Marianne Faithfull / Broken English

La historia de Marianne Faithfull representa siempre un camino de ida y vuelta. Niña más que precoz, casada y madre a los 14, la prensa amarilla inglesa la destapa a los 19 como la nueva novia del objeto de deseo de todas las quinceañeras británicas, un Mick Jagger que compuso su primera canción junto a su socio, Keith Richards, solo para que ella la cantara.

Aquella canción se llamaba As Tears Go By y abrió a Marianne la puerta a una carrera no solo musical, sino también interpretativa, que le generaría una imagen de icono generacional. Toda una princesa del Swingin’ London. Entre aquella efervescencia y su figura en los últimos años de su vida, en que se la ha venerado como un referente de capacidad de reinvención y poder femenino, se encuentran un buen montón de años en blanco en los que una espiral de drogas, sexo y asuntos turbios la sumieron en el anonimato y casi el olvido.

Broken English fue el disco que representó el punto de arranque de una rehabilitación de imagen y credibilidad artística que llega hasta el momento de su muerte este 2025, con 78 años, gracias a unas canciones impresionantes que alcanzaban la condición de trascendentales tanto en contenido como en forma. Tras años perdida y en estado lamentable, vagando por las calles de Londres, su voz se había tornado en una caricatura de la que era en sus tiernos años de hipster. Ella, sin embargo, la usó como símbolo de experiencia y poder interpretativo para un material que huía despavorido de la imagen cándida que propiciaban sus discos de los 60.

Su alianza con el guitarrista, compositor y productor Barry Reynolds (Blodwyn Pig) dio como resultado canciones como Broken English y Why D’Ya Do It, crudas y explícitas, que en versión maqueta cayeron en las manos y oídos de Chris Blackwell, quien la fichó para su sello, Island Records. El disco se grabó en los estudios Matrix de su Londres natal y, por expreso deseo de la artista, su sonido fue orientado hacia la utilización de sintetizadores, los cuales ayudó a programar el mismísimo Steve Winwood, logrando un acento mucho más moderno y vanguardista de lo que se esperaba de ella.

La canción que sirvió de presentación, The Ballad of Lucy Jordan, fantástica composición de Shel Silverstein que retrata sin tapujos la desesperación de un ama de casa frustrada, pilló por sorpresa al público, que la recordaba como un ángel candoroso y ye-yé. Su sonido atmosférico y electrónico se sumaba a la voz aguardentosa de Faithfull para contar una historia desgarradora que acabaría por convertirse en todo un himno de identidad femenina y que ha sido recuperado, por ejemplo, en numerosas bandas sonoras, como la de Thelma & Louise.

El resto del disco andaba por los mismos derroteros, ofreciendo una mezcla de rock, blues, funk y hasta reggae, muy en consonancia con la época, pero con un resultado perdurable que aún hoy surte efecto, al contrario que muchos productos coetáneos. En cuanto a temática, las canciones eran tan corrosivas como podían ser. A versiones como la de Silverstein o Working Class Hero, el alegato socialista escrito por John Lennon, se sumaban originales escritos para ella o con ella, que abordaban temas tan complejos como el terrorismo (la titular), el abuso de drogas (What’s the Hurry?) o la infidelidad, en el caso de la final Why D’Ya Do It, una canción que además fue prohibida en algunos sitios por su especialmente sórdido uso del lenguaje explícito.

Broken English no fue un éxito, aunque la crítica lo aclamó, pero ha perdurado hasta nuestros días como un símbolo de la capacidad de la mujer para mostrarse tal como es y hablar sin tapujos de las auténticas circunstancias que la rodean, sin preocuparse en absoluto por la imagen que los demás puedan tener de ella. Algo que debería ser lo normal, pero que ni siquiera hoy en día parece claro, dada la persistente situación de trato de inferioridad, artística o laboral, de muchas mujeres con respecto a los hombres.

Faithfull representa esa figura de piedra a la que admirar cuando uno deja de creer en la esperanza. Ese referente al que miran todas y todos cuando quieren encontrar autenticidad, pues su carrera, tras el bajón, siguió viento en popa, ofreciendo obras de calado, siendo ella misma y sin callarse absolutamente nada. No en vano, todo autor o autora que se precie (Nick Cave, Anna Calvi, Ed Harcourt, Roger Waters, Mark Lanegan, Damon Albarn, PJ Harvey…) quiso escribir canciones con o para ella. Era la mujer de todas las mujeres. Era la cantante de todos los cantantes.