Uno no puede abarcar todo lo que se publica en este océano de novedades que cada viernes amenaza con desbordar las orillas de cualquier discoteca (digitalizados o analógica) personal. Sin embargo, de vez en cuando llega un soplo que abre espacio entre tanta espuma: en mi caso, el de mi amigo Carlos Úbeda, que desde algún rincón del norte de Europa —allí donde el verano amaga más con Kaurismäki que con chiringuito— me hizo llegar este disco. Un gesto sencillo, como una brisa fresca que cruza el Mediterráneo tras semanas de calor pegajoso, y de repente uno descubre que en medio del ruido había un álbum esperando ser escuchado con calma, sin prisas ni agobios de calendario.
Loaded Honey son J Lloyd y Lydia Kitto, dos tercios de Jungle, que en un momento dado decidieron apartar material que no cuadraba con la exuberancia rítmica de su grupo principal. Lo que empezó como 33.3 (nombre tan poco comercial como certero, visto lo visto) terminó rebautizado como Loaded Honey, y en el proceso se fue deslizando hacia un territorio propio. El dúo ha trabajado con la misma minuciosidad que aplican en Jungle, pero en clave íntima: aquí no hay explosión colectiva, sino un neo-soul de poso retro y modulación delicada, como si The Avalanches se hubieran puesto de acuerdo con Cola Boyy para destilar un collage sentimental con bisturí fino, sin aspavientos ni exceso de confeti.
Love Made Trees, debut publicado en junio de 2025, es un disco que habla del romance con naturalidad, desde la euforia del primer abrazo hasta la melancolía de las rupturas inevitables. Son once canciones en apenas media hora que no buscan la épica, sino el disfrute auricular y —si se les concede tiempo— también el emocional. La apertura con In Your Arms dibuja un arco romántico que se prolonga en Don’t Speak, funk liviano con ecos de Jackson 5 y arreglos a lo Marvin Gaye. Over se recrea en un doo-wop de lujos tristes, Tokyo Rain aporta la serenidad cinematográfica que promete su título, y Lessons se permite incluso un silbido hawaiano y congas juguetonas sin perder la compostura. El tramo final, con Really Love, Bullet o la homónima Loaded Honey, demuestra que la melancolía también puede bailarse si se sirve en el tempo correcto.
Que nadie espere aquí un subidón de viernes: Loaded Honey han optado por el domingo por la mañana. Frente a la grandilocuencia de Jungle, suenan contenidos, preciosistas, con una querencia por el soul de Filadelfia de los 70 y las armonías vocales de los 60. La voz de Kitto, menos procesada que en su banda madre, se luce en primer plano; Lloyd acompaña con guitarras limpias, cuerdas discretas y un sentido del espacio que impide que el disco caiga en la languidez. Incluso los visuales, rodados en Palmdale en apenas dos días, con monjas, cámara lenta y arena de desierto, funcionan como prolongación lúdica de esta narrativa romántica.
Al final, Love Made Trees es grande no porque intente serlo, sino porque rehúye la ampulosidad y apuesta por la calma: un álbum que pide paciencia, cercanía y buena disposición, que se disfruta como un Barbadillo bien frío en la sobremesa. En un año saturado de novedades, resulta refrescante dar con un disco que no exige levantar el puño sino bajar la guardia. Y por eso, gracias Carlos.


