Nick Waterhouse / Nick Waterhouse

Nick Waterhouse. Foto: Urko Dorronsoro Sagasti

Entregado a la causa del rock and roll y el rythm and blues imperecedero desde 2010 con el single ‘Some place’ – que posteriormente incluyó en el disco de debut ‘Time´s all gone‘ (2012) – Nick Waterhouse regresa al mapa sonoro de la mejor música de raíz con ‘Nick Waterhouse’ (Innovative Leisure, 2019), un disco homónimo de 11 canciones con las que el bardo de Santa Ana (California) se resiste a abandonar el amor por el crujido añejo de los sonidos de los años 50 y 60 que inundaban las emisoras de radio norteamericanas de costa a costa.

En el que es su cuarto trabajo largo, este Buddy Holly con esteroides que en su momento llegó a confesar haber caído en la más absoluta bancarrota, sigue sin ceder al drama y flirtea con el soul y, en general, los sonidos afroamericanos más accesibles en canciones que bien podrían haber sido compuestas por Dan Penn, probablemente uno de sus más grandes héroes, allá por 1960 y pico para ser recogidas en un utópico segundo volumen del maravilloso ‘The fame recordings’. Toda una colección de singles reunidos que Waterhouse grabó en los míticos Vox Recording Studios en Hollywood (California), lugar conocido como el estudio de sonido privado más antiguo del mundo y en el que, en los tiempos en los que se llamaba Electro-Vox, grabaron artistas de Capitol Records del calibre de Nat King Cole, Johnny Mercer o Henry Mancini. 

En esta tesitura, el autor de ‘Holly’ (Innovative Leisure, 2014) no solo no esconde sus cartas, sino que las muestra de todas las maneras que su compartimentada manera de hacer le permite: comenzando con el soul suntuoso de ‘By heart‘, arremangándose con el recio rythm and blues de ‘Song for winners‘ o poniéndose juguetón con la trotona ‘Wreck the road‘ (single que cuenta con un cachondo clip protagonizado por Danny Trejo). Una tríada que ejemplifica el manojo estilístico que sostiene el cancionero de Waterhouse y que el cada vez más solicitado productor Paul Butler (The Bees) modela con eficacia orgánica como la otrora empleada en discos de otros sugerentes remozadores de lo oldie (y no tan oldie) cómo St. Paul & The Broken Bones o Michael Kiwanuka.