Hay artistas que salen de fábrica con esquinas sin lijar, con el cableado a la vista y los resortes listos para saltar al primer acorde. Nellie McKay fue una de ellas. Cuando en 2004 publicó Get Away From Me, a medio camino entre la ópera bufa y la terapia ocupacional con piano vertical, pocos sabían si estábamos ante la enésima chica prodigio o ante una bomba de racimo estilística que nadie quería desactivar. Veintiún años después, Gee Whiz —la reedición en forma de demos de aquel debut— funciona como la versión fósil de un meteorito: idéntico en su silueta, pero más crudo, más directo, con esa electricidad todavía sin domesticar que antecede a la grabación de estudio.
Grabado en 2002 y lanzado ahora por Omnivore Recordings, Gee Whiz presenta 18 canciones que no solo anticipaban el debut de McKay, sino que lo desbordaban. Allí están ya los mimbres de “Sari”, “David” o “Ding Dong”, con sus arreglos mínimos pero efectivos, y una interpretación vocal que juega a ser teatral sin pasarse de rosca. Los temas adicionales —“Without You”, “Because Of You” y “Stop Where You Are”— no parecen descartes sino variaciones de un mismo mundo interior. Todo grabado, compuesto y producido por ella misma, cuando tenía apenas veinte años y una visión tan clara como incómoda: hacer un disco doble cuando todo cabía en un solo CD, trolear a Norah Jones desde el título y rapear contra Bush como si fuera cosa de todos los días.
Geoff Emerick, que acabó produciendo el debut oficial, quedó deslumbrado por estos demos. No era para menos. A pesar de su acabado casero, aquí ya asoma la orquesta errante de McKay: flautas ingenuas, guitarras funk que entran como de puntillas, ruidos líquidos que acompañan versos como “pour a drink” con un gorgoteo apenas perceptible. Más que una promesa, Gee Whiz es la demostración de que la promesa ya se había cumplido antes incluso de firmar contrato alguno.
Lo interesante es cómo este nuevo lanzamiento reabre la conversación sobre una carrera que nunca quiso quedarse quieta. Desde Pretty Little Head, otro álbum doble que terminó autoeditando tras romper con Columbia, hasta sus excursiones teatrales (de Rachel Carson a Joan Rivers, pasando por Billy Tipton), Nellie McKay ha preferido siempre el riesgo al consenso. Su activismo, su militancia vegana, su predilección por el cabaret combativo, todo forma parte de un mismo cuerpo: una artista que hace lo que quiere, incluso cuando no conviene.
Gee Whiz permite, además, ajustar cuentas con Get Away From Me, un álbum que fue muy celebrado pero también incomprendido. Con el tiempo, quedó claro que aquel lío de jazz lounge, rimas insolentes y cuerdas rutilantes era en realidad uno de los grandes manifiestos pop del nuevo siglo. Esta colección de demos, lejos de funcionar como documento arqueológico, lo refuerza.
Puede que Nellie McKay no figure en los altares del canon, pero ahí sigue, haciendo giras con bandas locales, grabando con su madre, musicalizando condenas a muerte o interpretando estándares de jazz con traje de monja (literal). Y eso, en una época de mimetismos tendenciosos y estandarización, es más punk que cualquier pose.


