace sonar sus doorags y de los cuales es su propio luthier. Precisamente el mes pasado entregó el prototipo del doorag que recibirán los galardonados en la próxima edición de Los Premios de la Música Independiente y que, según revela, consistirá en un nudo de pajarita de color negro sobre un tronco de aluminio. 

Eres músico, ilustrador, luthier… ¿Cómo fueron tus inicios en estas facetas y qué es lo que más destacarías de ellas?

Pez mecánico.
Pez mecánico.

Vivía tranquilamente en una pera cuando la fruta madura se cayó al suelo. Herido en la caída y en el orgullo repté hacia la corteza con una gubia de muleta para ajustar cuentas con el tronco. Ahí empecé a tallar todo tipo de quejas. Por el bosque pasaron unos mamíferos sensibles a mi arte y me encargaron ilustraciones para sus medios en la gran ciudad. Así comencé mi carrera de gusano grabador en medios ajenos. Secretamente sembré semillas en frutos de mi cosecha: fanzines, discos y otros artefactos auto-editados. Disfruto aplastando linóleo con el rodillo de amasar, el mismo que preparó la tarta de pera casera.

¿Por cuál de las tres profesiones nombradas anteriormente tienes más predilección? 

Me alimento de tartas caseras adornadas con los frutos de mi labor gráfica. Pero es el sabor musical que resuena en mi caja torácica. El sonido me entra por los ojos hinchando los pulmones. Es una reacción fisiológica bastante placentera.

Uno de los motivos por lo que eres conocido es por la fabricación de doorags. ¿Cómo describirías un doorag para lo que entiendan los lectores?

Se trata de abrir en canal un juguete u otro objeto sonoro alimentado por unos pocos voltios. Chuparse la yema antes de pasear por el circuito electrónico. Soy un hacker de Happy Meal. Aquí os dejo la receta.

CabezaAlfredoGarcia
Doorag ‘La cabeza de Alfredo García’.

No paras de fabricar este tipo de instrumentos desde hace años. ¿Llevas la cuenta de cuántos llevas fabricados?

257 doorags en el vergel, al margen de la cosecha anual de los Premios de la Música Independiente.

¿Qué virtudes destacarías de un doorag que no tenga un instrumento normal?

Es un instrumento inestable, incompatible con el virtuosismo. Cualquier oreja acariciándolo se convierte en músico.

También has diseñado portadas de discos. ¿Cuál o cuáles te parecen las mejores o al menos destacarías por algo en concreto? 

En general me gusta la próxima, pero el plagio del ‘$ 100 fine’ de The Litter que realicé para Atom Rhumba en la versión vinílica del ‘Amateur Universes’ me salió sabroso al dente de colores.

¿Qué te influye a la hora de llevar a cabo una ilustración?

A posteriori, siempre encuentro una imagen cercana con los mismos colores. Tengo una esponja arco iris en la retina. Si me permitís un poco de humor, procuraré esmerar el acabado.

El doorag es un instrumento inestable, incompatible con el virtuosismo. Cualquier oreja acariciándolo se convierte en músico

De los trabajos que te han solicitado desarrollar (doorags, ilustraciones…), ¿podrías contar alguno que te haya resultado muy chocante o fuera de lo habitual?

Los Caballos De Düsseldorf consiguieron actuar en la facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid con papel a modo de doorags. Sacar un acople de una hoja no es moco de pavo.

Portada de 'Amateur Universes' de Atom Rhumba.
Portada de ‘Amateur Universes’ de Atom Rhumba.

¿Qué proyectos tienes planificados en la actualidad?

Ahora mismo suelto el teclado para descapsular una cerveza, antes de retomar los contactos de la gira británica para Los Caballos de Düsseldorf. Luego pasearé unos grabados y ‘La cabeza de Alfredo García’ por Ljubljana. Mañana acompaño a Víctor Coyote de excursión en En la cabeza de Tesla (Madrid). Procuro salpicar el calendario de viajes y cabezas.

 

Sombra
Sombra.

Ahora estás distribuyendo el nuevo número del fanzine ¡Qué suerte!. ¿Qué destacarías de esta nueva edición?

El nº SOMBRA del ¡Qué suerte! ha salido bien alimentado. Es un bebé sano, naranja, azul y verde de 23 años y 122 páginas. Gustó a los colaboradores y espero que encuentre un hueco en el festín del gran consumo. (Fanzine ¡Qué Suerte! en Flickr)

¿Vas a fabricar otra vez el galardón de los Premios de la Música Independiente? ¿Podrías explicar en qué va a consistir el diseño o al menos ofrecer una breve descripción?

Entregué el prototipo del próximo Premio el mes pasado. La timidez y la discreción solo me permiten revelar que se trata de un nudo de pajarita negra sobre un tronco de aluminio. Muy elegante y oportuno para celebrar una entrega de premios.

Llevas muchos años viviendo en España. ¿Qué es lo que te ha motivado a permanecer en Madrid y no en otra ciudad con mayor proyección cultural?

Nada me motiva para permanecer en Madrid. Si fuese menos vago hubiera emigrado a otro árbol. Después de grapar las 24.000 fotocopias del nº SOMBRA, entendí que la proyección cultural es un espejismo o más bien una labor ajena a la topografía. El éxito es laborioso de conseguir en cualquier parte y altitud; del Machu Picchu a la red de pantalla táctil. Los gusanos de pera somos frugales.