Lucio Battisti / Emozioni (Ricordi, 1970)

En los últimos meses, Atonal ha orbitado varias veces en torno a Lucio Battisti. Primero, cuando en un artículo sobre Common recordábamos cómo Master of None resucitó su figura como brújula emocional de la serie —esa música que convertía las dudas amorosas de Dev Shah en un reflejo mediterráneo del desamor urbano—. Después, cuando Andrea Laszlo de Simone entró en escena y el nombre de Battisti reapareció, inevitable, como santo patrón de la introspección italiana. Era cuestión de tiempo que llegáramos aquí: Emozioni(1970), el disco —o más bien la antología involuntaria— que cambió la manera de cantar, escribir y sentir en Italia.

Los primeros años de Battisti fueron puro aprendizaje en combustión lenta. Autodidacta, tímido y con una voz discutida por su propia discográfica, encontró en Giulio Rapetti (Mogol) a su espejo perfecto. Mogol insistió en que cantara sus propias canciones, convencido de que aquella voz poco ortodoxa contenía algo irrepetible. Tenía razón. Desde 1965, la pareja comenzó a firmar un repertorio que sacudió las emisoras: Acqua azzurra, acqua chiara, Mi ritorni in mente, Fiori rosa, fiori di pesco. Su mezcla de melodía italiana, rhythm & blues y un eco anglosajón aprendida de Ray Charles, The Beatles o Bob Dylaninauguró una nueva etapa en la canción popular. A finales de los sesenta, Battisti ya era una celebridad: dos Festivalbar consecutivos, paso triunfal por San Remo y una popularidad que, sin embargo, lo incomodaba. Quería que lo juzgaran por su música, no por su peinado ni por la sonrisa que le exigía la televisión.

Cuando Emozioni salió el 15 de octubre de 1970, no fue idea suya. Ricordi, su sello, había decidido posponer el disco experimental Amore e non amore —considerado “demasiado avanzado” para el público italiano— y publicar una recopilación de sencillos. Battisti se enfadó, con razón. Pero el público no lo notó: Emozioni fue un éxito monumental, el álbum más vendido de Italia durante meses. Una antología impuesta que acabó siendo una victoria.

Lo que convierte Emozioni en algo más que un recopilatorio es su narrativa inadvertida. Escuchado en orden, el disco funciona como un retrato íntimo de un país que empezaba a mirarse hacia dentro. En Il tempo di morire late el rock más terrenal; Fiori rosa, fiori di pescocondensa tres minutos de ansiedad y epifanía; Acqua azzurra, acqua chiara ofrece una limpieza espiritual disfrazada de estribillo pop. Y luego está Emozioni, la canción que da título al álbum, un viaje interior nacido —literalmente— de otro viaje: el trayecto a caballo entre Milán y Roma que Mogol y Battisti emprendieron aquel verano. “Seguir con gli occhi un airone sopra il fiume e poi ritrovarsi a volare”, escribió Mogol, y ahí estaba todo: la mirada, el vuelo, la imposibilidad de explicarlo. “Capire tu non puoi, tu chiamale se vuoi, emozioni.” Pocas veces la frustración de nombrar un sentimiento tuvo un verso tan exacto.

Emozioni es un disco que se mueve entre dos orillas: la del éxito inmediato y la del riesgo artístico. Por debajo de su aparente sencillez asoman los primeros síntomas del Battisti posterior: el músico que pronto dejaría el pop para explorar territorios más conceptuales. Su conflicto con Ricordi no solo dio pie a la fundación del sello Numero Uno, sino que inauguró su larga travesía hacia la libertad creativa. De ahí vendrían Amore e non amore (1971), el monumental Anima latina (1974) o el hermetismo electrónico de su “período blanco”. Aquel hombre que escribía himnos radiables acabaría fabricando discos en los que casi no había estribillos, solo texturas, coros y sintetizadores.

Esa evolución, más que ruptura, tiene su semilla en Emozioni. En retrospectiva, el álbum funciona como un umbral: el fin de la ingenuidad sesentera y el principio de una introspección moderna, existencial, casi filosófica. Battisti no buscaba representar a nadie, pero consiguió que toda una generación se reconociera en sus canciones. Medio siglo después, sigue siendo el punto de partida para entender el pop italiano —y, de paso, a quienes lo heredan, de Lucio Dalla a Andrea Laszlo de Simone—.

Si uno quisiera resumirlo con un guiño, bastaría con decir que Emozioni fue el primer disco de autor que enseñó a un país a conducir “como un loco con las luces apagadas en la noche” solo para comprobar si todavía estaba vivo. Y lo estaba. Mucho.