Lucinda Williams / World’s Gone Wrong (Highway 20 Records, 2026)

Al preparar la lista con las canciones de enero de 2026 hubo una ausencia que me hizo pensar en algo más amplio: lo fácil que resulta caer en la pereza y lo necesario que sigue siendo aportar criterio. Quería incluir The World’s Gone Wrong, la canción que abre y da título al nuevo disco de Lucinda Williams, y no estaba en Spotify. Sí aparecía en Qobuz, sí en esos espacios donde todavía se presupone una escucha activa y se valora al artista con conciencia. No hubo comunicado ni excusa técnica: todo apunta a una decisión consciente. A estas alturas, Williams no confunde alcance con convicción. Que este disco no esté donde suena todo no parece un error; parece una nota al margen escrita con subrayador.

La carrera de Lucinda Williams siempre ha avanzado a base de desplazamientos lentos pero firmes. Empezó interpretando folk y blues tradicionales, dio el salto definitivo a la composición propia a finales de los ochenta y terminó de fijar su territorio con Car Wheels on a Gravel Road, cuando el término Americana todavía no era un comodín. Durante años escribió sobre relaciones, pérdidas privadas y carreteras secundarias. Luego el país empezó a chirriar con más fuerza y su escritura giró con él. Good Souls Better Angels marcó ese cambio de tono. World’s Gone Wrong no lo inaugura: lo confirma sin rodeos.

Editado en su propio sello, Highway 20 Records, el disco suena a reunión de veteranos que saben cuándo apretar el acelerador y cuándo dejar respirar. En la producción, Tom Overby y Ray Kennedy apuestan por un sonido directo, sin capas superfluas. Las guitarras de Doug Pettibone y Marc Ford entran crujientes, a veces infecciosas, a veces evocadoras. El órgano Hammond y los teclados aportan ese poso sureño que no mira atrás con nostalgia, sino con memoria. La base rítmica sostiene el conjunto con oficio, y cuando asoma la armónica lo hace como quien conoce bien el barro.

Desde el derrame cerebral que sufrió en 2020, Williams ya no toca la guitarra. No le hace falta. Su voz —más áspera, más vivida, más bruñida— carga con todo el peso del relato. The World’s Gone Wrong, con Brittney Spencer reforzando el estribillo, dibuja pueblos vaciados, fábricas cerradas y la sensación de que algo se rompió sin previo aviso. Something’s Gotta Give avanza como un blues cansado que enumera grietas morales. How Much Did You Get for Your Soul? formula la pregunta incómoda sin adornos. Black Tears enlaza el presente con la historia racial del país en doce compases de pantano. Sing, Unburied, Sing, inspirada en la novela de Jesmyn Ward, convierte su título en un impulso obstinado, más físico que retórico.

Las colaboraciones funcionan como gesto comunitario más que como reclamo. Una enorme Mavis Staples aparece en So Much Trouble in the World, tendiendo un puente natural entre reggae (Bob Marley en el horizonte compositivo), gospel y country. Norah Jones cierra el disco con We’ve Come Too Far to Turn Around, piano y armonías que recuerdan que la resistencia también puede ser serena. Aquí la camaradería no es un concepto: es gente cantando junta para sortear la caída.

El conjunto mezcla rock pantanoso, soul profundo, blues desatado, teclados con ecos clásicos (Al Kooper en el imaginario) y guitarras al punto justo. Por encima de todo está la personalidad de Lucinda Williams, que no se casa con nadie. Una verdadista en el sentido más literal: alguien que cuenta lo que ve y piensa aunque provoque resquemor o resulte incandescentemente incómoda.

Una colección de canciones que bailan al son de un título y el corte que abre el disco, cuya letra pone el broche. Parejas que madrugan, trabajos que desgastan, casas vacías, noticias que confunden, días en los que cuesta levantarse. Y, de pronto, un gesto mínimo: poner un disco de Miles, bailar descalzos sobre las baldosas y olvidar los problemas durante un rato. No es una solución; es un respiro. World’s Gone Wrong no promete arreglar el mundo. Se limita a señalar lo que falla con guitarras radiantes y una sabiduría ganada a pulso. Todo el mundo sabe que algo va mal. Lo raro sería mirar hacia otro lado.

Entre guitarras tensas y barras de madera

Pese a los golpes recientes, Lucinda Williams no ha optado por el repliegue. Tras el derrame cerebral que sufrió en 2020, lejos de ralentizar el paso, ha publicado este World’s Gone Wrong, un disco aguerrido y enérgico, sostenido por guitarras tensas y una voz más curtida que nunca, y al mismo tiempo ha impulsado la apertura de Lucinda’s, un honky-tonk en el East Village de Nueva York concebido como refugio para la música Americana y la escucha compartida. Mientras el álbum radiografía un país fatigado sin adornos ni consignas, el bar —abierto en el 169 de Avenue A, junto a Laura McCarthy y Kelley Swindall— traduce esa misma filosofía a un espacio físico: canciones con cuerpo, comunidad y resistencia cotidiana. Disco y local no funcionan como proyectos paralelos, sino como dos caras de una misma voluntad de seguir adelante sin rebajar el pulso.