Los nuevos caminos de El Hijo

Abel Hernández (El Hijo). Foto: Ruth Zabalza

Algo lejos quedan ya las aventuras de Abel Hernández con sus primeros discos como El Hijo, desde su debut con el EP ‘La piel del oso’ (Acuarela, 2005) y LP’s como ‘Las otras vidas’ (Acuarela, 2007),  ‘Madrileña’ (Acuarela, 2010) y el último ‘Los Movimientos’, autoeditado en 2012. Lejos de aquellas canciones que tomaban las riendas del folk, el country y el pop intimista para cabalgar (como cantaba en aquella canción que cerraba ‘Las otras vidas’) por las llanuras de la composición más clásica pero, a su vez, dotada de una imaginería particular y embriagadora. El también ex-componente de los fascinantes Migala y aquel proyecto tan fuera de órbita como fue Emak Bakia ya avistó territorios inexplorados gracias a sus últimos movimientos, especialmente en el EP ‘Stockhausen’, donde invitó a artistas como David Unison o Peakmood (alias del también ex-Migala, Coque Yturriaga) a darle una vuelta electrónica a ‘Stockhausen’, penúltimo corte de su último disco largo. Con ‘Fragmento I’, Abel regresa de la mano de Discos De Kirlian, con un EP de cuatro canciones (más otro tema extra en formato digital), publicado en vinilo de 7″, compuestas y producidas completamente desde un ordenador y donde El Hijo abre la puerta a nuevas sonoridades para redimensionar su propuesta y salir en busca de un nuevo camino por el que transitar. Hablamos con Abel acerca de las canciones de ‘Fragmento I’ y de las cosas que quiere contarnos con ellas. Tonadas que narran asuntos y situaciones sobre los que generalmente, instalados en la comodidad (esa zona de confort de la que tanto se habla aquí y allá) tanto física como intelectual, no nos atrevemos a reflexionar. Ya no nos vamos a encontrar a Abel Hernández en el Medio del llano, El Hijo ha dado un paso más allá.

[pull_quote_left]Empuja mucho el interés que siento cada vez más a lo bestia en los últimos cuatro o cinco años por esa música que aún llamamos electrónica pero es nueva y su capacidad para expresar comportamientos mentales, visiones y mundos[/pull_quote_left]

En una de las obras del artista portugués André Romão, autor de la fotografía con la cabeza de una escultura de Auguste Comte que ilustra la portada, se puede leer (en inglés): “Hoy, nuestras máscaras de oro esconden cuerpos en descomposición”. ¿Podría ser un reflejo del concepto que propones con las canciones de Fragmento I?

No recuerdo exactamente cómo y cuándo conecté con la obra de André Romão pero cierto día sentí que lo que yo estaba intentando decir tenía mucho que ver con lo que André proponía, así que me puse en contacto con él. Y la colaboración ha sido genial. No conocía esa frase que comentas, o no la tenía presente, pero sí, sin duda, tiene que ver con lo que intento en el disco.

¿La imagen simbólica de la cabeza vacía de Auguste Comte yacente en el suelo es para metaforizar sobre la derrota del positivismo? ¿O se trata de un mero recurso estético?

Me hace especial gracia que sea concretamente la cabeza positivista de Comte la que ande guillotinada por ahí. Nuestro tiempo de supuesta razón empírica está lleno de creencias en fantasías (la economía, la política, la cibernética, el sentido común) y de fetichismo. Pero lo que me interesó de la imagen no fue eso sino que había una estatua, una apariencia humana petrificada, que estaba decapitada y que la foto permitía ver el interior de esa cabeza como una especie de agujero, de vacío, como dices. Digamos que la elección de la imagen tiene mucho de flechazo. Pero creo que ni es sólo un recurso estético, ni tampoco está ahí con la intención de dar un sentido claro. Es algo que quiere quedarse abierto, como lo que a mí me sugiere la obra. La conexión es más una cuestión de resonancia que de dirección.

[pull_quote_right]’Fragmento I lo veo cercano a los primeros tiempos de mis producciones de dormitorio cutres, las grabaciones experimentales de cuatro pistas previas a Migala y Emak Bakia o las primeras maquetas de estas bandas[/pull_quote_right]

¿Por qué decidiste virar en tu manera de afrontar las canciones, es decir, pasar de unas formas compositivas más clásicas a trabajar plenamente con la tecnología?

Bueno, lo primero porque me estaba aburriendo de esa manera de funcionar muy direccional y los sistemas de producción musical del, digamos, rock, no encajaban con lo que quería decir en esos momentos. Además, la precariedad con que hago música y mis propias limitaciones no me dan la posibilidad de trabajar con un formato banda hasta el punto en que a mí me gustaría o necesitaría. Por otro lado, siempre me ha gustado trabajar con el sonido sin más y hacerlo sin límite de tiempo, en mi casa. Y me encanta hacerlo con el ordenador. Por todo ello necesitaba pasar esa pantalla. Pude ir por otros lados, pero la verdad es que empuja mucho el interés que siento cada vez más a lo bestia en los últimos cuatro o cinco años por esa música que aún llamamos electrónica pero es nueva y su capacidad para expresar comportamientos mentales, visiones y mundos. Además quería ver cómo funcionan las magias en esa clase de música, cómo los magos hacen los trucos, digamos. En Fragmento I hay un acercamiento a todo eso, aunque aún me mantengo cerca de la canción e incluso de maneras de hacer que estaban en mi etapa anterior aunque creo que mi tendencia es a ir separándome de aquello. No creo que deje nunca de hacer canciones, pero he dejado de ceñirme a la canción y lo que implica por obligación o comodidad. Ahora mismo me apetece tanto hacer canciones como hacer música sin melodías, sin letras o sin tono.

¿Lo consideras una vuelta a lo que hacías con Emak Bakia (o en algunos temas de Migala) o es un paso más allá?

Supongo que igual los demás podéis encontrar relación con algunas de esas cosas pero desde luego no es lo que pretendía. Si tengo que tomar una referencia del pasado más bien lo veo cercano a los primeros tiempos de mis producciones de dormitorio cutres, las grabaciones experimentales de cuatro pistas previas a Migala y Emak Bakia o las primeras maquetas de estas bandas. Se parece mucho en la parte que tiene de jugar con las posibilidades recién descubiertas, en la ilusión que aporta probar nuevas herramientas y maneras de componer. Pero la diferencia es que en aquellos tiempos (hablo de hace 18 o 20 años) había más de experimentar porque sí para encontrarse con cosas que estaban en cierto horizonte (influencias, sonidos) que un trabajo de búsqueda de algo determinado y “propio” como pasa ahora. En ese sentido de la intencionalidad, lo considero más cerca de mi disco anterior de El Hijo pero un paso más allá de cualquier cosa que haya podido hacer.

Hace poco Jorge Pérez (Tórtel), amigo tuyo y que participó en la grabación de ‘Fragmento I’ haciendo coros en ‘El que Odia’, me comentaba tras haber escuchado el adelanto del EP, ‘Segismundo’, que es una canción “extraña pero que engancha”. ¿Crees que es la mejor forma de definir el cambio de rumbo de El Hijo?

Lo de extraña igual define todo lo que he hecho en música (ríe). Lo de que enganche ya es cosa de los otros pero si he puesto eso ahí es porque para mí tenía algo. En realidad desde el principio siempre tuve la impresión de que la idea melódica (toda la primera parte hasta que llega a esa doble voz de “tus vinilos negros”…) está cerca de cierto rollo a lo Elliott Smith o Sufjan Stevens (durante unas semanas me venía a la cabeza y buscaba inconscientemente de qué canción se la había robado casi sin saberlo). Salió tocando un sonido de flautas con una aplicación para el móvil que permite tocar muy fácilmente todos los acordes de un tono, hacer un armazón para una canción pop fácil en un momento, como quien rasca unos acordes básicos en una guitarra sólo que lo que emites es señal MIDI y por tanto se puede convertir en cualquier sonido. Pero, vamos, que es algo que sale de una simpleza total, sin pretensiones. Luego trabajé esa cosa mucho, por bloques, en busca de algo concreto, que es un poco lo que define la manera que tengo de funcionar ahora. Muy basado en la manera de hacer de la producción (incluso las letras las trabajo como producción). Pero no creo que sea más extraño que otras cosas que he hecho. A lo mejor simplemente es que está más fuera de sitio (aún).

[pull_quote_left]Alguien cualquiera que se toma el trabajo, invierte su tiempo y talento en joder a los desconocidos para mí muestra sin saberlo el malestar que sentimos en el hechizo y la red de pesca que entre todos trenzamos y donde vivimos en nuestra alienación[/pull_quote_left]

Esa canción empieza como en un sueño, pero lejos del onirismo presente en las canciones de tus discos anteriores, parece un sueño muy real, ¿No?

Bueno, más bien con alguien despertando de un sueño, fíjate, igual que (yo me di cuenta hace sólo unos días) ‘Esa música sombría’, la primera  canción del primer Ep de El Hijo, en los comienzos de hace 10 años. En cuanto a la realidad del sueño, me alegro de que te lo parezca porque la canción busca colocarse en esa barrera entre el sueño y lo real. Y sí, me parece que hay esa diferencia que comentas. Y que dice algo significativo.

El órgano de ‘Segismundo’ parece tocado en una iglesia barroca pero la electrónica subraya que es un disco hecho enteramente ensamblando partes con un ordenador. ¿Es más un trabajo de ingeniería o un nuevo invento con el que jugar?

Llevo produciendo y mezclando con el ordenador y los secuenciadores multipistas digitales muchos años pero nunca habían sido tan importantes en la composición. Antes era más bien un sistema para ordenar lo grabado y manipularlo. Ahora es básicamente el instrumento con el que compongo, el papel en el que escribo, todo. Junto con la voz humana es mi instrumento favorito. El más completo y mágico.

¿Puedes contarnos que software has utilizado para grabar estas canciones o es secreto de Estado?

Básicamente Ableton Live usando mucho el modo session. Con alguna cosilla más de software y algunos viejos teclados cutres y algún sinte analógico. Muy puntualmente también usé bajo eléctrico (que al final grabó bien Caio Bellveser) y la acústica. Hay algunos samples pero excepto el de Burroughs son más bien color o como escapularios o estampitas o algo así (cosas que dan un influencia invisible), pero no tienen una importancia musical ni sonora decisiva.

En ‘El que odia’ echas mano de la electrónica fría y el folk para acentuar una historia de frustración. ¿Es el mejor colchón sonoro posible para estas canciones sobre alienación y deshumanización?

No lo veo muy folk en el sentido tradicional, la verdad. Pero sí, intentaba hacer algo bastante frío y pop a la vez pero con feedback, con algo reflejándose en algo reflejándose, y cosas similares. La voz se dirige a un hater de esos que pululan por las redes y los comentarios a las noticias. Alguien aterrorizado que interioriza la violencia que se oculta bajo la normalidad sonriente y se la devuelve al mundo con una carcajada de minivillano, en un intento de estar menos solo y menos frustrado. Alguien cualquiera que se toma el trabajo, invierte su tiempo y talento en joder a los desconocidos para mí muestra sin saberlo el malestar que sentimos en el hechizo y la red de pesca que entre todos trenzamos y donde vivimos en nuestra alienación. Pero no pretende quedarse en retrato de un hater, sino en sobre cómo esos pequeños actos de odio y violencia gratuitos hacia desconocidos del que odia se retroalimentan y cómo de atractivo, de espectacular, puede parecer ese bucle. En parte me fascina ese tipo de comportamientos. Lo precario y virtual de su violencia y ese efecto destructivo tan fugaz, la confusión de detectar el hartazgo de todo y vomitarlo sin saberlo. Me resulta parecido a esa exhibición nihilista de los valores “turbocapitalistas” de mucho rap o trap, por ejemplo.

Hay referencias a la tecnología, a los drones, a la acumulación de objetos… ¿Consideras que en estos tiempos que corren el fondo se pervierte sobremanera bajo la forma? ¿Por qué crees que nos sobreexponemos a tanta información innecesaria?

La tecnología como forma de exhibirse y hacer cosas de manera invisible, sí. El fondo se convierte en forma. En eso consiste un poco nuestro pacto social, en convertirnos en eso. Cada ser humano en su propio departamento de marketing ultrainformado sobre los targets, que vende objetos por su apariencia superficial como quien lanza bombas.

[pull_quote_right]Cada ser humano en su propio departamento de marketing ultrainformado sobre los targets, que vende objetos por su apariencia superficial como quien lanza bombas[/pull_quote_right]

‘Viñeta’ es casi krautrock, con esa base rítmica repetitiva y marcial. ¿Una canción sobre la obsesión?

Sí, hay obsesión, sin duda. Pero diría que es más bien sobre la contemplación del horror como placer y belleza. Sobre encontrar la calma y el sentido en medio de las cosas o las personas saltando por los aires. Intenta acercarse al sexo convertido en soledad y violencia, algo que me parece muy 2015.

La última canción de ‘Fragmento I’, ‘Naturaleza muerta’, ¿versa sobre la “soledad del runner”?

Ahí el personaje no aguanta la soledad de la intimidad y a la vez tampoco aguanta la convivencia con los otros en la calle, en la realidad exterior, tangible (experimentable con los sentidos, que diría A. Comte, (ríe)). El personaje se aísla en su ordenador, que es su verdadero mundo. Y le molesta todo de ese exterior (olores, sonidos) pero no se reconoce a sí mismo en el interior de su casa. Salir a correr en solitario, recorrer la calle a toda velocidad, sin pararse, quiere ser una válvula de escape de la pura neurosis, la forma de desahogarse un poco, de quemar el exceso de rabia para estabilizar el sistema mental. Pero en el fondo reproduce la soledad de su domicilio, su ordenador, etc. Y también una forma de masoquismo normalizado, de convertir el tiempo libre en esfuerzo, en otra forma de trabajo.

¿Prevés continuidad a ‘Fragmento I’ o el título es sólo para despistar?

Creo que todo es continuación siempre. La cuestión es si lo haces a propósito o no.

 

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