Mysterio: «Hacer música genera también incertidumbres»

Mysterio.

La heteronímia emprendida por Charlie Mysterio – con proyectos dispares (propios y compartidos) y publicaciones guadianescas mediante – alcanzó cota mayor con la edición, a finales de 2018 de ‘Mysterio’ (Munster Records, 2018), el LP con el que el músico madrileño cristalizaba el sueño glorioso de poder difundir sus canciones a través de uno de los sellos más prestigiosos de nuestro pop. Una maniobra orquestada desde un sigilo casi oriental que sorprendió a propios y cautivó a extraños y que estaba tejida con mimbres analógicos más propios del pasado pero inevitablemente unidos a cualquier presente y futuro. Un Roland TR-606, la magia vibrante del fuzz y una suerte de canción ligera que combina homenajes al pop en castellano más avezado de los años 60, los enigmas centroeuropeos y una delicadeza casi eterna.

Tengo la impresión de que gran parte de tu cancionero es, en gran medida, un conjunto de piezas secretas que superpuestas con intuición pueden dar con las claves de una trayectoria tan enigmática como la tuya. 

¿Como si fuera un juego o un plan secreto? Ese planteamiento es fascinante; la realidad por desgracia es mucho más prosaica. Realmente no existe un plan, sólo la creación de un pequeño cancionero personal y hacer música por puro placer. Un repertorio que tuviera una utilidad sí sería un sueño, aunque su fin fuera actuar de somnífero natural para la siesta. Discos que contengan la clave para inducir al sueño… me viene automáticamente a la memoria uno, muy bonito. Un LP de Astrud Gilberto cantado íntegramente en japonés que grabó exclusivamente para el mercado de allí, sospecho que a finales de los 60. La suave cadencia de la bossa y una susurrante voz femenina cantando en japonés son mezcla prodigiosa. Dirás que la bossa en italiano o en francés funcionan de maravilla y te diré que también, pero la carioca cantando en nipón posee un poder especial y magnético. Doblemente exótico y relajante.

Sin embargo, con las canciones de ‘Mysterio’ creo que te expones un poco más que con anterioridad. ¿Es porque para debutar en un sello con el caché que atesora Munster uno tiene que presentarse con propiedad?

Munster impone. Hablamos, sin ir más lejos, del sello discográfico más importante que hay por estas latitudes, con un catálogo a día de hoy que no va a ser superado ni de lejos. Y una exquisita labor de reediciones. El mundo ha cambiado a propósito del portentoso rescate de Elia y Elizabeth, la reedición más importante de este siglo. No conozco otra que la supere. Y hablando de cancioneros, el de las Fleta -autoría de Elsa- es todo un prodigio. ¡Cómo suenan aún las producciones de Jimmy Salcedo! No es casual que Elia y Elizabeth estén sonando ahora mismo en series de la televisión, son irresistibles. La gente joven conecta mucho con ellas. Otra reedición fantástica -aún ha pasado inadvertida, espero que el mundo la descubra pronto- es el ‘Terremoto Richter 6:25 – Managua‘ (1973) de Alfonso Lovo. De nuevo una joya escondida y un rescate de lo más certero. Lovo, siendo más free y experimental que Salcedo, es otro maestro del sabor latino, los ritmos contagiosos. Los dos poseen el groove.

Me da que por la que cabeza te rondaban los sonidos de discos como ‘Camino del sol’ de Antena u otras perlas de aquel emblemático sello de linea clara llamado ‘Disques du crepuscule’. Esa analogía moderna que absorbía fallos y aciertos por igual y que convirtió a sus canciones en clásicos imperecederos…

El disco de Isabelle Antena es ya un clásico atemporal. Elegante, sugerente, cautivante, minimal, de una elegancia innata. Timeless, hoy suena fresco y actual. Todo en él es equilibrado: voces, guitarras, ritmos electrónicos… Por mucho que incluyan ‘Camino del sol‘ en compilaciones y esté en cierta medida reivindicado (existe hasta un curioso dance-remix contemporáneo), nunca cansa ni deja de sorprenderte. 

Antena y Cathy Claret son en mi opinión lo más sublime del Crepúsculo. Y una cosa preciosa que sacaron de Wim Mertens. Tuve un buen recopilatorio del sello (doble LP de preciosa portada) que conseguí a finales de los 80 y lamentablemente -como tantísimas cosas- he terminado extraviando. Otro artista muy interesante que recuerdo es Blaine L. Reninger que procedía de los quintaesenciales Tuxedomoon.

Charlie es Mysterio.

¿Crees que el buen gusto viene siendo subestimado de un tiempo a esta parte? Lo digo porque estos tiempos parecen empeñados en que solo debe trascender lo que transmite un mensaje determinado, y eso repercute en que la sutileza y el placer estético acaben en cierta manera soterrados…

Viendo un título menor aunque nada desdeñable de la saga Melville-Delon (‘Un flic‘ 1972) piensas una obviedad: el buen gusto se ha ido perdiendo paulatinamente en los ámbitos más pequeños y sencillos; como en el vestir de cada día o a la hora de decorar un despachito, tu espacio habitual de trabajo.  Policías, detectives, incluso gangsters, llevaban por entonces traje y corbata a diario. 

Toda persona que se pone corbata para ir a trabajar tiene ya mucho ganado. Salir de noche de esa guisa ya es el no va a más. Qué sencillo y reconfortante resulta para el cerebro humano tener tu rincón de trabajo despejado, ordenado, con una mesa simple pero confortable y práctica («My old desk«, cantaba el gran Nilsson) y una lámpara bonita que proyecte una luz necesaria, sin que resulte saturante.

Ya no digamos las casas de hoy. La gran mayoría habitamos por necesidad sitios alquilados, que se terminan transformando en espacios impersonales. Reivindico la propiedad inmobiliaria y el interiorismo personalizado. 

Don Sicalíptico me comentó en una ocasión que ‘Lo bello y lo triste’ le recordaba sobremanera a ‘Plus fort que nous’ (de Francis Lai y con Nicole Croisille y Pierre Barouh a las voces). Una de las grandes cualidades de la música es que a cada cual le lleva a un sitio determinado, un estado de ánimo concreto, más allá de la intención primera del autor. ¿No crees?

Cualquier pequeño comentario de Don Sicalíptico sabe a gloria bendita. Hablabas de buen gusto y él es precisamente su epítome. La banda sonora de ‘Un hombre y una mujer‘ es mi favorita de todos los tiempos. También es una película muy especial, la predilecta de mi abuela Beatriz, siempre en mis pensamientos. El film de Lelouch es soberbio, está injustamente infravalorado. Parece que sólo hayan trascendido los abrigos de nobuk de Aimée y Trintignant. La música es prodigiosa, no sólo el tema central sino la banda sonora completa. El famoso ramito de violetas de nuestra inolvidable Cecilia está basado en otro de sus cortes.

Michel Legrand se fue en Enero y me dio especial pena, Legrand era único. Tal vez porque compaginó al estilo de Gainsbourg las cosas serias con las petites choses. Suyas son cientos de melodías que se han grabado a fuego en nuestro inconsciente. De Cherburgo a Thomas Crown, pasando por Lelouch, Agnès Varda, ‘Verano del 42‘ … hasta ‘Érase una vez el hombre’. La Varda -otra maravilla- marchó semanas después de Michel. Una tercera desaparición esencial ha sido la de Scott Walker, el mejor de los mejores. Compré varias revistas con especiales suyos (imposible no sucumbir) y en las entrevistas Scott citaba siempre a Legrand como una de sus máximas inspiraciones. Lo único positivo de estas tres tristes partidas es descubrir y revisar las portentosas obras que nos han dejado.

Como analgésico ante los patrones preestablecidos, el rock and roll y el pop siempre echarán en falta  a personajes del calado de Nikki Sudden o Roberto C.Meyer. ¿Ya no queda espacio para los “William Blood” en este mundo?

Kevin Junior (The Chamber Strings) era otro de ellos. Por fortuna todavía quedan a lo largo y ancho del planeta rockeros errantes y románticos de la talla de Gil Rose, Dave Kusworth, Darrel Bath… vagabundos de la música y del alma a los que seguir siempre de cerca. Los auténticos subterráneos.

Hay otro personaje, este de la música clásica, que aunque ya no esté con nosotros me ha atrapado recientemente por su vida, trabajo y personalidad: Hans Hotter, el gran bajo-barítono alemán. Un coloso. Sus memorias son alucinantes. Me da por pensar que tanto Brel como Scott le escuchaban y apreciaban. He descubierto su increíble biografía gracias a un especial de diez entregas que le han dedicado en ‘Ars Canendi‘ de Radio Clásica. Formidable. Desde que Juan de Pablos se ha jubilado me ha pasado de Radio 3 a La 2. 

‘¡Qué extraño es vagar en la niebla!’ escribió Herman Hesse. Para ‘No volver a vagar’ hay que mantener una serenidad casi oriental. Aún así, la noche suele reincidir en la confusión. ¿Has dejado de pensar aquello de que “en la densidad del bosque se encuentra la soledad del joven samurái”?

Sin ser fan de Hesse creo haber detectado esa frase en Shakespeare. También diría que en el ‘Fausto’ de Goethe. Pero es una imagen muy de Sir William. La canción que citas es una adaptación libre de un poema de su compatriota Lord Byron. Hay una biografía magnífica reciente de Byron. Todo parece indicar que el querido Lord fue la primera estrella de rock del planeta (¡antes incluso que Errol Flynn!). En un principio esa canción iba a formar parte del repertorio de Os Peregrinos; por cierto Roger de Flor es ahora mi actor revelación. Fíjate en el nuevo video peregrino, ‘Ferrol Vello‘… su actuación me ha cautivado totalmente. Su presencia en cámara es tremenda. Cuando Roger se planta serio ante la cámara, dice mucho. Tiene drama.

Con ‘Sweet Kitsch’ rompes el tono crepuscular con un alarde de score erótico que poco tiene que envidiar al Morricone de ‘Canzone per Donatella’. El truco de esparcir el picante en el bocado menos esperado siempre funciona. ¿No?

Cualquier migaja de Ennio es oro puro. Envidio a los grandes maestros, soy una gota en pleno océano, un granito de arena en el desierto.

El tema que apuntas fue tan sólo una breve fantasía picantona como dices, que surgió una perezosa tarde veraniega tras disfrutar de un olvidado y excitante film de Jess Franco rodado en Amazonia, una de esas producciones alemanas que le encargaban. Por cierto, qué grande era Jesús Franco y qué poco se le ha ponderado aquí, injustamente. Sólo la fotografía, el montaje o los scores de sus mejores películas son algo muy serio. Todo lo que rodó en la segunda mitad de los 60 y primeros 70 es digno de estudio.

Creo que hasta 2008 no le dedicaron aquí ningún documental; los ingleses ya se lo habían hecho en el 88. Fuera siempre nos valoran más.

La energía de la original ‘Fuera de mis sentidos’ es más melancólica. En tu versión, sin embargo, propones un viraje sutil hacia el baile contenido. En tu óptica parece que hay más euforia que resquemor, justo al contrario de como lo cantan Micky y Los Tonys. ¿Curioso, no crees? 

Es una canción triste y melancólica por mucho que varíes el tempo e introduzcas un poco de electrónica contenida, como bien apuntas. Parece ser que Micky la compuso pensando en un amigo que estaba atravesando un mal momento, como consecuencia de una dolorosa separación. Lo que sucede es que ‘Fuera de mis sentidos‘ es una de las grandes canciones secretas de los años 60. La más gloriosa cara B. La incluiría siempre en cualquier recopilatorio de esos años.

Que yo sepa es la primera canción de nuestro pop que introduce un solo de Rickenbacker de doce cuerdas, algo insólito aquí para la época (1966). Puro sonido Costa Oeste. La letra es profunda y la estructura ascendente, pura maravilla. Sé que no tienen mucho que ver, pero si escuchas después ‘Reflections after Jane‘ (2000), mi favorita de The Clientele -especialmente su parte final- conecta de algún modo con la de Micky y Los Tonys. Diría que poseen el mismo tiempo, atmósfera y similar solemnidad.

¿Este disco supone el fin de una etapa? ¿O, cómo dijo Pessoa es tan solo “el misterio alegre y triste de quien llega y parte”?

Pessoa me gusta un millón de veces más que Hesse. ¿Esta cita es de su librito de aforismos? Siempre fascinante y universal. Pero espero que no suponga un triste fin aunque tampoco quiero hacerme alegres ilusiones, hacer música genera también incertidumbres. Si debo marcharme, partir o desaparecer, lo haré. No tengo intención de aburrir a nadie.