Malia / One Grass Skirt To London

La memoria sonora tiene sus propios laberintos, y Malia parece haberlos recorrido todos en One Grass Skirt To London. El título, una frase sencilla pero elocuente, nos transporta desde su Malawi natal hasta las lluvias persistentes del sur de Londres. Son 8,200 kilómetros traducidos en catorce versiones extraídas de otras tantas bandas sonoras, piezas que funcionan como polaroids emocionales de una vida marcada por los desplazamientos y el amor por el cine.

Desde Yellow Daffodils (2002), Malia ha transitado por el jazz, el blues y los ecos de sus raíces africanas, explorando cada género con precisión técnica y una estética cuidadosamente medida. En Black Orchid, reinterpretó a Nina Simone con sobriedad; The Garden of Eve ahondó en el blues como vehículo expresivo, mientras que Malawi Blues/Njira incorporó un enfoque más introspectivo ligado a su herencia malawiana. One Grass Skirt To London (2025) llega como una continuación de este recorrido, centrado ahora en versiones de temas cinematográficos que marcaron momentos clave de su vida. Aunque muestra una coherencia estilística propia de su discografía, el álbum depende enteramente de composiciones ajenas, lo que limita su capacidad de sorprender o aportar algo nuevo a su evolución artística.

En sus mejores momentos, este disco logra tejer sensaciones que relucen de manera sincera y envolvente. Temas como el archiconocido “Everybody’s Talkin’” de Midnight Cowboy y “Here On My Own” de Fama se benefician de la interpretación controlada pero cargada de matices de Malia, mientras que “Pure Imagination” consigue encontrar su espacio entre la ternura y la melancolía, sin caer en excesos. Pero incluso en su elegancia, persiste un aire de contención que deja entrever las limitaciones inherentes a un proyecto de versiones.

Con su trío de confianza —Alexandre Saada en el piano, Jean-Daniel Botta en el bajo y Laurent Sériès en la batería—, Malia construye un sonido íntimo y de líneas limpias, casi minimalista. No hay espacio para la improvisación desbordada ni para riesgos estilísticos; todo se mantiene dentro de un marco bien calculado. Este enfoque aporta coherencia, pero también puede resultar demasiado inmovilista, tanto como para que le prestemos al disco la atención que quizás sí se merece.

Quizá la pieza más reveladora sea “When I’m Cleaning Windows”, un tributo a su padre que data de la película de 1936 Keep Your Seat Please. Es en momentos como este donde el álbum encuentra una chispa genuina, un atisbo de conexión que va más allá del ejercicio estilístico. Sin embargo, estas luces son esporádicas, y en conjunto, One Grass Skirt To London no logra escapar del terreno de lo anecdótico.

El trabajo tiene mérito: es sofisticado, bien producido y ejecutado con un respeto evidente por el material original. Pero cuando el último surco termina de rodar, deja la sensación de ser un proyecto más autoindulgente que revelador (a pesar del emotivo y reivindicativo despliegue final de “Dambala”), una especie de diario sonoro que, aunque elegante, difícilmente rompe con lo conocido. Para fans de Malia, es una ventana más a su universo; para los demás, un tránsito musical que invita a la escucha, pero no necesariamente convence.