Mac Miller / Balloonerism

Cinco años después de Circles (2020), el catálogo inédito de Mac Miller sigue expandiéndose como un hilillo de humo en una habitación sin ventanas. Balloonerism, su segundo álbum póstumo, es un artefacto de otra época, un registro de 2014-2015 cuando Miller se encontraba en plena transformación creativa. No es su trabajo más cohesionado, pero sí uno de los más intrigantes: una especie de mapa incompleto que deja entrever los caminos que podría haber tomado de no haberse apagado demasiado pronto.

El 7 de septiembre de 2018, Mac Miller fue encontrado sin vida en su casa de Los Ángeles por una sobredosis accidental de fentanilo, cocaína y alcohol. Tenía 26 años. Su muerte dejó en shock a la industria musical y a una generación de oyentes que habían crecido con su evolución artística, desde el entusiasmo juvenil de Blue Slide Park hasta la introspección madura de Swimming. En los años siguientes, su familia y la gente de su entorno profesional han trabajado con cuidado para preservar su legado, lanzando Circles en 2020 y ahora Balloonerism, un álbum que Miller siempre quiso compartir con el mundo pero que había quedado en el limbo mientras otros proyectos tomaban prioridad.

El misterio que envolvió Balloonerism durante años alimentó su estatus de obra perdida. Circuló en foros, en archivos de dudosa procedencia, en listas de reproducción confeccionadas por fans que intentaban reconstruirlo. No era solo un puñado de demos, sino un álbum con intención, con una estética definida. Según su entorno, Miller hablaba con frecuencia de cuándo y cómo debería lanzarse, aunque siempre había otro proyecto por delante. Su plan nunca se concretó, pero ahora, una década después de su gestación, su familia ha decidido dar el paso.

Escuchar Balloonerism en 2025 es como abrir una cápsula del tiempo sin instrucciones. Devuelve a un Mac Miller todavía juguetón, menos introspectivo que en Swimming o Circles, pero ya experimentando con las texturas y atmósferas que definirían su etapa final. Es un disco en constante zigzag: a ratos parece hip-hop lo-fi sin gravedad, en otros momentos coquetea con el jazz psicodélico y el R&B etéreo, y luego se sumerge en pasajes abstractos que rozan el spoken word.

Hay algo en Balloonerism que evoca la figura de Rick Rubin (protagonista involuntario en el corte Rick’s Piano , incluso en Reddit hay teorías curiosas sobre la relación platónico-artística entre ambos), aunque Miller nunca llegó a trabajar con él. Quizás sea la forma en la que las canciones parecen respirar, sin estructuras rígidas, dejando que los espacios vacíos sean tan importantes como las notas. O tal vez sea esa cualidad cruda, casi de boceto, que sugiere que el álbum podría haber tomado cualquier otra forma dependiendo del día y del estado de ánimo del autor.

Pero también hay sombras de Tom Waits en el aire. “DJ’s Chord Organ” es un buen ejemplo: un interludio (previo a la seductora aparición de SZA) que suena como si alguien hubiera dejado un casete viejo en el fondo de una piscina, con voces distorsionadas y un órgano de juguete que recuerda a aquellos momentos de Rain Dogs en los que Waits parecía estar improvisando en una taberna de otro planeta. No es que Mac Miller estuviera tratando de imitar a Waits—sus universos eran demasiado distintos—pero hay un espíritu compartido de experimentación, de usar lo imperfecto como herramienta expresiva.

No todo en Balloonerism es bruma y bocetos inconclusos. Hay momentos en los que Miller encuentra el foco y entrega destellos de brillantez. “Tambourine Dream” abre el álbum con un aire ensoñador y un beat que parece flotar. “5 Dollar Pony Rides” juega con melodías irregulares que se deslizan entre el jazz y el hip-hop sin perder frescura. “Funny Papers” es el corte más accesible del álbum, con un groove hipnótico que recuerda a la ligereza engañosa de The Divine Feminine. En “Excelsior”, Miller deja entrever su faceta más melancólica, con una producción delicada que le da espacio a su voz, sin adornos innecesarios.

Esos momentos muestran a un artista en plena búsqueda. No tiene la cohesión narrativa de Swimming ni la claridad emocional de Circles, pero lo que le falta en estructura lo compensa con posibilidades. Un álbum que no se cierra sobre sí mismo, sino que deja puertas abiertas. Más que un epitafio, Balloonerism es un mensaje de Mac Miller desde una etapa en la que todavía no sabía del todo hacia dónde iba, pero estaba dispuesto a explorar. No es un álbum esencial dentro de su discografía, pero sí un documento valioso para entender su evolución. Caótico, brillante, disperso y, en algunos momentos, conmovedor.

Quizás Miller nunca hubiera lanzado Balloonerism en este estado, quizás habría seguido ajustándolo, puliéndolo o incluso descartándolo. Pero ahora que finalmente ha visto la luz, queda como una pieza más en el mosaico de un artista que, incluso en su ausencia, sigue llenando espacios con su música.