Mabiland.

Sin haber cumplido todavía los 23 años, la biografía de Mabiland contiene todos los ingredientes necesarios para que las canciones que defiende con su garganta prodigiosa respiren vida y autenticidad dejando de lado clichés impostados. Una partitura vital, donde el descubrimiento del jazz clásico y el amor por la literatura infundido por su madre catalizaron la búsqueda de bifurcaciones frente a la dureza de las calles en su Quibdó natal. Residiendo en la actualidad en Medellín y partiendo de su pasión por el soul, el blues y otras músicas de la periferia plagadas de alma y negritud, la cantante colombiana refrenda en ‘1995’ (Mabiland, 2018), su disco de debut, el buen hacer que destiló en ‘Ciclos’ (Mabiland, 2015), un EP de cinco canciones que llamó la atención por su desparpajo y empaque sonoro. En su primera grabación de largo recorrido recurre de nuevo al trabajo en la producción de Alexander Zapata, y realza el color de unas canciones que desde su sensibilidad soul suenan plenamente contemporáneas al importar sin complejos apuntes de hip hop, recursos sonoros ambientales (conversaciones, ruidos urbanos y grabaciones de campo) y música electrónica. Talento natural.

Parece ser que tu amor por la música empezó tras descubrir un disco de Louis Armstrong. ¿Inevitable que tu estilo esté tan fuertemente influenciado por el blues y el jazz?

No sé si inevitable, pero para mí la música es un antes y un después del jazz y el blues, son música con alma, y es eso lo que me atrapa y me ha llevado a hacer esto.

Portada de ‘1995’

Aún así has conseguido un sonido muy particular, supongo que la voz es la que marca la distinción y el hecho de cantar en castellano canciones que siempre han sido entonadas en inglés. Pero aquí la música no es un mero colchón, ¿verdad?

En definitiva, aquí la música no es un mero colchón. La composición sonora de ‘1995’ narra sensaciones. Yo me enfoqué en que mi productor Alexander Zapata y la banda entendieran los contextos sonoros de los que yo vengo, lo que escucho, la música que respiro, yo creo que fui muy obsesiva con ello. En algún punto me pregunté si era demasiado, pero mirá que no, y la banda es un power trio de artistas que están poniendo el alma en esto.

¿Por qué ‘1995’?

El álbum tiene este nombre porque nací el 6 de diciembre de 1995, allí empezó todo, no antes, fue allí, en ese justo momento, las cosas cambiaron en mi entorno cuando llegué y, sin duda, nacer en mi familia, en el Chocó, ha hecho una marcación especial en mí. Así que este mundo, Mabiland, no podía ser narrado de otra forma que no fuera desde el 95, desde el principio.

Debutaste con un EP titulado ‘Ciclos’, de un cariz más acústico y con gran protagonismo del piano. En ‘1995’ has buscado una mayor sofisticación de tu sonido. ¿No es así?

‘Ciclos’ fue una terapia, no estaba bien, odiaba mucho de otros y de mí. Allí siento que ese momento personal me limitó. ‘1995’ es otro nivel de cosas, y aquí sí podemos decir que encontré los colores correctos para pintarme, mi banda, la paz personal, la madurez que dejan la vida y la calle, reconocerme y entenderme, pues para eso es que me vivo esto.

Es interesante observar que tu forma de cantar es flexible y se puede adaptar a lo que propones en cada tema. Poniéndonos con las etiquetas, algunas veces suenas como Amy Winehouse, otras como Erykah Badu, en ocasiones como Ella Fitgerald o Neneh Cherry. ¿Te sale tan natural como parece o hay mucho esfuerzo detrás de ello?

Llevo ya seis años haciendo esto y si no trabajas y no practicas tu arte no creces. No he tomado clases de técnica vocal, respeto muchísimo a los que lo hacen. En mi caso ha sido empírico por una “sagitariana” obsesión de ser cada día mejor, pero sí, puedo decir que es algo natural.

Interpretas canciones sobre desgarros emocionales, amores y desamores, música muy vivida pese a que tu eres muy joven. También se trata a veces de interpretar un papel. ¿No es así?

Me interpreto a mí misma, y eso creo que es algo muy loco porque es mirarse profundamente a un espejo en el que muchas veces no me quise mirar. Y pues… la edad que uno tiene no limita a la vida, ella se encarga de golpear, premiar y enseñar en demasía, y eso ha hecho conmigo.

Escribes poesía desde hace tiempo. ¿En qué manera influye la literatura en tu forma de enfrentarte a la canciones? ¿Tienes algún referente? En tus letras hay poco de realismo mágico y mucho de calle y vida.

Esto va a sonar muy cliché, pero ¿qué más poesía que la vida misma? Golpearse es bonito también, no voy a negar que tengo cierto amor por Girondo, y que Gabo (Gabriel García Márquez) me hizo entender el realismo mágico en el que vivimos en Colombia. La vida acá es cruda, y hermosa, si usted en esto no encuentre poesía, entonces ¿en qué?

Introduces con mucha naturalidad los fraseos rap y el spoken word en canciones como ‘¿Qué tu quieres?’. Te interesa el hip hop. ¿Alguna escena en particular?

La cultura musical de Quibdó (Chocó) es muy urbana, ¿saben? yo me acuerdo que en el colegio en los descansos se bailaba y se improvisaba muy naturalmente rap local, reggaeton, solo por diversión. Mi barrio era, es un barrio crudo y que ha vivido la falta del estado. La música que escuchaba de adolescente era casi toda rap; te puedo hablar de que la música hip hop en Quibdó es enormísima, pero no hay una cultura hip hop, o apenas se está formando.

Dicen que Medellin – ciudad donde resides actualmente – es uno de los puntos claves de la música latinoamericana contemporánea e incluso músicos españoles del calibre de C. Tangana viajan allí en busca de inspiración y colaboraciones. ¿Qué tiene esta ciudad que no tengan otras?

En Medellín encontré cultura organizada, en general acá uno puede ir a ver obras de teatros, películas de calidad, y tener espacios donde cuestionarse y/o explotar las ideas. Lastimosamente mi tierra ha vivido muy limitada respecto a eso, y eso me atrapó en Medellín. Acá la gente siempre está haciendo algo y, lo más importante, hay oportunidades, han creído en Mabiland y eso ha hecho que la eterna esté eternamente en mi corazón, eso sí, puede que esta sea esa cara de la ciudad que todos deseamos que hubiese, pero no es así para todos, por eso siempre voy a estar agradecida.

En ‘Diciembre de 1995’ parece que narras una cruda historia autobiográfica. Este disco era un paso necesario para ajustar cuentas con tu pasado y contemplar el futuro con la mirada limpia. 

‘1995’ es la forma que tengo de dejar plasmado de donde vengo yo. Uno necesita eso para no repetir fallidas historias, para no errar sobre el error. Mi vida ha estado llena de cosas pesadas, pero también de cosas invaluablemente hermosas, y este álbum en la base para poder seguir después de todo, pues a la larga tengo 22, así a veces no parezca.

 

Opina

Escribe tu comentario
Por favor, introduce tu nombre