Mose Allison / Your Mind Is On Vacation (Atlantic, 1976)

Algunas personas se lanzan a la cháchara como quien intenta rellenar una piscina con palabras. Ocupan el aire, encadenan nombres, estadísticas, anécdotas y opiniones con la determinación de un vendedor que teme quedarse a solas con el silencio. Mose Allison conoció bien a esa especie. La observó en clubes, camerinos, barras de bar y oficinas donde el humo era tan espeso como las conversaciones. De aquella fauna surgió Your Mind Is On Vacation, una de las canciones más afiladas de su repertorio y también el título de un disco que funciona como una colección de observaciones sobre la comedia humana. “Si el silencio fuera oro, no podrías recaudar ni diez centavos”, canta Allison con esa media sonrisa que convertía cada frase en una mezcla de chiste, sentencia y ajuste de cuentas. Pocas veces un álbum de jazz y blues ha retratado con tanta precisión a quienes hablan sin escuchar, una tribu que medio siglo después sigue gozando de excelente salud.

A mediados de los setenta, Allison llevaba casi dos décadas perfeccionando una especialidad poco frecuente: combinar la sofisticación armónica del jazz moderno con el humor escéptico de quien ha observado demasiadas veces el mismo espectáculo humano. Había nacido en Mississippi, crecido entre algodón, blues y boogie-woogie, estudiado Filosofía e Inglés antes de desembarcar en Nueva York y abrirse camino junto a gigantes como Stan Getz, Zoot Sims, Al Cohn o Gerry Mulligan. Durante años fue considerado un pianista extraordinario que además cantaba. Luego ocurrió algo curioso. Sus canciones comenzaron a adquirir tanto peso que acabó sucediendo justo lo contrario: pasó a ser un cantante incomparable que además tocaba el piano como los ángeles más irónicos del bebop.

El punto de inflexión llegó a comienzos de los sesenta con I Don’t Worry About A Thing y terminó de consolidarse cuando Prestige publicó Mose Allison Sings. A partir de entonces su voz se convirtió en el vehículo perfecto para una colección de observaciones afiladas sobre la vanidad, la estupidez, la codicia o la simple condición humana. Mientras otros compositores levantaban grandes dramas al amor o la tragedia, Allison prefería fijarse en el tipo que presume demasiado en la barra del bar, en el vendedor de humo que se cree sus propias promesas o en quien confunde tener una opinión con haber llegado a alguna conclusión.

Your Mind Is On Vacation aparece en 1976 como una destilación tardía de todas esas virtudes. También como una anomalía dentro de su catálogo de aquellos años: una de sus escasas grabaciones de estudio en un periodo sorprendentemente silencioso y, además, un disco donde el habitual formato de trío recibe el impulso de una sección de metales que aporta color sin alterar la esencia del invento. Por allí aparecen músicos de la talla de David Sanborn, Joe Farrell, Al Cohn o Al Porcino, pero nadie eclipsa al dueño de la función. Los arreglos amplían el paisaje sin perder nunca de vista el centro de gravedad: esa mezcla de swing seco, blues intelectual y filosofía de barra noble donde Allison se movía con una naturalidad insultante.

La canción titular abre el álbum como una columna periodística convertida en blues. Allison no necesita enfatizar ni disfrazar el mensaje. Basta su manera de arrastrar las palabras, medio habladas, medio cantadas, para que cada verso caiga exactamente donde debe. Lo extraordinario es que casi medio siglo después la canción sigue pareciendo escrita para esta mañana. Cambian los escenarios, cambian los altavoces, cambian las formas desde las que se pontifica, pero el personaje sigue siendo reconocible. La boca trabaja, la mente ha puesto el cartel de cerrado por vacaciones y el mundo, resignado, aguanta la chapa.

A partir de ahí el disco despliega algunas de las mejores cartas de su repertorio tardío. One Of These Days avanza con la elegancia torcida de un blues nocturno que parece estar pensando dos movimientos por delante del oyente. Tiene algo de pequeña banda de Charles Mingus observando desde la distancia y algo de viejo rhythm and blues filtrado por una inteligencia poco común. Fires Of Spring introduce una sofisticación casi de cabaret crepuscular, con Allison manejando las pausas como quien sabe que el silencio suele resultar más expresivo que cualquier exceso ornamental. Todo suena medido, pero nunca rígido; trabajado, pero nunca satisfecho de sí mismo.

Si algo distinguía a Allison era su capacidad para encontrar poesía en los lugares más improbables. Ahí aparece Your Molecular Structure, una de esas canciones que solo podían existir en su universo particular: un piropo con bata de laboratorio, una declaración amorosa donde la química no sirve como metáfora perezosa sino como excusa para reírse un poco de la solemnidad romántica. Allison podía convertir una frase aparentemente absurda en una observación exacta sobre el deseo, del mismo modo que podía hacer de Swingin’ Machineuna demostración de oficio sin convertir el swing en una pieza de anticuario.

El disco funciona tan bien porque nunca separa al pianista del escritor ni al cantante del observador moral. Allison toca con una economía admirable, sin necesidad de llenar todos los huecos, y canta como quien ha decidido confiar más en la inteligencia del oyente que en el teatro del énfasis. Sus canciones no sermonean. Dejan caer una frase, apartan la mirada y permiten que el veneno actúe despacio. Esa distancia irónica lo emparenta con ciertos humoristas secos, con los narradores que parecen contar una broma cuando en realidad están firmando un informe sobre la ruina espiritual del vecindario.

También conviene recordar que Allison nunca fue únicamente un secreto para iniciados del jazz. Su influencia atravesó fronteras con una soltura curiosa. The Who llevaron Young Man Blues al terreno del rock eléctrico, The Yardbirds y Van Morrison encontraron en él una manera distinta de entender el blues blanco, y The Clash acabarían acercándose también a su repertorio. No resulta difícil entender por qué. Allison ofrecía algo muy valioso para los músicos que venían del rock: canciones con músculo, inteligencia, ironía y una falta absoluta de pompa. Era sofisticado sin ponerse insoportable, popular sin rebajarse, culto sin mirar por encima del hombro. Una ecuación bastante más difícil de resolver de lo que parece.

Your Mind Is On Vacation permanece como uno de sus trabajos más redondos porque reúne todas esas facetas sin convertirlas en catálogo. El pianista de bebop, el muchacho criado entre blues del Delta, el lector de filosofía, el cantante de fraseo elástico y el satírico que sabía lanzar un dardo sin despeinarse conviven aquí con una precisión admirable. La banda le acompaña con ese punto justo entre elegancia y mala intención, dejando que los metales iluminen las esquinas sin convertir el disco en una producción aparatosa. Incluso cuando el álbum se vuelve más refinado, conserva siempre una tierra seca bajo los zapatos.

La grandeza de Mose Allison estaba en su manera de decir verdades incómodas sin adoptar gesto grave. No necesitaba colocarse en el centro de ninguna tormenta moral. Le bastaba con sentarse al piano y describir al bocazas, al fanfarrón, al seductor de saldo, al ciudadano que promete más de lo que puede cumplir o al hombre que confunde el ruido con el pensamiento. En el fondo, Your Mind Is On Vacation habla menos de un tipo concreto que de una enfermedad bastante común: la incapacidad de callarse a tiempo.

Por eso el cierre circular resulta inevitable. “La vida es corta y hablar sale barato”, venía a decir Allison antes de pedir, con una cortesía cargada de dinamita, que si alguien insistía en seguir hablando al menos intentara hacerlo rimar. Medio siglo después, el consejo no ha perdido vigencia. Quizá incluso suena más urgente. En tiempos donde cualquiera puede convertir una ocurrencia en manifiesto, Your Mind Is On Vacation sigue funcionando como vacuna, espejo y pequeño manual de supervivencia. Si el zapato encaja, decía Allison, póntelo. Y si no encaja, quizá convenga revisar primero la boca.