Nino Tempo & April Stevens / All Strung Out

Hay discos que nacen de un anhelo desbordado, de esa dependencia emocional que uno intenta disimular pero acaba filtrándose por cada rendija del día. A veces el corazón avanza con un desorden propio, como si persiguiera algo que siempre se mueve medio paso más allá, y en ese vaivén —lo buscas y no está, lo llamas y se escurre— se dibuja una tensión discreta y persistente. Esa cuerda floja, tan poco heroica y tan auténtica, es la verdadera antesala de All Strung Out: un álbum donde Nino Tempo y April Stevens administran el desasosiego con la precisión de quien ha tomado demasiadas notas mentales en noches largas. El título actúa como una confesión sin alardes, casi un pensamiento fugado mientras uno intenta recomponer el día.

La arquitectura del disco es su gran secreto. Grabado en los Gold Star Studios, templo del viejo resplandor californiano, cada instrumento parece abrirse paso entre ecos que aún conservan memoria de otras sesiones. Allí estaban The Wrecking Crew, una cuadrilla capaz de convertir cualquier boceto en un pequeño monumento, con Nino integrado en esa tropa que sostenía medio pop norteamericano sin reclamar protagonismo. A los mandos, Larry Levine, ingeniero que conocía el Muro de Sonido como quien distingue cada tablón de su propia casa.

All Strung Out, la canción que da nombre al disco, se presenta con un empuje inmediato: cuerdas que avanzan en bloque, percusiones que marcan el terreno sin estridencias y una voz de April que atraviesa la mezcla con una convicción tranquila, como si la melodía le hubiera confiado un secreto antes de empezar. Allí está la huella de Nino, que coescribió el tema buscando no tanto la sombra de un éxito previo como ese tipo de intensidad emocional que él había visto nacer desde la mesa de control.

En You’ll Be Needing Me, Baby, los coros asoman con una cercanía que parece ensayada en un pasillo alfombrado, y The Habit of Loving You afina el equilibrio entre modernidad y tradición: un ritmo que avanza con suavidad, cuerdas que se acomodan sin robar espacio y un aire contemporáneo que no necesita imitar nada para sostenerse. La portada original, con sus aspiraciones psicodélicas, ofrece el chiste involuntario de la época: colores que prometen una deriva lisérgica para un disco donde lo que manda es el eco, no el ácido.

Ese choque entre producción clásica e imaginería nueva responde a algo más que una estrategia. April, consciente de que las listas se llenaban de rostros cada vez más jóvenes, admitió que retocó su edad para no quedar fuera de escena. Nino, por su parte, sabía que su fortaleza residía en un conocimiento técnico que muchos daban por superado. Entre ambos trazaron una tercera vía: un disco que conversa con su tiempo, pero no se plegó a él.

Hoy, convertido en objeto de búsqueda para coleccionistas y oyentes curiosos, All Strung Out demuestra que la modernidad no siempre implica dinamitar lo anterior. A veces basta con volver a un estudio donde aún queda polvo dorado en las paredes, rodearse de músicos que saben cómo sostener un arreglo sin sobrecargarlo y confiar en que la emoción encontrará su propia salida. Nino Tempo y April Stevens lo hicieron cuando la marea empujaba en otra dirección; quizá por eso este disco conserva esa mezcla tan rara de vulnerabilidad y decisión. Una confesión sostenida por un muro de sonido. Una cuerda tensada que todavía vibra.