Michael Nau / Less Ready To Go

Michael Nau. Bardo sin comparación.

Apenas ha pasado un año desde que Michael Nau publicara esa colección de favoritas que es «Michael Nau & The Mighty Thread» (Michael Nau, 2018), pero, siguiendo con su norma ya establecida de sacar a la luz un disco por año, el músico de Cumberland (Estados Unidos) presenta al mundo a su nuevo retoño en forma de LP, «Less Ready To Go», publicado casi por sorpresa. Podríamos pensar que Nau es una máquina de escribir canciones y que cada vez que abre el cajón aparecen docenas con las que dar sustento a un disco largo pero lo cierto es que, viendo cómo se la gasta con el apartado estilístico de cada porción discográfica, su ímpetu compositivo tiene más que ver con lo concienzudo y prolijo que con la falta de filtro.

Portada de «Less Ready To Go».

Lo que resulta obvio es que el aroma poético e introspectivo que sobrevolaba su disco anterior ha dejado paso en sus nuevas grabaciones a un tratamiento más distendido de la canción, que cristaliza en el atrevido tratamiento de la inicial «Hoops», la destartalada y juguetona «Boomtappin» o el excitante remedo doméstico del sonido de baile ochentero que airea en la vibrante «Poor condition». Un triplete inicial que pone las cartas sobre la mesa de un trabajo conciso, registrado con celeridad y sin pausa en Joshua Tree y donde Nau y su banda, grabaron cada corte en una sola toma y posteriormente modificaron la instrumentación para grabar una nueva toma superpuesta sobre cada corte ya registrado.

Un método intuitivo que condimenta el umbral etéreo de algunos cortes, con especial mención al reverb fantasmagórico de «Fade shade», sensacional soul bañado en extraña psicodelia o el blues deconstruido de «Grow my wave», banda sonora ideal para los viajes turísticos a Marte patrocinados por Elon Musk. Las capas ambientales siguen fluyendo en baladones nocturnos cómo «2 powers», todo un destello a lo Del Shannon producido por el Joe Meek más inquieto o en la desquiciada y danzarina «Look into dance», broche de oro para guateques siderales.

Casi una decena de canciones que picotean con tal gracilidad en una ingente paleta de estilos del pasado que se convierten en irresistibles ecos de un presente que repele con naturalidad al hype prediseñado.