Littku Klemetti.
Portada de ‘Taika Tapahtuu’

El arrollador  ‘Juna Kainuuseen‘ (Luova Records, 2017) fue, sin duda, unos de los discos sensación del pop finés del año pasado. En él, la pizpireta Litku Klemetti (Finlandia, 1987) hizo acopio de diversos subgéneros del pop y el rock para despachar con su atrevida mixtura 12 canciones vibrantes, coloristas y desenfadadas, que hicieron las delicias de los aficionados al pop gourmet de Helsinki y alrededores. Una frontera geográfica difícil de traspasar por cuestiones de idioma (todas las canciones están escritas en finés), lo que supuso, en consecuencia, una escasa repercusión fuera de su país, aún a sabiendas de que su estilo fresco y heterodoxo podría tener todas las de ganar entre el público foráneo más exigente.

Con ‘Taika tapahtuu‘ (Louva Records, 2018) (en castellano ‘La magia sucede’) afronta un segundo asalto con el que, si bien no suelta amarras de la distensión de su antecesor, ofrece un sonido más macerado e intenso, como demuestra en la inicial ‘Taikaa‘ donde la psicodelia se abre camino para encontrarse con contemporáneos como Jacco Gardner o duendes de antaño como Le Systéme Crapoutchik u Ola & The Janglers. Un halo mágico que también resuena en joyas como ‘Urkuri’ o los desarrollos de ‘Syktäri . El garage más audaz también asoma por pepinazos del calibre de ‘Liisa‘ o ‘ Miksi en lähtisi kaupunkiin’, dónde el brío vocal de Klemetti repite constantemente ¿Por qué no ir a la ciudad?”. 

El resto del álbum camina por senderos más pop, destacando la bailable ‘Suklaasÿdan‘ resuelta con destellos funk y de soul blanco, o el baladón mutante ‘Tule Rakauuten‘, con la que la voz de Litku Klemetti alcanza registros inusuales en su repertorio. Los teclados, omnipresentes en todo el álbum, realzan el tacto atemporal de las canciones en un toma y daca que tanto retrotrae a los años 60-70 del siglo pasado como viaja a un futuro extraño de fiestas del mañana, urdidas en los bosques de los fiordos. Escuchen, si acaso, ‘Yöt on unta varten‘, con la cantante entonando, ajena a toda credulidad, aquello de que “la noche es para dormir”. 

Una jugosa rodaja presentada en diversos platos (Vinilo, Cd, Cassette y digital) que merece una buena mordida más allá de los prejuicios lingüísticos, y que, en definitiva, suena como a una hipotética chaladura sonora de Joe Meek produciendo a la última banda pop del mundo en un pequeño estudio de Porvoo.

 

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